Lejano Diquís: Valle de Térraba, parte 1

Primera entrega de una serie de publicaciones sobre los antecedentes de nuestra región

Por Claudio Barrantes Cartín.
Historiador

Así fue conocido el Valle de El General antes de recibir tal denominación. La apertura de un camino por el macizo de la cordillera llamada entonces “Dota”, hoy “Talamanca”, cada día se tornaba más urgente para el Gobierno de Costa Rica desde que se perdió Bocas del Toro y se inició la disputa limítrofe con Colombia. Era imprescindible contar con una alternativa al antiguo camino de la costa, por otro que facilitara el acceso a la frontera.

Pero el desconocimiento sobre esa nueva tierra era completo, tanto porque el único camino que daba acceso a la región era el que llevaba a Panamá por la costa como porque no existían ni trazos de población que ocupara el espacio, salvo las comunidades indígenas de Boruca y Térraba o los chiricanos en Golfo Dulce.El primer autor que publicó sobre el tema fue el Dr. Alexander von Frantzius, médico y naturalista alemán que radicó en Costa Rica de 1854 a 1868 luego de haber estado en Brasil desde 1848. Llegó a nuestro país acompañado del Dr. Karl Hoffmann y al principio radicó en Alajuela por sus quebrantos de salud, pero luego se instaló en San José donde su botica “de Frantizius” derivó luego en “Francesa”.

Científico nato, en sus trabajos pioneros de historia natural se refirió a los volcanes Irazú y Poás, las condiciones climáticas, las aves, los mamíferos y la geografía del país, y escribió sobre las exploraciones en la zona norte, la cartografía del país, los grupos indígenas, un estudio que acabó con el mítico Tisingal y hasta escribió sobre el sur del país.

Tiene el mérito de haber publicado el primer estudio sobre la región, su presencia la indica en un artículo publicado en 1869 en el “Journal f. Ornith” en Alemania en que menciona la parte meridional de la “Montaña Dota”, la actual Cordillera de Talamanca, y se refiere a la Región Brunca como el “Valle de Térraba”.

Considero como tarea excesivamente productiva y gra­ta para el coleccionista, dirigir sus investigaciones hacia el valle de Térraba. Pero debe ir provisto de suficientes conocimientos. Para que sus esfuerzos sean recompensados por la ciencia, debe ser excelente conocedor de las especies pues no se trata solo de introducir novedades, sino también de imponerse del carácter de la fauna, y para llenar tan importantes condiciones, debe conocer aquellas que se presenten con más frecuencia y las más características del país.      

Como el valle de Térraba es extenso y cerrado por un lado por sierras considerables, es de esperarse que en las faldas de estas y en ambos lados se encuentre una variedad inusitada de diferentes especies: presenta este punto ade­más la oportunidad de ser accesible por dos diferente  sen­deros, por el de San José de Cabécar y por el de Bribri, para poder penetrar por el lado del Atlántico al valle del Sixaola y examinar ese territorio hasta hoy completamente inexplorado. Bajo el punto de vista ornitológico, es de la mayor importancia que se examine con cuidado la parte del valle abierta hacia el Sudoeste, para poder continuar las im­portantes observaciones de Salvin practicadas en Veragua, país bastante conocido ya gracias a los esfuerzos y trabajos de este ornitólogo. Los naturalistas pretenden que debe haber marcada diferencia entre la fauna de la parte orien­tal de Veragua y Ia occidental de Costa-Rica; y que por consiguiente puede encontrarse una fauna intermedia en el valle de Térraba, donde debe terminar; y que bien puede ser que las altas montañas de Dota causen esta diferencia y formen la línea divisoria. En este caso, el carácter de la Fauna del valle de Térraba no puede ser diferente del de la de Veragua.

Por grandes que parezcan las dificultades que impiden las excursiones a regiones de tan difícil acceso, habitadas solo por unas pocas familias de indios pobres, y cuyos verdaderos obstáculos conozco personalmente, creo de mi deber decir que una exploración recompensará ampliamente a todos los coleccionistas futuros de esta región, que a mi juicio es de suma importancia para la ciencia.

Es evidente que el término Dota se encontraba sobredimensionado debido a la ausencia de exploraciones, aunque en el momento en que escribió Frantzius Pedro Calderón ya trabajaba en la cordillera.

Pero es en su artículo ”La parte Sureste de la República de Costa Rica” publicado ese mismo año, donde hace las primeras referencias a la geografía regional, un tanto vagas porque su viaje a la región fue por el camino de la costa con las inevitables dificultades para conocerla.

Hace referencia al macizo del Cerro de la Muerte, corazón de la Montaña Dota, así: Un poco al oeste del cerro de Chirripó se encuentra un lugar donde nacen la mayor parte de las grandes arterias fluviales de Costa Rica, como el Reventazón, el Pacuare, el Chirripó, el río Grande de Térraba, el Naranjo y el Barú.

La circunstancia de que la Montaña Dota está surcada por tantos ríos que cavan en sus flancos hondos valles, ya transversales o longitudinales, es precisamente lo que hace de esta un obstáculo insuperable para el tránsito entre las partes central y meridional del país.

Frantzius escribió entre 1866 y 1867, por lo que estaba enterado del interés del Gobierno en la apertura de un nuevo camino hacia la frontera.

No obstante tantas dificultades no han faltado los tanteos para llegar por la vía más corta desde Cartago o San José a las cabeceras del valle del río Grande de Térraba, hasta el Gobierno ha tomado mucho interés en el asunto fomentando las investigaciones por medio de cuantiosos incentivos. Pero hasta ahora todos los ensayos han quedado sin resultados, y nadie ha logrado pasar directamente de un lado a otro de esta gigantesca muralla.

Al publicar sus notas había abandonado el país por lo que desconocía que Pedro Calderón había construido su vereda al “anchuroso valle” de Térraba como lo llamó, aunque si estaba enterado de que Cornelio Monge lo había logrado desde 1865, puesto que así lo mencionó en su momento.

Sobre el valle que a poco pasó a llamarse de “El General”, agrega: De la Montaña Dota se desprenden hacia el sureste dos serranías, de las cuales la una se compone de las masas del Chirripó, del Pico Blanco y del Róvalo, mientras la otra corre paralelamente a la primera y muy apretada a la costa hasta la boca del Térraba. Entre ambas se extiende el anchuroso valle del mismo nombre...

Refiere que en ese valle ignoto habitaban… unos indios que evitan todo contacto con los blancos, y no mantienen relaciones sino solamente con los indios Viceitas que moran a poca distancia de ellos en San José Cabécar . Dicen que en su origen existe una mina de oro.

Frantzius tuvo acceso a una fuente que le enteró de la existencia de los lagos del macizo del Chirripo, ya que incluyó el detalle en su mapa “Originalkarte von Costa Rica” que imprimió Justus Perthes en 1869. Sin embargo observamos que tal laguna la ubica a considerable distancia al oeste del cerro Chirripó, cuando sabemos que están en el mismo lugar, creemos que debido a que Von Frantzius estuvo lejos de conocer el punto y que no alcanzó a hablar del asunto con alguien. Entonces, como supo de la laguna? Cuál fue su fuente?

Vereda a Térraba. Los antecedentes de la vereda por el Cerro de la Muerte que después construyó Pedro Calderón, ayudan a encontrar la repuesta. A mediados del siglo XIX se mantenía la idea de que un camino del Valle Central a la frontera con Colombia debía partir de Orosi, en parte por las tradiciones de un camino indígena que existió en ese tramo.

En 1856 el tema tomo actualidad por el pánico desatado por la peste del cólera, cuando más de uno pensó que en las tierras ignotas del sur estarían a salvo de aquella locura.

En mayo de 1856 fue desde aquí una expedición compuesta por 16 hombres, por el valle del Purizil adentro para atravesar la división de aguas y llegar a Térraba. Por desgracia había ya comenzado el tiempo de las lluvias con insólita violencia, y como el camino siempre montaña arriba, conducía a considerables alturas donde las gentes estaban siempre envueltas en nubes y lluvia, no tenían manera de ver a lo lejos ni era posible avanzar a voluntad de la humedad de la selva virgen. Finalmente creyeron haber atravesado la división de las aguas y los ríos que allí nacen parecían correr hacia el sur, cuando hubo que emprender la retirada pues el ánimo de los hombres había decaído y la mayor parte de ellos enfermaron y los habían hecho regresar.

El Gobierno tomó injerencia en el asunto y en 1858 contrato con don Juan Rafael Mata la apertura de una senda a los pueblos de Térraba y Boruca que debía partir de Orosi, conviniendo en pagarle $ 2.000, $ 400 en dinero y el resto en tierras.

La iniciativa no pasó de una expedición de un tal Manuel Bonilla, en la que… un año más tarde el cartaginés Domingo Rojas Troyo y el hondureño Manuel Ponce, minero, recorrieron la vertiente del Atlántico con la esperanza de encontrar la legendaria mina del Tisingal, para lo que exploraron el corazón de la montaña en Talamanca. Tras fracasar y no hallar el motivo de su pesquisa, decidieron cruzar la cordillera hasta el Pacífico subiendo la cuenca del río Lari por el antiguo camino indígena intervertientes.

Una vez al lado del Pacífico iniciaron el descenso llegando a unos llanos, supuestamente de Olán, (cantón Buenos Aires) donde encontraron los restos de una mina abandonada o “tapada”. En el Hato Viejo les confirmaron su existencia y que había sido de plata pero que se mantenía abandonada desde el tiempo en que los franciscanos recoletos que regentaron Térraba abandonaron la misión, según escucharon de boca del terrabano Ramón Villanueva.

Para regresar a Cartago, Rojas se traslado a Puntarenas, donde a su llegada conversó con José Francisco González Cáceres a quien refirió su aventura.

Este neogranadino conocido como “El Viejito del Maíz”, hijo de los colombianos José María González y Mariana Casares había casado en Alajuela el 26 de julio de 1842 con Venancia Ugalde Alfaro, hija de Francisco Ugalde y Ramona Alfaro, viuda de Miguel Alfaro con quien tuvo varios hijos, uno de ellos de nombre Napoleón.

En 1841 José Francisco radicaba en el Mineral del Aguacate y en 1849 ofrecía servicio de transporte de Puntarenas a San Juan de Nicaragua por tierra o mar con…”mozos y bestias de silla y de carga para el camino y una embarcación segura para la navegación”. El 24 de julio de 1860 solicitó en Puntarenas su carta de naturalización.

Aunque vecino de Alajuela se mantenía en Puntarenas por su buque La Venancia que le produjo una larga causa legal, que concluyó en 1864 cuando que el Senado y Cámara de Representantes autorizaron al Ejecutivo a indemnizarlo en $ 1.500.

Una vez que conversó con Rojas Troyo tomó la decisión de buscar la mina de la historia, por lo que el 2 de enero de 1861 González se dirigió al Dr. José María Montealegre, Presidente de la República, solicitando autorización para hacer…   excavaciones en los depósitos o guacas, cuanto para otras exploraciones y trabajos que sin dañar las propiedades nacionales den origen a descubrimientos útiles que puedan servir en adelante como recursos fiscales, y como incentivo a una emigración de hombres industriosos y trabajadores.

El permiso que solicito deseo que el Sr. Presidente lo extienda hasta ordenar a las autoridades no me pongan embarazo alguno, y antes bien me auxilien siempre con justa y legal indemnización.

Dos días después le fue concedido el permiso tras lo cual se dirigió a Térraba acompañado de su hijo Napoleón, seguro de hallar minerales “de los muchos que han hecho relación los viajeros”.

Sin embargo la realidad resultó amarga.

Figueroa explica algo más… llegado que fue a Térraba los indios se negaron completamente a darle dirección para descubrir la mina, y no pudo encontrar un guía o baqueano. Lo hostilizaron de todos modos hasta pedirle el doble o triple por los víveres y todo lo que necesitara, a tal grado que tuvo que prescindir de tal explotación por las dificultades que le presentaron, hasta para volverse a embarcar.

Para regresar al Valle Central tomó la medida desesperada de avanzar por la inexplorada cordillera con lo que inevitablemente llego al cerro Chirripó, desde donde descubrió el valle de El General y la “laguna” en la misma cima del cerro Chirripó, que llamó “volcán”. Más allá alcanzó a divisar los valles centrales percatándose de la factibilidad de abrir una vereda a Colombia diferente al camino que existía. Avanzo y encontró la vereda indígena al río Chirripó del Atlántico, por donde llegó a Tuis y pudo alcanzar Turrialba.

Decidió… a principios de este año a pasar a los pueblos de Térraba y Boruca con el fin de explotar gomas y resinas de que abundan, juntamente que descubrir algunos minerales de los muchos que han hecho relación los viajeros.

Después, señor, de cuatro meses en exploraciones importantes en que el país había ganado más que yo, por haber al final de mis pretensiones me encontré sin recursos, y por dos veces tuve que mandar por ellos a Chiriquí y Puntarenas, con pérdida del tiempo y de sumas de consideración para pagar mis mozos.

Resuelto señor, a continuar mis trabajos, he pulsado la necesidad imperiosa de un camino más corto que me facilite los recursos y que seria para la Nación una fuente de riqueza, quince días de malísimo camino o picada desaniman aun a los hombres más atrevidos.

En este supuesto señor, me presento hoy ante V.E. proponiendo realizar una picada o vereda capaz para conducir mulas de carga, y el más corto que se pueda dar de las inmediaciones de Cartago en línea recta hasta los pueblos referidos, con tres o cuatro días de camino habilitaría una inmensa zona de tierra que no conoce y a donde no puede alcanzar la acción de la ley por la misma razón, ni menos utilizar en cosa alguna todo sin contar con las riquezas naturales, el oro, la plata, el fierro, el cobre y el carbón que son abundantes y conocidos solo por la historia, abunda además en potreros naturales e inmensos, lo mismo que de maderas exquisitas, todo esto como he dicho está sepultado en un desierto inaccesible, y un camino como el que propongo haría cambiar en poco toda la faz de la República.

Figueroa confirma que González… tuvo que volverse por tierra haciendo una gran travesía donde encontró la laguna y levantó el mapa que antecede, y que más tarde regaló a don Francisco Mª Iglesias. Hago esta relación porque el mismo Cáceres me contó a mí los trabajos que había pasado en ese viaje, y las hostilidades que le declararon los indios por ir en busca de la referida mina tapada, y me contó también de la laguna y de los trabajos que en esa travesía pasó, y que su fusil lo había salvado para no morirse de hambre.

Todo esto cambió sus planes decidiendo que en vez de buscar dudosas minas construiría un camino según la información obtenida desde lo alto de la cordillera, por lo que el 4 de junio de 1861  trato de interesar al presidente Montealegre en la construcción de una vereda. Para lo que presento un mapa de la región en que había estado, que se convierte en el primer mapa del Sur. Su propuesta fue considerada interesante en el Poder Legislativo pero evitando eventuales reclamos se limitaron a emitir un decreto ofreciendo un premio de $ 5.000 al que lograra construir una vereda de Cartago a Térraba, el 26 de julio de 1861.

Hasta ahí llegó la iniciativa de González, quien tenía alguna experiencia en caminos pero aquello excedió sus posibilidades. Enterado de que no haría tal vereda obsequió su mapa a don Francisco Mª Iglesias, Ministro de gran influencia en el gabinete quien a su vez lo cedió a Figueroa que lo integró a su famoso Album, gracias a lo cual sabemos de él y lo podemos observar.

Este anotó… el mismo Cáceres me conto a mí los trabajos que había pasado en ese viaje y las hostilidades que le declararon los indios por ir en busca de la referida mina tapada, y me conto también de la laguna y de los trabajos que en esa travesía paso, y que su fusil lo había salvado para no morirse de hambre.

Al margen del mapa del colombiano dice “Recuerdo de un desgraciado para sus pocos amigos en Costa Rica. F.G.C.”

Como se estila en estos casos, de la mina de plata solo quedó el cuento y nunca nadie encontró algo aunque el patrimonio cultural terrabano sigue muy fortalecido con las tradiciones sobre el tema. Lo importante es que la propuesta de González Cáceres hizo posible la recompensa por el nuevo camino, por lo cual algunos se aventuraron a explorar y la ruta imaginada por Gonzales Cáceres fue una realidad una década más tarde. Esta anécdota arranco el proceso que culmino con la construcción de la vereda conocida como “El Camino de Calderón”, que abrió el proceso de colonización del Sur del país porque el premio ofrecido por el Gobierno era una fortuna en esos años por lo que inflamó el interés de algunos, y pronto iniciaron exploraciones partiendo de Cartago, Desamparados o por la costa.



18 febrero, 2012

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