Los pioneros: Isaías Retana Arias

Isaías Retana en su admirable empatía con la naturaleza. (Foto del libro de Carlos Luis Abarca).

Carlos Monge
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A
ntes de que se hablara de efecto invernadero; antes de que de que la humanidad presenciara la acelerada destrucción único planeta tiene vida; cuando se creía que el agua era inagotable y el Estado premiaba el volteo y la quema de montañas, Isaías Retana Arias estaba presentando batalla por la conservación de los recursos naturales.

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Isaías Retana en su admirable empatía con la naturaleza. (Foto del libro de Carlos Luis Abarca).

Isaías Retana en su admirable empatía con la naturaleza. (Foto del libro de Carlos Luis Abarca).

“Este caballero de los rastrojos, con más intuición que conocimientos y más ingenuidad que experiencia, supo ser conservacionista a la par que orqudeólogo, agricultor o maestro de injertos; silvicultor o quijote; apicultor e idealista, producto puro y limpio de nuestros campos…
aprendió de la tierra lo que no pudo aprender en las escuelas, o lo que tal vez nunca habría aprendido en las escuelas: El amor a la naturaleza y el respeto por las cosas que hay en ella”, dice Marco Retana, uno de sus orgullosos descendientes.

La herencia que dejó este campesino de pies descalzos, ropa de army y alforjas inseparables, es enorme; y la posibilidad de conocerla y disfrutarla está circunscrita, básicamente, a la observación de la obra que vienen realizando sus descendientes, algunos artículos, y una valiosa obra histórica de Carlos Luis Abarca, denominada “Isaías Retana: Caballero de la naturaleza”. (*)

Los pajarillos se posan en los hombros y regazos de su hermano proyector Isaías.

Isaías Retana Arias.

Según documenta Abarca, Isaías Retana Arias llegó al Valle de El General en 1916 a los 21 años de edad. Nació en Alajuelita el primero de diciembre de 1895 y después de laborar un tiempo como peón, se estableció en Pedregosito, donde decidió echar raíces. Falleció el 18 de enero de 1975.

“Ese sería el espacio geográfico donde habría de realizar sus sueños de campesino y conservacionista. Porque su finca – ¿Quién no lo recuerda?- se convirtió en años más tarde en uno de los últimos refugios de la Naturaleza en los alrededores de San Isidro”, dice Abarca.

Contrato matrimonio en 1920 en Santa María de Dota, con doña Emilia Elizondo Chinchilla y de su unión nacieron Gonzalo, Antonio, Ramón, Laura, Ester y Emilia.

“Lo recuerdo –dice Abarca- “… alto, enjuto de carnes, desgarbado en su andar, franciscanamente humilde y silencioso, amable siempre sin llegar jamás a la adulación, fiel en la amistad hasta donde los límites del deber y la justicia se lo permitieran, firme en sus ideales… recuerdo, sobre todo, su sonrisa gandhiana, iluminada, plena de bondad”.

Este pionero de El General, con rasgos de leyenda, fue todo un protagonista en los diversos campos de la agricultura y la ecología, la apicultura y la protección de la vida silvestre, por sus cultivos, sus investigaciones, su proyección a la comunidad y los diversos escritos que le fueron publicados en medios informativos de tanta relevancia como el periódico La Nación.

Agricultor, orquideólogo, conservacioista...  (del libro de Carlos Luis Abarca).

Agricultor, orquideólogo, conservacioista… (del libro de Carlos Luis Abarca).

“Con la muerte, su figura se ha agigantado, porque se patentiza su singularidad espiritual. Esto es normal en nuestro país. Es como una debilidad del ser costarricense, el apreciar en su justa medida, y aún más, a las personas después de muertas”, reprocha Abarca.

Se le rindieron algunos honores, básicamente en los ministerios de Educación Pública y de Cultura, Juventud y Deportes y quizá el mayor reconocimiento, en su memoria, lo destaquen la Asociación Conservacionista Isaías Retana Arias y el Colegio Técnico Ambientalista Isaías Retana Arias, que por estos días finales de agosto de 2014, está iniciando un proceso para la formal extensión de la Universidad Técnica Nacional, una de las universidades estatales del país.

Sirvan el Colegio y la Universidad, para recordar las palabras de don Isaías un continuum histórico que los habitantes de hoy podrían considerar coyuntural: “La labor de nuestra actual Municipalidad ha sido con indeseable politiquería y marcado matonismo que ya no podemos tolerar. Así también, en este pueblo bendito, San Isidro, quedan otros problemas que parece son en todo el país…”.

Hablaba don Isaías de la deforestación, de las peleas de gallos (acaso no se iniciaba, todavía, el abandono masivo de animales y su maltrato a manos de sus dueños), de los incendios que causaban la devastación de grandes áreas boscosas, de las costumbres cambiantes (el pachuquismo, la marihuana –todavía no tomaba fuerza el flagelo de otras drogas), “con violaciones de leyes que se hacen bajo una tolerancia”.

“Isaías Retana, hijo, nieto, bisnieto de campesinos, el único científico en el mundo que nunca usó zapatos, “Gerente de la Naturaleza” –como lo llamó el profesor costarricenses Rafael Lucas Rodríguez–, defensor de los bosques, amigo de los pájaros, socio de Dios… Si hubiera usado saco y corbata, habría sido una de las pocas personas en el mundo –por aquello de la cattleya londinense (**) — con pleno derecho para lucir, orgullosamente, una flor en el ojal”. (Enrique Obregón Valverde, en La Nación, 25 de diciembre de 1999).

La lucha de don Isaías, en fin, apenas continúa, y habrá de alcanzar intensidad si a sus ideales, hoy prioritarios en la lucha por la supervivencia humana, que se proyectan a escuelas y colegios, se les da la correcta y justa acreditación, como monumento al “Caballero de la Naturaleza”.

De la pluma del profesor Humberto Gamboa Alvarado (qdDg), Abarca nos regala un fragmento:

Isaías Retana, tierra, valle, llanura, montaña,
Siempre con su alforja a cuestas,
Cargando sus esperanzas…
Saturado de ilusiones en su corazón y su alma,
Fue rompiendo los caminos
Sobre la tierra que amaba.
Cruzando ríos y riachuelos,
Observando cuanto hallaba,
Se fue tragando subida
En actitud noble y franca.
Isaías Retana, hierba, arbusto y árbol,
¿cómo no recordarte siempre
Si vos fuiste de los buenos,
De los que lo dieron todo
A la Patria y en sus acciones,
Mientras en espacio y tiempo
Crecían raíces y flores?

(*) Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, San José, Costa Rica, 1982.
(**) Orquídea híbrida lograda por don Isaías, registrada con su nombre en la Sociedad de Orquideología Londinense.

1 septiembre, 2014

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