Marineros de tapicería

Imagen: Marineros de tapicería

Ocho generaleños revisten crucero durante 25 días en alta mar

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


25 días en alta mar

“El ancla a vapor”. Al unísono de esas palabras, Jorge Salas Méndez, “Gore” un tapicero de oficio, vecino de San Isidro de El General miró el mar abierto, y supo que una gran aventura le aguardaba junto a sus 7 compañeros.

Esta historia es interesante. Se trata de ocho generaleños quienes tapizaron un crucero durante 25 días en alta mar.Ellos completaron el séquito de 800 trabajadores provenientes de todas partes del mundo, como encargados de remodelar el navío “Blue Dreams”.

“Gore” comentó que el pasado 6 de abril “viernes santo” partieron de madrugada de San Isidro de El General. Al mediodía, ya en el Aeropuerto Juan Santamaría, tomaron el vuelo que los llevaría a Miami, Estados Unidos, horas más tarde el destino sería San Paulo, Brasil.


El Blue Dreams

En tierras brasileñas se hospedaron en un hotel 5 Estrellas junto con los demás trabajadores, entre ellos tapiceros, albañiles, eléctricos, entre otros, de países como Chile, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Perú, Las Filipinas, Grecia, y Bugaría.

Surcan el océano. El 7 de abril zarparon, en lo que sería un viaje laboral por mar abierto, bordeando la costa atlántica, durante 25 días, hasta llegar a las islas Bahamas.

El trabajo fue arduo. Debieron tapizar los muebles de 400 habitaciones y otros recintos del barco de 10 pisos pues el 4 de mayo, cientos de pasajeros con tiquete en mano, esperaban en New York, Estados Unidos.

Según “Gore” dicha aventura surgió a causa de un español tapicero quien reside en el distrito de Rivas, quien por 25 años ha laborado para la compañía naviera Celebrety Curs Lain, propietaria del crucero, la cual le encomendó la tarea de buscar a tapiceros para emprender la remodelación.

“Él contactó a 10 de nosotros. Sin embargo, sólo 8 pudimos ir, pues 2 compañeros eran muy jóvenes y la embajada les negó la visa”, aseveró.

“Gore” explicó que previo al viaje tuvieron que realizarse una serie de exámenes médicos, ¡muy rigorosos por cierto! Además, necesitaron una visa marina.

“Fue una experiencia inolvidable, que nos permitió conocer otras culturas. Durante la estancia en el crucero establecimos una buena relación entre nosotros, también con los filipinos. Sin embargo, tuvimos roces con los chilenos, pues son muy egocéntricos. Pero como buenos ticos no nos dejamos”, contó este tapicero.


Los artistas de la tapicería en el barco

Buena remuneración. A estos hombres les pagaron por su trabajo 1.600 dólares, aunque para ellos, valió más, la gesta emprendida.

Este generaleño afirmó que los días en alta mar fueron heterogéneos: momentos de mucho trabajo, y diversión. Pero también de ocio y aburrimiento.

“El barco vacío, las piscinas, casinos, salas de juego en reconstrucción. Realmente el coloso los sentíamos desolado”, recordó.

Entre las cosas negativas del viaje, “Gore” recuerda que el trabajo realizado no fue del todo fino, ya que hubo muchas manos y, algunas, más “chapuceras”.

Otra de las anécdotas es que durante un tiempo les correpondió tapizar la parte frontal del barco -era un cabaret- donde el movimiento del navío les provocó naúseas.

En fin, estos 8 generaleños fueron los únicos ticos privilegiados en llevar a cabo esta faena, que para ellos fue gratificante, pero para quienes lean este artículo pueda que sea una historia interesante.


16 julio, 2007

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