Los que se mantienen alertas mientras los demás disfrutan

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Hoy es mañana en la República de Kiribati, al noreste de Australia. Desde antes de que los relojes marcaron la media noche de las dos caras (una que ve hacia el pasado y otra hacia el porvenir) en aquel frío archipiélago antártico por donde pasa la Línea Internacional de la Fecha, ya se venían dando celebraciones para recibir el Año Nuevo en diversos países.

A partir del momento en que se da el cambio de año en Kiribati, los medios informativos nos han permitido ir viendo ver las grandes celebraciones que se van dando, primero en Oceanía; luego en Asia, después en Europa y África y finalmente en América.

En Costa Rica hay celebraciones de cambio de año, pero no tan frenéticas como se observan en algunas grandes ciudades.  Los que celebran el acontecimiento cronográfico prefieren hacer una fiesta en casa o desplazarse a donde amigos o parientes, a las playas y en menor medida a las montañas. No hay variantes para Pérez Zeledón, en relación con otras comunidades costarricenses.

Las celebraciones, meritorias porque de alguna manera sirven para hacer propósitos de cambio y mejoría, suelen traer, sin embargo, trastornos adicionales para algunos, en parte por el descuido y en parte por los abusos que se dan durante los fines de año. Muchas veces se actúa de manera irracional.

Jeannete Víquez Quesada, una experimentada socorrista de la Cruz Roja de Pérez Zeledón, destaca el descuido de los jefes de familia que van de paseo, a veces en camiones cargados de gente, llegan al lugar de destino y se dedican a disfrutar, ignorando todo sentido de precaución.

Se han dado casos en que, por el disfrute en el camino, los viajeros no le ponen atención a la carretera, al lugar por donde van pasando, a los rótulos, a los mojones y de ahí que cuando ha ocurrido un accidente, no supieran dar la dirección en que se encontraban, con la consecuente pérdida de tiempo muy valioso.

Tampoco se cercioran, las familias que van de vacaciones, de los puestos de socorro y policiales desde donde pueden recibir la ayuda más inmediata. Se da el caso del sector costero donde se unen los cantones de Pérez Zeledón, Osa y Aguirre. Se ganaría mucho tiempo si se supiera que un contratiempo se está presentando en la playa La Guápil (Aguirre) o Dominical (Osa) o en el sector de Barú. Si la ayuda se solicita al puesto de socorro que le corresponde, le va a llegar más rápido que si la solicitan a Emergencias 911.

Víquez no ve una diferencia significativa entre un fin de semana cualquiera con otro que coincida con las festividades de Navidad o de fin y principio de año, como no sea porque hay mayor concentración de gente en las playas y los ríos. A decir verdad, los socorristas, voluntarios o no, amanecen trabajando –por turnos- así se trate de un día veraniego, de vacaciones, de temporal o de intensa actividad laboral.

La noche de fin de año e inicio de año nuevo es menos preocupante para el Cuerpo de Bomberos, donde consideran que las ocupaciones de la gente parecen coincidir con una reducción en las llamadas por incendios. En el transcurso de la tarde y parte de la noche de los 31 de diciembre suelen hacer una fiesta con sus familiares, en la Estación de Bomberos, y compartir sus alimentos con los transeúntes que vayan pasando.

A las nueve de la noche, los bomberos se van a dormir y solamente queda despierto y atento para iniciar el protocolo el oficial de guardia, por si ingresara un llamado de emergencia.

Los que sí tienen que emplearse a fondo son los  miembros de la fuerza pública, para tratar de contener una avalancha de desafueros originados siempre en el descuido y los abusos. A pesar de los llamados frecuentes –y eso es algo que parece inseparable de la convivencia en sociedad, en nuestras esferas- muchas de las casas de la gente que sale a celebrar las festividades quedan sin vigilancia y a expensas de los ladrones.

Son noches y amaneceres en que desafueros por causa del licor se multiplican. Recuerdan miembros de la fuerza pública, sin ocultar su amargura, la vez que la Municipalidad hizo una playa en el parque de San Isidro. Fueron días en que la policía tuvo que duplicar esfuerzos para mantener el orden.

Pero el mayor dolor de cabeza, para la fuerza pública, son las agresiones familiares; los pleitos y el descontrol que se generan en las propias casas, donde creen que la abundancia de licor les va a prodigar más satisfacciones.

En celebraciones como las de hoy, 31 de diciembre de 2012, en la fuerza pública no hay día franco para nadie; todos trabajan.

A las cuatro de la mañana de hoy en San Isidro fue mañana en Kiribati. Miles de millones de personas han venido celebrando la llegada del año 2013, pero no todas lo hacen de la misma manera: hay centinelas de la sociedad que están a la expectativa, trabajando.

Los de los cuerpos policiales; los de los cuerpos de socorro; los de los hospitales. Todos ellos y ellas –sin excepción- hubieran querido disfrutar con sus familias en casa; pero han preferido consagrar su tiempo a la humanidad.

Si adoptamos todas las recomendaciones de prudencia, o si no lo hicimos, todavía nos queda tiempo para reconsiderar y dedicar un momento de reflexión por esa gente que –mientras unos disfrutan- trabajan para protegerlos y, en los casos extremos, mitigar su sufrimiento.


31 Diciembre, 2012

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