Musas de pelo planchado y celular en la mano

Imagen: Musas de pelo planchado y celular en la mano

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Juan Diego Jara
Periodista

Son portadoras de una fama que enaltece su belleza, derrochan suspiros y miradas copiosas. Son aclamadas por los medios, anheladas por los caballeros. Me refiero a las mujeres de Pérez.

Yo las llamo: Musas de pelo planchado y celular en la mano, porque he visto en ellas no solo hermosura, sino también superficialidad y menoscabos intereses… pero qué bellas.La finalidad de este artículo es hablar de ellas, de su homogénea forma de ser, de sus defectos y virtudes, con base en criterios personales, vivencias y tertulias con bellas conocidas quienes confirmaron mi percepción acerca del tema.

Introspección. Las veo y medito qué guapas que están; son la Dulcinea que cualquier Quijote desearía conquistar.

Las mujeres de aquí tienen una característica especial: se mudan para todo. No importa la ocasión. Ellas lucen sus mejores galas; su pelo planchado y ese olor que despierta el frenesí en cualquier hombre.

Sin embargo, ellas no miran a los ojos cuando se les habla, pasan siempre muy ocupadas concentradas con su celular “mensajeando”, tanto que ahora se les denomina “pulgares ágiles”.

¡Qué bellas que son ellas!, no me ufano de las Musas de pelo planchado, solo las contemplo.

Otro defecto que en masa acarrean estas damas divinas es su trillada perorata de que los hombres de aquí son unos perros. Pero, yo me pregunto, ¿será que su sentido ocular es tan limitado y solo les permite ver a los varones equivocados?, esos que suelen tratarlas mal, que andan con carros con motores alterados y con buena “platica”.

La verdad, pienso que las mujeres de Pérez asumen retos. Creen que pueden cambiar al típico patán porque lamentablemente, para ellas, ese es el tipo interesante.

Sus feromonas se limitan a esa clase de hombres, a quienes ellas pluralizan como “perros”, afectando a caballeros que por su timidez, discreción, ecuanimidad, autenticidad y otras virtudes pasan desapercibidos.

Son tan bellas, pero acercarse a ellas no es tarea fácil. No basta con presentarse; más de uno ha salido trasquilado intentándolo.

Me di cuenta que a las mujeres de Pérez hay que conocerlas por medio de un tercero, pues cuando el contacto llega, ellas se convierten en íntimas amigas y no falta el beso y el abrazo en cada encuentro.

Presencia. Las mujeres de Pérez cuando visitan los bares de moda se ubican donde puedan ser mejor vistas. Una mala posición sería fatal para sus intereses. “Por fa, no me tapen, no se dan cuenta que así nadie me ve”. Esa expresión una vez la vi en el rostro de una muchacha en un bar de San Isidro de El General.

Dicen que aquí hay siete mujeres para cada hombre, pero díganme ¿dónde está el ladrón que ahora tiene 14 para lincharlo?, pues en mi caso y el de muchos hombres como yo, nos fulgura el lema de que “nadie es profeta en su tierra”.

En fin, qué quise decir con este artículo: solo referirme a las mujeres que a nosotros los hombres nos alteran emociones y en la mayoría de los casos terminan siendo una piedra en el zapato.

Consciente de lo que hasta el momento he dicho, quiero aclarar que la nota va dirigida a la mujer generaleña con ese tipo de características. Sé que existen algunas –aunque en mínimo porcentaje- que mantienen su esencia innata, esas que en la mayoría de los casos son más bellas por dentro.

Dejo la nota abierta para quienes deseen opinar al respecto.


22 Mayo, 2008

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