Monseñor Ignacio Trejos: ''Fui rebelde, me voy feliz''

Miravalles de Pérez Zeledón.

El próximo miércoles, como todos los días, Monseñor Ignacio Trejos, Obispo de San Isidro de El General, se levantará a las 5 de la mañana. Pero ése no será un día cualquiera, porque depositará en otras manos la responsabilidad de la diócesis que tanto ama. Trejos, quien llegó a los valles del Sur hace 28 años, será sucedido por el padre Guillermo Loría Garita, designado por el Papa Juan Pablo II, el pasado 31 de julio. La ceremonia de sucesión se efectuará, a las 10 a.m., en el Estadio Municipal.

Trejos asegura que se va tranquilo. No por ser el Obispo que más ha durado en ese cargo en el país, como lo reconoce, sino porque siente que se va “con la tarea cumplida”.

¿Ha sido rebelde? Sí, a su manera. “Ser rebelde es una virtud. Cuando hablo de rebeldía hablo de tener carácter para crear conciencia de las responsabilidades de cada uno. A los gobernantes hay que recordarles que somos seres humanos los que vivimos en el Sur. Fui rebelde, me voy feliz”, enfatiza con fuerza, entrevistado por Al Día el viernes en su residencia de Miravalles.

Monseñor sabe que, muchas veces, su hablar “duro y directo” generó algún grado de molestia en diversos sectores. Pero también entiende que la gente de la zona lo escucha y le agradece esa franqueza.

Eso se nota en la Catedral. “Se va un gran pastor. Un hombre que nos habló claro y nos hizo crecer”, afirma María Isabel Ceciliano, pensionada.

“Trejos es Trejos”, se escucha decir a los fieles que lo siguen en las calles de San Isidro.

Reelección y sindicatos

Nacido el 31 de julio de 1928 en Guadalupe de Cartago, hijo de Juan Leonor Trejos y María Tiburcia Picado, Monseñor tiene ocho hermanos. Entró al Seminario el 8 de marzo de 1946 y, exactamente seis años después, se ordenó sacerdote en Roma. Y, el 8 de marzo de 1968, fue consagrado Obispo.

Fue cura párroco en casi todo pueblo de Cartago hasta que, en 1975, un San Isidro con calles de lastre y pobreza lo vio llegar. Hoy, a la hora de la jubilación, esa misma pobreza, “acentuada”, según asegura, lo entristece.

“Ésta es una zona marginada por los gobiernos, debido a nuestra rebeldía en lo del Combo (del ICE). Mire las carreteras, son horribles. Si el pueblo sintiera que al menos hay inquietud de ayudarlos, otro sería el cantar”, señala.

Y el Combo no fue cualquier cosa para Trejos. “He tenido un momento muy especial cuando el pueblo se levantó, habló, dio la luz y la lucha en marzo del 2000”.

La entrevista avanza. Privatización y reelección no escapan al ojo del Obispo: “No estoy de acuerdo con la forma en que se ha venido haciendo la privatización. Sabemos que todo va dirigido hacia ella, porque la reelección presidencial no se ha hecho para otra cosa”.

También tiene palabras francas para referirse al TLC y a los sindicatos. “Soy un crítico de eso (TLC), pues solo agrandará la brecha social. A los sindicalistas les interesa la cuota de los afiliados, pero ¿defienden los intereses?, ¿forman a la clase trabajadora? ¡No!”.

El futuro

Monseñor habla de su futuro, de sus planes, en su estilo. “Imposible saber qué va a pasar conmigo. Estoy en manos del Señor y le agradezco porque me dejó llegar hasta el final, estar con mi pueblo y ver sus rostros en cada homilía. Eso no tiene precio”. Cuando termina la entrevista, solo, sin consultarle, Monseñor Trejos parece justificar su pensamiento: “La Iglesia ha sido valiente. Le ha dicho lo que tiene que decirle a Somoza, a los sandinistas, a (Arnoldo) Alemán, a (Augusto) Pinochet, a (Salvador) Allende”.

Y ¿también se ha equivocado la Iglesia?, se le pregunta. “La Iglesia en nosotros es pecadora y, por lo tanto, podemos equivocarnos como cualquier ser humano”, responde enérgico. La lluvia del mediodía comienza a caer sobre Miravalles. El Obispo se despide. Ha hablado una vez más, dejando claro que “Trejos es Trejos”.


Fuente: Periódico Al Día
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30 Septiembre, 2003

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