Obed Gamboa en taekwondo y la marroquinería

Obed Gamboa Cerdas.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

A
unque es ampliamente popular en el campo de los deportes, por su liderazgo como entrenador de taekwondo, Obed Gamboa Cerdas  se defiende con la marroquinería, un arte tan raro en la comunidad generaleña como parece desprenderse de su propio nombre.

Pero si la marroquinería es una actividad casi exclusiva de este experto de las artes marciales, en el Valle de El General, es más bien porque su demanda –asociada a miles de años de evolución de la humanidad- ha ido siendo sustituida por las nuevas modas sociales y la industria de lo sintético.

En su taller y puesto de venta, junto a Tracopa.

En su taller y puesto de venta, junto a Tracopa.

La marroquinería es, en efecto, el arte de tratar el cuero de una manera más bien artística, de elaborar productos útiles y decorativos, siempre caracterizados por la alta calidad, la exclusividad y una belleza particular detallada a gusto de cada cliente.

Mientras no tenga que cumplir con una responsabilidad relacionada con su Escuela de Taekwondo “Brun-K-Tae”, a Obed se le puede encontrar todas las mañanas, trabajando en su taller y puesto de venta “Solo Cuero”, ubicado junto a la estación de buses Tracopa, en San Isidro de El General.

Y ya con el lápiz, diseñando un encargo sobre una cartulina; o con las gubias, recortando o imprimiendo un dibujo en particular o un nombre; o con la máquina de coser, a Obed se le verá haciendo arte, tanto si le pidieron un estuche para dos celulares, como un maletín con compartimentos, para una computadora portátil o una alforjita de características especiales para una motocicleta.

Está en capacidad de elaborar los artículos que le pidan, por raros que sean y con las características particulares que pida el comprador (en la medida en que la máquina se lo permita). Las fajas son lo que más se venden.

Aspira a trasladarse, para contar con más espacio para trabajar.

Aspira a trasladarse, para contar con más espacio para trabajar.

Hoy es un experto; pero hace nueve años tuvo que dar los primeros pasos en la marroquinería, a fuerza de necesidad. Habiéndose quedado sin trabajo, debido a un recorte de personal en la escuela de taekwondo donde trabajaba, tomó un curso de marroquinería impartido por profesionales del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Fue un curso intenso que, además, lo dejó en una encrucijada, con una mano adelante y otra atrás. Sólo terminaron y aprobaron el curso catorce de las veinticinco personas que lo comenzaron. Y dio inicio a una batalla en la que sólo él sobrevivió: conseguir el dinero que necesitaba para montar el taller.

Recorrió todas las entidades financieras existentes, sin éxito. Nadie –ni los promotores de las Pymes le pudieron ayudar, porque no tenía fiador ni garantías reales. Y tampoco calificaba como “pobre”, para acceder a un aporte no reembolsable en el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).

Pero fue el IMAS –con un préstamo blando- el que le permitió dar los primeros pasos. Compró cuero, se hizo de herramientas y se puso a trabajar en el garaje desocupado de su casa, ubicada en el barrio Cristo Rey (en el sector del Brasilia).

Junto a un grupo de atletas de su escuela de taekwondo.

Junto a un grupo de atletas de su escuela de taekwondo.

Con el transcurso de los años obtuvo otro crédito en el IMAS; y también se atrevió –hace siete años- a tomar en alquiler el local donde hoy es posible encontrarlo todas las mañanas, junto a la Tracopa.  El producto del trabajo (limitado por los pagos de alquiler y los servicios) le da para vivir  -cuenta Obed- pero no para decir que él o su señora esposa y mano derecha, María Elena García, puedan decir que van a reservarse treinta o cincuenta mil colones para darse un lujo.

Pero si bien es cierto que Obed y María Elena han debido sobrellevar años rigurosos, también lo es que hoy pueden decir que tienen a dos hijos estudiando en la Universidad –uno Ingeniería Civil y el otro Ingeniería Industrial- y al otro en quinto año del colegio.

Las cosas parecen comenzar a acomodarse, para esta amable familia, como producto del esfuerzo de un emprendedor que no se dejó vencer por las dificultades que va presentando el devenir y acaso respaldado por la reflexión y el estoicismo propios de un deporte que se aprende y se practica para ser mejor ser humano.


5 junio, 2015

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