Los árboles no saben de aceras ni de calles

Aunque la intensión fue inmejorable, el árbol fue sembrado en mala parte.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

A
unque basta con caminar unos cientos de metros, para encontrarse en un ambiente rural que se resiste a cederle espacio al “desarrollo”, el casco central de San Isidro no tiene ni asomo de ciudad arborizada ni existe razón para pensar que, en años luz, va a lograr la carbono neutralidad anunciada.

¡Claro que se veían hermosos! Ojalá su muerte no pase inadvertida.

¡Claro que se veían hermosos! Ojalá su muerte no pase inadvertida.

Algunos de los poquísimos árboles por los que la ciudad, como ciudad, ha merecido una foto, van a ser talados en los próximos días, para dar paso a la construcción de una acera adecuada a las necesidades de hoy, entre el Palacio Municipal y el Hospital Escalante Pradilla, uno de los sectores más transitados de San Isidro.

Este viejo proyecto de la Municipalidad, cuya primera etapa se está ejecutando por estos días de abril de 2015, ha sido una necesidad en toda la ciudad de San Isidro, nacida y desarrollada al mejor criterio de los residentes y empresarios.

Por falta de lineamientos, cada quién ha construido sus aceras a su criterio y conveniencia, con sus propias gradas y gradientes, anchuras, texturas y colores. El desplazamiento, a pie, por la ciudad de San Isidro no es una de las mejores cosas que puedan disfrutar los generaleños.

Y aunque el San Isidro que la mayoría de los generaleños de hoy conocen por fotos en blanco y negro, fue una comunidad rural durante décadas, lo cierto es que las imágenes tampoco la muestran como un pueblo arborizado. Si hubo árboles, fue en los patios.

Se trabaja intensamente en la construcción de las nuevas aceras.

Se trabaja intensamente en la construcción de las nuevas aceras.

Sólo los viejos recuerdan, ciertamente con mucha nostalgia, un árbol de “orejas” (poró) que sobrevivió durante años a la devastación del desarrollo, en medio de la carretera de lastre que comunicaba a San Isidro con Dominical, en las cercanías del Uno Más.

Los árboles que ahora sucumben en el camino hacia el Hospital, de flores lilas y amarillas (¿Jacaranda y cortés amarillo?) fueron, acaso, la única iniciativa municipal que se llevó a cabo para embellecer con especies ornamentales la pequeña ciudad no planificada.

Pero estos árboles, que embellecieron ese sector de San Isidro durante décadas, ahora se han convertido en un trastorno: impiden u obstaculizan el paso de las personas; al menos uno de ellos destruyó una parte de la acera y, por lo viejos, las ramas que comienzan a secarse podrían causar lesiones a los transeúntes.

La necesidad de quitar el árbol y construir una nueva acera parece inapelable.

La necesidad de quitar el árbol y construir una nueva acera parece inapelable.

Ante la pregunta de perezzeledon.net “Que habrían hecho ustedes ….”, decenas de personas coincidieron en lamentar que los árboles vayan a ser cortados y algunos dieron algunas sugerencias, como que las aceras los bordeen, sin hacerles daño, o como que se les sustituya por otras especies más adecuadas.
Pero las posibilidades de conservarlos son remotas, por las características que han tomado y por la anchura de las aceras.

¡Claro! ¿Quién, en la Municipalidad, no quisiera ser el protagonista de una transformación de San Isidro, para ver la ciudad ordenada, arborizada, adoquinada…?

De momento, sólo queda en el papel una vaga propuesta, dormitando en el “cementerio de acuerdos municipales”, para sembrar árboles a lo largo del muro de contención del Río San Isidro, como una respuesta a las aspiraciones de quienes quieren recordar a San Isidro, de alguna manera, como el lugar donde han vivido ellos y vivieron los abuelos.


9 Abril, 2015

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