Los cánticos de la naturaleza y las ensaladas de la Suyapa

Las incomparables ensaladas de la Suyapa, hoy amenazadas por la presencia de grandes empresas josefinas y la crisis económica.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

P
ocas personas disfrutaron tanto los servicios que brindó Sergio Saborío, antes de que se instalara en Pérez Zeledón el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), como los vecinos de la ruidosa planta generadora de energía eléctrica.

La planta, alimentada con combustibles fósiles, estaba ubicada justamente donde hoy funciona la subestación del ICE, en el barrio España, en San Isidro de El General.

Uno de los beneficios venía porque don Sergio indemnizaba a los vecinos, que eran muy pocos, por el ruido que les causaba; el otro, porque cuando la planta se apagaba, ya por una avería o para que “descansara”, se podía apreciar el verdadero valor de los cantos de la naturaleza.

Durante algunos minutos, se tenía la sensación de estar flotando; y comenzaban a escucharse el canto de los pájaros, el mugido de las vacas, el agua saltando por entre las piedras del cercano río San Isidro, las campanas de la iglesia y hasta el sonido de los carros que, por ser pocos, era más bien apreciado por las personas.

Las consecuencias de un apagón eran relativamente pocas, porque el privilegio de tener refrigeradora era sólo de algunos; si había que planchar ropa todavía se podían utilizar la plancha de hierro o de gallo, como se les llamaba a las que calentaban con carbón (por el gallito que servía de tranca al recipiente del carbón). Y si era por el televisor, cuando ya los hubo, el contratiempo era más bien para el dueño de la pulpería, a donde acudían los niños a ver televisión, porque en las casas de la gente común tampoco los había.

Por lo demás, en las casas rara vez faltaba un culo de candela.

Helados derretidos

Los que tenían verdaderos problemas cuando se iba la luz, como se decía entonces,  fueron don Jorge Ramírez y doña Gilda Cruz,  dueños de la soda la Suyapa, porque las gelatinas se enfriaban y los helados se derretían.  De ahí la necesidad de los Ramírez de instalar un generador de electricidad propio, para ponerlo a funcionar en caso de emergencia.

En una fotografía que hizo de dominio público la Municipalidad de Pérez Zeledón se observa el cable que llevaba la corriente desde el poste esquinero de madera –un árbol delgado, recto y desramado- hasta la Suyapa en la esquina de lo que hoy es Importadora Monge. Más allá, postes de riel.

Ir a la Suyapa fue, y sigue siendo, la delicia para cualquier generaleño; y un gusto muy escasamente satisfecho en aquellos tiempos en que el dinero circulante era tan escaso. Fue construida a inicios de la década de los 40, entre la tienda de don Mauro Zúñiga y el almacén de doña Beleida y don Ramón Romero, un poco más allá de la cantina El Cañalito y la tienda de El Gallego… frente a El Jardín.

Por supuesto, esos puntos de referencia son para los más viejos. Reconsiderando: un poco más allá de lo que hoy es el bar y restorán La Reina del Valle, frente a Óptica Visión, en la Calle del Comercio.

El edificio, de madera, como todos los demás. El ambiente, acogedor. Porque la Suyapa fue el ensueño de los niños y el placer de los mayores. ¿Cuántos novios no llevaron a sus muchachas a comerse una ensalada de frutas o una gelatina con helado, en la Suyapa? ¿Cuántos no se encapricharon, y llegaron a casarse y formar familias, con una señorita a quien conocieron en la Suyapa, a lo largo de 70 años?

Y si no, al menos no se borra el recuerdo de las ensaladas de frutas, cuidadosamente picadas, recubiertas con almíbar y tres helados encima, verde, rosado y crema, en una bandejita de cristal alargada.

Una tradición

Esta es una tradición y una especialidad; porque si se visita la página imágenes de ensaladas de frutas en Internet, se podrán encontrar toda una variedad de presentaciones que no son como las de la Suyapa. Ni saben igual.

Oscar Ramírez, dueño de la heladería y segundo en la generación de los Ramírez/Cruz, no recuerda personalidades que demandaran un trato diferenciado, ni reuniones que no fueran las típicamente familiares. Se ha atendido a todos, sin distingos de ninguna naturaleza. “ ¿Ningún Presidente?”  “Tal vez don Pepe, porque era muy amigo de mamá y papá”.

La distinción está en la calidad del producto; y en la cálida atención de los Ramírez y, desdichadamente, en una tradición que está siendo devorada por dos fenómenos que vienen del exterior: las grandes empresas que se vienen instalando en El General y la crisis mundial de la que no han podido levantarse muchas pequeñas empresas generaleñas.

Pero ahí está la Suyapa; y el mayor deseo de Oscar Ramírez Cruz es que la tradición continúe y que su hijo, Oscar Ramírez Valverde, prolongue la vida del negocio, con la calidad de siempre y el cariño imperecedero por un negocio asociado a los buenos recuerdos.


28 Febrero, 2013

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