María Angela Mena: una bisabuela muy alegre

Imagen: María Angela Mena: una bisabuela muy alegre
En honor a todas las madres en su día.

Xinia Zúñiga Jiménez
xinia@perezzeledon.net

De verdad que da gusto conversar con doña María
Ángela Mena Mora, quien este 15 de agosto además de celebrar el
Día de las Madres cumplió sus 82 años, porque cualquier persona
se contagia de su alegría, cariño, sinceridad y amor a la vida,
ya que asegura que para ella las canas, las arrugas y la edad, no son obstáculo
para ser feliz.

Su historia es como para escribir un libro y quizás
faltarían páginas para detallar cada etapa de su vida, pero a
continuación les contaremos una pequeña parte de ella, ya que
tuvo 14 hijos y actualmente tiene 50 nietos y 22 bisnietos.


Con sus hijas Hilda, Zoyla, Gladys, Luz Marina, Yetty y Marlene (de
izq. a der.)

Cuenta que a los 18 años se casó con un viudo
de 48 años quien tenía 10 hijos; ella nació en Repunta,
vivía en Peñas Blancas y él en General Viejo, pero trabajaba
en la construcción de la Carretera Interamericana.

“La primera vez que me vio iba con mamá, él
le dijo que iría a la casa para conversar y entre ellos planearon el
matrimonio, a mi no me tomaron en cuenta, eso tardó 15 días, pero
mi madre se enfermó y entonces la boda se alargó a 22 días”,
indicó esta ejemplar mujer vecina de Sagrada Familia en Pérez
Zeledón.

Doña María Ángela recuerda que le tenía
mucha vergüenza a su esposo y miedo, porque ella era una chiquilla inocente
que nunca había tenido un novio y ni siquiera sabía lo que era
un beso de enamorados; mientras que él sí era un hombre con experiencia,
pero asegura que supo como tratarla y se la ganó en poco tiempo e incluso
le había dicho a su madre que las cargas se arreglaban de camino, frase

que ella no entendió.

“Antes uno no se casaba enamorado… recuerdo que antes
del matrimonio sólo me tocó una mano a escondidas de mamá,
mientras desgranaba maíz y yo estaba toda asustada. Fui miedosa al inicio,
pero siempre estuve a su lado”, añadió.

NACÍAN EN LA CASA

La
generación de esta ejemplar mujer ha crecido tanto que ya tiene 22
bisnietos y espera que Dios le de vida y salud para ver muchos más.

De los 14 hijos sólo vivieron 12, ya que asegura haber
perdido uno a los dos meses y medio, mientras que el otro fue producto de una
hemorragia en la casa. Los partos eran atendidos por una cuñada.

“Yo era feliz teniendo los hijos en la casa. Recuerdo
que en una ocasión fui al Ministerio de Salud y me agarraron los dolores
de parto en la cazadora (autobús)… ahí se me reventó
la fuente y le mentí al chofer diciéndole que se me había
olvidado ponerme una inyección, para bajarme y salir corriendo para el
hospital.

Llegué al hospital y les dije que tenía mucha
hambre, comí y me hicieron eso que llaman el tacto, la verdad es que
no sabía mucho de eso, me cambié de ropa y me acosté. Me
pusieron suero porque tenía mucho dolor; en eso llegó el primer
dolor, el segundo y a la tercera vez el chiquito estaba afuera con todo y placenta.
Las compañeras del salón llamaron a la doctora y empezaron a correr,
me apartaron la placenta, el niño y yo toda tranquila… valienta como
siempre”, manifestó esta bisabuela.

A pesar que los hijos fueron llegando muy seguidos, ya que
en esa época se hablaba muy poco o casi nada de planificación,
(sólo un sacerdote había dado una charla del como planificar con
el ritmo) doña María Ángela recuerda que apenas podía
se iba a ayudarle a su esposo en diversas labores, ya que sembraban granos básicos,
tenían gallinas, cerdos y hasta una vaca para la leche.


Su otra hija Ligia quien vive en Estados Unidos, junto con su esposo Antonio González y doña María Ángela, cuando fue a visitarlos en 1968.

“Cada dos años aproximadamente llegaba un nuevo
hijo al hogar hasta que completamos 12, aunque pude haber tenido más,

porque cuando quedé viuda todavía estaba joven, pero no volví
a casarme.

Nunca nadie me regaló ni una peseta y gracias a Dios
pude salir adelante con mis hijos, ya que el trabajo ni la responsabilidad me
asustaban”, expresó.

Y cuando enviudó, después de 22 años de
un matrimonio que recuerda de forma extraordinaria, por los bien que se llevaban
como esposos, tenía 3 meses de embarazo de su último hijo y 11
más que atender, pero asegura que eso no le asustaba porque fue una mujer
que aunque nunca estudió, sabía como ganarse la vida con el sudor
de su frente.

“Para la gloria de Dios me casé con los ojos cerraditos,
nunca hubo noviazgo, ni siquiera nos dimos un beso y vivimos muy felices durante
22 años. Nos queríamos y nos amábamos, éramos felices…”,
reiteró.

SU ÉPOCA INOLVIDABLE

Según cuenta esta bisabuela, ellos vivían en
un rancho de paja y piso de tierra, comían lo que cultivaban, no habían
lujos de ninguna clase, dinero, ropa fina ni zapatos, ya que los primeros zapatos
que estrenó fue los que le regaló su esposo Alejo Duarte para
el día del matrimonio.

“Para comer había de todo y hasta regalábamos
porque las cosechas eran abundantes, pero no había dinero para vestirnos
y otros gastos; sin embargo, mi esposo tenía unos ahorritos y con eso
la íbamos pasando.

Cada
15 de Agosto la familia se reune para celebrar esta fecha con María
Angela. En la foto mientras posa con algunos de sus 50 nietos.

Ahora puedo decir que soy millonaria y que me visto bien, porque
mis enaguas antes eran muy anchas cosidas por mi y yo le hacía hasta
los calzoncillos de manta a mi esposo, pero la ropa era barata. Los alimentos
eran muy sanos, sin químicos y los chiquillos caminaban antes de los
9 meses”, recordó.

Por otro lado, indicó que actualmente se siente muy
bien por haber tenido la oportunidad de ver crecer y reproducirse a su familia;
además, dice que vive mejor porque tiene más comodidades y está
muy tranquila en un apartamento a la par de una de sus hijas.

“Sufrí una caída y me sacaron el hueso
de una pierna y la cadera, pero si no fuera por eso estaría trabajando,
porque la edad no me detiene, ya que soy la viuda más feliz de la vida”,
dijo.

SAN ISIDRO DE ANTAÑO

Al ser consultada cómo era San Isidro cuando ella era
una niña, subrayó…”Hay hija de Dios, apenas había
un hotelito y una botica (farmacia), unos pocos ranchos y las calles muy malas…”


Los hijos de izquierda a derecha: Arsenio, Ronald, Misael, Abilio
y Elio

Es decir, que si doña María Ángela tuviera
que escoger entre su época y la actual, dice que indudablemente se quedaría
a vivir en estos tiempos, ya que antes todos costaba más y se vivía
con muchas limitaciones.

Su consejo para las madres es que sean lo mejor que puedan
con sus hijos y de la misma forma las abuelas con sus nietos, porque considera
que el amor debe prevalecer en el mundo y especialmente en estos tiempos de
tanta violencia.

“Para ser una buena madre sólo hay que luchar
por nuestros hijos”, finalizó esta ejemplar mujer de 82 años,
madre de 14 hijos, abuela de 50 nietos y bisabuela de 22 bisnietos, quien aprendió
a leer y escribir a los 80 años, porque nunca fue a la escuela.


15 agosto, 2005

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