Los barberos de San Isidro, ¡qué pocos quedan!

Imagen: Los barberos de San Isidro, ¡qué pocos quedan!

El corte a tijera es su arte. El trato gentil, ameno y decoroso su carta de presentación

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Miguel Quesada, de la barbería La Tijera de Oro

Están envejeciendo y parece que dentro de muy poco solo quedarán vestigios de los barberos de San Isidro. Quizá porque su oficio ha cambiado, ahora ocupa otros nombres y más mujeres lo ejercen.

Sin embargo, aquí todavía se puede recurrir a estos cirujanos del cabello, esos que saben hacer sonar las tijeras sin que les tiemble el pulso. Miguel Ángel Quesada Chinchilla es uno de ellos. Él llegó a San Isidro de El General a los siete años.

“Llegaba a las peluquerías a ver qué estaban haciendo y comencé a trabajar debajo de un árbol, en el patio y en el corredor de la casa. Allí atendía a la gente siendo un chiquillo de 12 años”, narró.

Según comentó don Miguel, propietario del Centro de Belleza La Tijera de Oro, la diferencia entre un barbero y un estilista radica en que el primero se dedica a terminar bien los cortes, y el segundo peina más que todo.

¿Por qué se llaman barberos? Antes el barbero cortaba el pelo y hacía la barba. Sin embargo, con el paso del tiempo se perdió la costumbre de afeitar a los clientes, sobre todo, en la actualidad para prevenir la transmisión de enfermedades relacionadas con la sangre.

Pese a ello, los barberos conservan su nombre aunque la mayoría se dedique solamente a la peluquería.

Por su parte José Joaquín Godínez Marín, conocido como “Pikin”, afirmó que aprendió a cortar pelo en San José, siendo muy joven.


José Joaquín, conocido como Pikin

“Uno de los requisitos para ser barbero era aprender a afilar la navaja y las tijeras; mientras no se aprendiera eso no había chance. Yo estuve tres meses viendo hasta que pude hacerlo”, relató.

Pikin recuerda que en la década de los años 70 todos los barberos sufrieron una crisis por la moda del pelo largo. “Vieras qué incómodo cortarle las puntas a un hombre”.

La experiencia adquirida les permite a estos barberos diferenciar y, hasta reírse, cuando escuchan que sale un nuevo corte. Esto, porque saben con exactitud que desde los últimos 50 años, no ha habido ninguna novedad, solo nuevos nombres que se reinventan constantemente.

Miguel Alfaro, de la barbería Alfaro, ubicada en el edificio de la Parroquia de San Isidro, señaló que desde hace 37 años se dedica al oficio y dice que el recorte que hace es a pura tijera.


Miguel Alfaro, de barbería Alfaro

“Las mujeres aprendieron otro estilo; cortan el pelo sobre los dedos. Nosotros llevamos la medida en el peine y, para ser el mejor, hay que dominar el peine y la tijera”, acotó.

Estos barberos afirman que aunque ya no afeitan la barba a sus clientes, seguirán llamándose así porque con ellos el peine es más rápido y más fino el corte.

Los barberos de San Isidro

Miguel Alfaro, de barbería Alfaro, es oriundo de Cartago, creció en San Isidro, donde aprendió a cortar pelo en su casa con una maquinilla de mano. Hace muchos años obtuvo trabajo en una barbería en Ciudad Neily, y la propietaria le dijo que usara la máquina eléctrica. “Esa vez la vi fea, pero me la jugué”, dijo. Aseveró que en ese tiempo cobraba por corte 75 céntimos, ahora la tarifa es de ¢1.300.


Esta silla lleva años con don Miguel Alfaro

Miguel Ángel Quesada, es propietario de La Tijera de Oro, la cual se encuentra en el hotel Amaneli. Nació en Santa María de Dota, pero a los siete años llegó a San Isidro de El General. Inició sus labores como barbero en la peluquería de Arturo Salas, después en La Tijera de Oro, nombre que tomó para su propio negocio.

Don Miguel trabajó en la apertura de la carretera Interamericana, “volando cuchillo” y cuenta que en El Ceibo de Buenos Aires cortó el pelo a dos tractoristas en una tuca durante la hora de almuerzo.

Dice que seguirá en el oficio hasta que Dios le dé licencia. Actualmente tiene 77 años.


La Tijera de Oro, de don Miguel Quesada se encuentra en el hotel Amaneli

José Joaquín Godínez Marín “Pikin”, hijo de tierras marienses, aprendió en San José a cortar el pelo.

Don Pikin considera que los estilistas de ahora en tres meses hacen un curso y se ponen a cortar pelo, mientras que un barbero tenía que aprender a afilar la navaja y las tijeras para poder ejercer el oficio.

Recuerda cómo una vez estaba en la puerta de la barbería del Mercado Central de San José, cuando llegó un hombre de raza negra quien le dijo que le cortara el pelo.

“Yo lo pasé adelante, pero cuando lo había sentado el patrón me reprendió muy molesto y me dijo que allí no pelaban negros y que no volviera a sentar a ninguno. En ese tiempo había discriminación racial y me sentí muy mal. Por ello me vine para San Isidro.


Pikin dice que el secreto del barbero está en saber afilar las tijeras

Pikin trabajó en La Tijera de Oro. Actualmente tiene su peluquería en el Centro Comercial Fallas y cuenta con damas estilistas que le colaboran.

Con 68 años, Pikin dice que ser barbero no es un oficio para hacerse rico, pero agrega que todos los días le cae “platica”.


29 abril, 2008

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