Los pioneros: Patrocinio Barrantes Vargas

Una representación de los Barrantes, llegando al Valle de El General.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

Muchos años antes de que Pérez Zeledón existiera como cantón, cuando los caminos eran apenas transitables a pie o a caballo, el Valle de El General tuvo un representante en los concejos municipales de Tarrazú, primero, y Dota, después.

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Se llamó Patrocinio (don Patro) Barrantes Vargas, un hombre de una voluntad tan asombrosa y de una personalidad tan grande, que siendo regidor de Santa María y el General (en un concejo también integrado por los regidores de San Marcos de Tarrazú y San Pablo (de lo que hoy es León Cortés), fue presidente municipal de Tarrazú.

Luego, como regidor de El General, también fue presidente de la Municipalidad de Dota, con un concejo también integrado por los regidores de Santa María y Quebradilla de Copey.

Primer templo católico de San Isidro. Antes, los matrimonios y los bautizos se celebraron en casa de don Patro.

Primer templo católico de San Isidro. Antes, los matrimonios y los bautizos se celebraron en casa de don Patro.

Desde que cumplió los 26 años de edad, hasta que sobrepasó los sesenta, desempeñó diversos cargos de elección popular o encomiendas de los concejos donde fue regidor, que contribuyeron a sentar las bases de lo que hoy son Tarrazú, Dota y Pérez Zeledón.

Su épica historia está registrada en una monografía de su bisnieta Dinorah Barrantes Mora, presentada al Concejo de Pérez Zeledón en agosto de 2010, durante una sesión solemne celebrada con motivo del centenario de la fundación del poblado de San Isidro de El General. (Acta extraordinaria 008-10 del 21 de agosto de 2010).

Modelo de hombre y arquetipo de ciudadano excepcional. Quienes hoy se sientan debilitados por los esfuerzos que demanda su presencia en un concejo municipal o en alguna organización comunal, sólo deberán asomarse –para revitalizarse- a los principios del siglo pasado, para ver a don Patro caminando descalzo, por los barriales “frizados” y tratando de protegerse de los chubascos hirientes con un cuero, para asistir a la sesión municipal.

Patrocinio Barrantes Vargas, influyente personaje en los cantones de Tarrazú, Dota y lo que luego fue Pérez Zeledón.

Patrocinio Barrantes Vargas, influyente personaje en los cantones de Tarrazú, Dota y lo que luego fue Pérez Zeledón.

Imposible caminar con zapatos por las raigambres de la picada de Calderón… y menos exponer a una bestia a que se le quebraran las patas. Y sólo faltó a sesión cuando se vio precisado a pedir permiso para ausentarse, ya doblegado por la edad avanzada y la salud inmolada.

Nació en Alajuelita el 24 de abril de 1868, murió en San José el 5 de junio de 1934 y fue sepultado el día siguiente en San Isidro de El General, en el panteón creado y cercado gracias a sus gestiones, un par de décadas antes.

Tiempo de grandes decisiones

Su presencia, en San Isidro, se percibe como una manifestación gloriosa y desesperada. En 1897, viaja desde Santa María, por encargo de sus padres, a recoger y llevar a casa a los hijos de su hermana Antonia, que acaba de morir. Poco antes, el esposo de Antonia también había muerto.

Descuella como líder comunal en 1894, con su nombramiento como miembro de las Juntas de Educación de Santa María y ocupa el cargo de regidor en la Municipalidad de Tarrazú, también en representación de Santa María, en 1904.

Desde entonces, y durante las décadas siguientes, se va dando el desarrollo de los pueblos, a veces por su iniciativa y generalmente con su venia, sobre la base de construcción o mejoramiento de caminos y puentes y la edificación de obras como mataderos, cárceles, oficinas y telégrafos, en San Marcos, Santa María y San Pablo.

Una céntrica casa del San Isidro de los años 30. La de don Patro fue la primera de bahareque y teja.

Una céntrica casa del San Isidro de los años 30. La de don Patro fue la primera de bahareque y teja.

Eran tiempos de multa a los dueños de perros que no tuvieran licencia; de médicos y medicinas a cargo del Ayuntamiento, de velar por el bienestar de los maestros y de vínculo con las juntas de educación; de resolver situaciones: un acuerdo del Concejo de Tarrazú para comprar una residencia en Santa María para crear la Casa Municipal (225 colones, la mitad por adelantado y el resto en tres pagos); la aprobación de una partida de 226 colones del presupuesto municipal de 1909, para El General.

 

La urgencia de andariveles

No por rurales y apacibles, las comunidades de entonces dejaron de vivir situaciones de emergencia. Hoy, en que el país entero vive una situación de emergencia por causa de un mosquito transmisor de enfermedades, puede dársele valor y sin sonrisas, a una situación que se presentó a principios del siglo anterior: La Facultad de Medicina de la República recomendó a las municipalidades destruir ratas y ratones, para evitar la propagación de la peste bubónica.

La Municipalidad de Tarrazú declinó construir los refugios, por falta de recursos. Los construyó el Gobierno.

La Municipalidad de Tarrazú declinó construir los refugios, por falta de recursos. Los construyó el Gobierno.

En cumplimiento de la recomendación de la Facultad, la Municipalidad de Tarrazú comisionó al Jefe Político para que recibiera las ratas y los ratones que los vecinos capturaran en Santa María, San Marcos y San Pablo, a razón de cinco céntimos el animalito.

No había plaga, en El General, pero el  acceso a lo que hoy es Pérez Zeledón no era fácil por ningún lado; y si bien podría considerarse la ruta de Dominical como “un jamón” (viajando de San José a Puntarenas, de allá a Dominical y de ahí al Valle) lo cierto es que tampoco había cabotaje. Hubo que solicitarlo.

Aparte de la ingrata ruta del “Cerro Frío”, también existía la posibilidad de bajar desde San Marcos hasta la costa y de ahí desplazarse hacia Térraba, Boruca, Buenos Aires, Saavegre, Barú, dominical y el General; pero el río Naranjo se volvía una barrera infranqueable, cuando se crecía.

Una de las gestiones de don Patro, para facilitar el acceso al sureste de Costa Rica fue una “atenta súplica” avalada por el Concejo, al Gobierno de Costa Rica en 1905, para que donara cuatrocientos metros de alambre para telégrafo, con el fin de instalar un andarivel.

Una representación de los Barrantes, llegando al Valle de El General.

Una representación de los Barrantes, llegando al Valle de El General.

De seguro, el cable no llegó, porque años después (el 3 de octubre de 1909, cuando se determinaron los límites de El General) insistió sobre los alambres, pero esta vez no para un andarivel sobre el río Naranjo (cerca de la costa) sino para dos andariveles sobre el río Grande de El General.

Justificó su petición en que todos los años morían ahogadas en ese río dos o más personas, debido a que, por falta de puentes, los colonizadores debían atravesarlo a pie o a caballo. En invierno, la comunicación entre los habitantes de ambos lados del río quedaba del todo interrumpida.

También fue enviada una atenta súplica al Gobierno de la República, para que ayudara a la Municipalidad con la instalación de dos andariveles de 50 metros cada uno: uno en el paso de Palmares y otro en el paso de Chirripó (hoy Rivas).

También hubo una moción del regidor Barrantes para fabricar un bote, con el fin de suministrar un servicio público en el río General y para construir tres casas, en el camino por lo que después se habría de llamar Cerro de la Muerte. Consiguió apoyo para el bote, pero no para las casas (que luego fueron construidas por el Gobierno, a instancias de Pedro Pérez Zeledón) porque la Municipalidad no tenía recursos.

Los nuevos cantones

El proyecto de crear el cantón de Dota anduvo dando vueltas durante varios años e inclusive se llegó a desechar la idea sobre la base de un dudoso censo agrícola, industrial y comercial, según el cual, en conjunto, en Santa María, Quebradilla de Copey y El General, ya había 448 personas.

En esos días, en 1909, fue cuando el Gobierno de la República autorizó a la Municipalidad de Tarrazú para que eligiera una manzana de baldíos nacionales en Palmares y otra al otro lado del río (en lo que hoy es San Isidro) para dedicarlos a panteones.

San Isidro. Antes de "tanta modernidad", don Patrocinio iba quincenalmente a representar a El General en el Concejo de Tarrazú y Dota, a pie.

San Isidro. Antes de “tanta modernidad”, don Patrocinio iba quincenalmente a representar a El General en el Concejo de Tarrazú y Dota, a pie.

Dos años después, cuando don Patro ya era residente de El General, solicitó al Concejo una partida de ochenta colones, para cercar los cementerios de Palmares y San Isidro. Ya como generaleño, también fue nombrado como comisionado de caminos de El General y, en 1913, como tesorero auxiliar de la Municipalidad de Tarrazú, para El General (con un salario de cinco colones mensuales).

Su influencia, en San Isidro y desde San Isidro, fue trascendental y coyuntural.  Para cuando se gestó el movimiento independentista de El General, con miras a constituirse en cantón, en el Valle ya había ocho escuelas, oficina de telégrafo, alcaldía, cura parroquial, subinspección de Hacienda, visitaduría de escuelas y filarmonía. Ya había templo católico, plaza de futbol y cuadrantes.

Fue un pionero y un benefactor. Construyó la primera casa de adobe y teja; fabricó la primera carreta; instaló el primer aserradero.

Para cuando murió, en el 34 (tres años después de haber emergido el cantón de Pérez Zeledón) ya la población de El General se acercaba a los cuatro mil habitantes; y las tierras se veían cultivadas con tabaco, café, caña, arroz, maíz frijoles papas, plátanos y pastos, y en los potreros y patios era posible ver una creciente población de ganado vacuno, caballar, mular, cerdos y aves de corral y el aire fresco se impregnaba con el dulce aroma de 61 trapiches. Así fue; documenta Dinorah Barrantes.

 


12 Marzo, 2016

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