No hay causales para suponer masivos cultivos de marihuana

Carlos Luis Monge Barrantes
prensa@perezzeledon.net

Aunque dejó de ser noticia de grandes titulares, desde la aparición de drogas fuertes como la cocaína y sus derivados, la marihuana sigue ocupando un importante espacio en las actividades policiales y de los campesinos que se ven tentados a cultivarla.

En su más reciente comparecencia ante el Concejo de Pérez Zeledón (sesión del martes 16 de octubre de 2012) representantes de la fuerza pública (única dependencia ministerial que rinde cuentas periódicamente a la comunidad generaleña) informaron sobre el decomiso de cerca de diez mil matas de marihuana, en lo que va del año.

Edwin Miranda Hernández, comandante local de la Fuerza Pública, especificó que un alto porcentaje de la droga fue localizada por la policía, en las estribaciones de la cordillera de Talamanca, con la ayuda de informantes anónimos.

Aclaró, sin embargo, que la localización de una importante cantidad de marihuana en un pequeño sector de la cordillera, montaña arriba del poblado de San Jerónimo, distrito San Pedro) no es causal para pensar en que “todas” las intrincadas faldas de Talamanca estén manchadas por sembradíos de marihuana.

Ariel Valverde, analista de la Delegación de la Fuerza Pública de Pérez Zeledón, reconoce que, ciertamente, han sido localizadas otras plantaciones en sectores alejados de San Jerónimo –mediante reconocimientos aéreos- pero que la invasión no es, ni mucho menos, de la manera en que pudiera imaginarse.

La utilización de sectores de la cordillera de Talamanca en la plantación de marihuana quedó en evidencia cuando brigadas de la policía, cuerpos de socorro y voluntarios particulares entraron a sectores semi explorados de la cordillera a apagar el incendio que se desató en marzo del presente año.

El fuego arrasó 150 de bosques y la propia presidenta de la República, Laura Chinchilla, llegó a sugerir que el incendio fue causado por los cultivadores de marihuana para preparar los terrenos de siembra.

A lo largo de décadas, la murmuración ha atribuido a la marihuana el éxito de algunos “nuevos ricos”, pero la fuerza pública tampoco relaciona el negocio de la marihuana con la existencia, en un Pérez Zeledón afectado por una prolongada crisis económica, de tantas residencias y automóviles de lujo, cuya adquisición parece estar fuera del alcance de empresarios medianos o asalariados.

Aunque se sabe –reconoce Valverde- que Costa Rica sirve de puente al tráfico de drogas entre el sur y el norte de América.

De la manera en que lo expone la fuerza pública, a las drogas hay que verlas en dos dimensiones. Una es el tráfico internacional de poderosos capitales y alta tecnología que se moviliza en grandes territorios desprotegidos (el Parque Nacional Corcovado, de 40 mil hectáreas, sólo cuenta con alguna mínima vigilancia policial por mar y algunos guardaparques en tierra), frente al cual es poco lo que puede hacer la fuerza pública.

El problema local es diferente. Aquí, la plantación y comercialización de marihuana es de interés y repercusiones locales. Algunos campesinos, con cultivos a penas les producen ingresos para una indigna subsistencia, se entregan a la oferta generosa de traficantes locales.

Y en su reducido espacio para la prosperidad, saben que las especies evolucionan y se adaptan y que la marihuana es cada vez más resistente a las alturas y a las bajas temperaturas y que si no llega la policía durante los siguientes seis meses, entre la siembra y la cosecha, tienen probabilidades de hacerse de algún dinero.

Quizás el próximo decomiso no ocupe grandes titulares, pero la batalla continúa.


23 octubre, 2012

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