Los incontrolables basureros clandestinos

San Isidro de El General.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
unque hay un reconocimiento a la labor que viene desarrollando la Municipalidad en el aseo del centro de San Isidro de El General, existe una notable deficiencia en el ornato y la limpieza de algunas áreas circundantes y en la recolección de basura en los sectores rurales.

Esta es una deficiencia reconocida por la propia Municipalidad, atribuida en parte a una tradición cultural de una buena parte de los generaleños, severamente sancionada por la Contraloría General de la República en el denominado Índice de Gestión Municipal (IGM), en el que Pérez Zeledón sale con notas deficientes. Igual ocurre con la mayoría de las municipalidades del país.

Televisores, altamente contaminantes.

Televisores, altamente contaminantes.

En las áreas rurales, parte del déficit reprochado por la Contraloría proviene del sistema de recolección de residuos sólidos, realizado por pequeños empresarios particulares (lo que explica una lógica pero injusta calificación a la Municipalidad) y parte de los habitantes, que prefieren disponer ellos mismos de la basura (para ahorrarse gastos) acumulándola o enterrándola en sus propiedades.

Pero una de las dificultades más severas la encuentra la Municipalidad en los cochinones, ajenos a los principios de urbanidad y decoro, que tiran sus bolsas de basura en tierras baldías y rondas de carretera, y los impunes, por tratarse de adictos al alcohol y a las drogas (consecuentemente, enfermos) que, a falta de un lugar de tolerancia vigilado, toman lugares públicos para su agonía y subsistencia , convirtiéndolos en refugios insalubres y apestosos.

A cuatro cuadras del parque de San Isidro.

A cuatro cuadras del parque de San Isidro.

Uno de esos lugares, ubicado a no más de cuatro cuadras pequeñas del parque de San Isidro de El General, es el alero de una caseta que, en principio, sirve de sede a la Asociación de Trabajadores del Ministerio de Obras Públicas y Transportes.

En este lugar oloroso a cerveza agria y otras cosas, ubicado junto al puente del río San Isidro, es posible encontrar todo un cúmulo de cartones utilizados por los indigentes para pasar las noches, televisores quebrados y recipientes de comidas que recogieron en los basureros de algún negocio dedicado a la venta de comidas.

Los televisores, altamente contaminantes, están junto al río; y los recipientes, recolectores de las aguas de lluvia, son palacetes para los zancudos. Y si bien esto ocurre en propiedad del Ministerio de Obras Públicas, y en esto media el Ministerio de Salud, es a la Municipalidad a la que le corresponde velar por la salud de los habitantes de su territorio.

Al otro lado del río, debajo del puente, hay otro refugio de personas de la calle, en no mejores condiciones, carente de agua potable y, lógicamente, sin servicios sanitarios.

Palacetes para los zancudos.

Palacetes para los zancudos.

Estos son inconvenientes reiteradamente denunciados durante las sesiones municipales, propios de una batalla desigual, entre los que tiran basura y una tradicionalmente débil Administración Municipal que sigue en buscando una solución para el tratamiento y la disposición de los desechos sólidos.

Hasta la fecha –cuatro de octubre de 2014- todos los proyectos que ha intentado la Municipalidad para solucionar uno de los grandes problemas con que ha enfrentado –la disposición de la basura- han fracasado, excepto el de la clasificación de los desechos, que progresivamente le ha permitido recuperar los desechos reciclables y reducir, en consecuencia, los volúmenes enviados a plantas de tratamiento de Puntarenas y el Valle Central.


4 octubre, 2014

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