Los bueyes seguirán arando en el parque de San Isidro

El boyero regresó al parque

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
unque le hayan sustraído el arado, al boyero le hayan mutilado una mano y los gamberros hayan causado los más diversos daños a la totalidad de la escultura, los bueyes de Gibran Tabash seguirán arando en el parque de San Isidro de El General, como tributo a los “Forjadores del Valle”.

Cuando a un campesino se le vuelca la carreta –dice el ex presidente José Figueres- no se sienta a llorar; la endereza y sigue…

Los niños se muestran encantados con la escultura.

Los niños se muestran encantados con la escultura.

La escultura regresó al parque de San Isidro después de un largo período de ausencia, en que se le tuvo guardada en una bodega de la Municipalidad de Pérez Zeledón, para resguardarla.

Queda, ahora, sobre una plataforma de cemento que en los próximos días será cercada con una malla, para tratar de evitar que se le causen más daños, porque, eso sí: hay un instinto natural que lleva a la gente a entrar en contacto con ella –con el boyero, los bueyes o la abnegada esposa- como si  tuvieran el efecto placebo de una imagen sacra.

La escultura “Forjadores del Valle” fue reubicada en el parque en el presente mes de abril de 2013, tras un largo período de reproches por la indiferencia con que se le ha tratado. Primero se le iba a ubicar encima del anfiteatro, pero se desistió de la idea porque es muy pesada (está moldeada en cemento sobre una estructura metálica), debido a lo cual el escultor tuvo que dejarla en una parcela del parque.

Ahora, ubicada con un aparentemente mayor aprecio pero con desconocimiento de causa, surge otro inconveniente: en la sesión de municipal de anoche, 24 de abril, se presentó la inquietud de que el boyero fue mal ubicado, a la manera bárbara e inconsulta en que fue partido en dos el Parque de la Madre (también ubicado en el parque de San Isidro). Con su mano izquierda, el boyero debe estar ayudando al buey, en su especializada faena.

Y la idea de algunos de eliminar el puentecito, además del río y la escultura que simbolizan la cordillera Talamanca, para darle más espacio al área gris y nadie se vaya a tropezar y a espaldas del arquitecto.

Los bueyes, amigos, y la abnegada mujer.

Los bueyes, amigos, y la abnegada mujer.

Los bueyes y, por asociación necesaria, la carreta, fueron trascendentales en el desarrollo del Valle de El General. A lo interno, porque las raigambres escondidas entre los barriales del camino y la distancia nunca permitieron que sirviera de vehículo entre la aldea y la ciudad.

Aquí sí; los bueyes y la carreta fueron los que permitieron a los agricultores acarrear las cosechas; viajar de un pueblo a otro; transportar enfermos desde o hasta el hospital. Y todavía algunos se siguen acordando de aquella sensación de plenitud, al cargar la carreta, ya de caña para la molienda, ya de café para el beneficio, ya de maíz para la casa y ayotes para los chanchos.

Gibran rubrica, con la escultura, una página de la historia. ¿Cuánto costó? Como siete millones, al principio, para medio cubrir los gastos en materiales y mitigar los muchos meses de trabajo del escultor. Ahora hay que repararla.

Ya hay cuatro monumentos en el parque; bastantes para un pueblo tan poco dado a recordar su historia, fomentar la cultura y honrar la memoria de los antepasados: el Monumento a los Caídos en la Guerra Civil de 1948, un “anfiteatro”, “Forjadores del Valle” y el Monumento a la Madre, partido en dos y con un pecho de la mujer torpemente cubierto con cemento, por no fomentar la impudicia.
 


24 Abril, 2013

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