Lealtad y buen servicio para tres generaciones

Abarrotes, a lo largo de toda la historia.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

El saliente 2012 fue un año de celebraciones por el establecimiento de grandes empresas e instituciones emblemáticas del Pérez Zeledón del último medio siglo.

Las instituciones fueron el Liceo Nocturno de Pérez Zeledón, que nació para darles oportunidad a los generaleños que tenían que trabajar de día para costearse sus estudios y, en muchos casos, para llevar el sustento de sus familias; y la Escuela Pedro Pérez Zeledón, hija noble de la 12 de Marzo de l948, que vino a acrecentar el ya de por sí consolidado prestigio de la vieja Escuela.

Las empresas: CoopeAgri, que enarboló la bandera de los agricultores, en aras de su dignificación y la justicia; y un almacén que ocupa un amplio espacio en el corazón de tres generaciones de generaleños: El 5 Menos.

Estábamos en entrevista y no bien había terminado de explicar Saúl Fernández  Rivera –el dueño de la empresa- que su filosofía era entender que los clientes eran sus amigos, cuando se aproximó una señora, para presentarse. Quería conocerlo, decirle que era hija de alguien que había sido cliente suyo durante muchos años, manifestarle su agradecimiento por el trato que siempre le dio a su padre, decirle que todos, en su familia, lo llevaban en el corazón.

La manifestación de la agradecida mujer era una de las tantas muestras de gratitud que se observan a diario en el Almacén El 5 Menos. Si Saúl Fernández llega diariamente a trabajar  –como lo ha hecho diariamente durante cincuenta años- es justamente porque muchos de sus clientes quieren saludarlo; porque –sin menos precio para el personal del despacho, que atiende con la amabilidad de su patrono- el descuento que les pueda hacer otro no les sustenta.

Cuando Saúl Fernández se estableció en el tramo de Alfonso Garbanzo (a quien le compró el derecho) en el antiguo Mercado Municipal de Pérez Zeledón, el 22 de abril de 1962, era un cachorro, pero no inexperto. Algún tiempo atrás había salido de San Antonio de Río Nuevo hacia la zona sur, en busca de mejores horizontes.

Ya con alguna experiencia en el campo del comercio y con los ímpetus que heredó de su padre, Marcelino Fernández, se dedicó a la venta de abarrotes. Don Marcelino, sin estudios, fue el boyero, carnicero, ganadero y hombre de confianza en esa especialidad, un recién llegado de la Universidad de Boston que habría de convertirse en el caudillo José Figueres.

En el Mercado, a Saúl Fernández  le iba bien y pronto se percibió que necesitaba más espacio. Un año después se trasladó a un local más amplio, donde en aquel tiempo funcionaba la terminal de buses, detrás del viejo Mercado. Ahí se instaló con un negocio, también de abarrotes, al que llamó “Comisariato”.

Aún con la competencia de los almacenes importantes de la época, como los de Beto Romero y Tuto Pereira, los catorce empleados del Comisariato apenas daban abasto, en los días pico, para atender a los clientes. ¿De dónde le provenía el éxito? De entender que los clientes no tienen dueño; que se esta para servir, para agradecer y para respetar al cliente; y parte de eso tiene que ver con la calidad de los productos.

Cuatro años después, en 1965, se trasladó a la Calle del Comercio, donde entró en expansión por dos vías adicionales: el desplazamiento de un agente vendedor a los caseríos alejados y la ampliación de la oferta, de abarrotes a ropa, ollas, cristalería, botas de hule y todo lo que pudieran necesitar sus clientes.

No fue hasta trece años después, en 1978, cuando se volvió a trasladar de local, esta vez a una propiedad que le vendieron exactamente al frente de donde estaba ubicado. Desde entonces, el Almacén el 5 Menos es un punto de referencia en una de las principales arterias de San Isidro de El General: la Calle del Comercio.

Hoy, el almacén de Saúl Fernández es el Centro Comercial el 5 Menos, un lugar que continúa en la preferencia para generaleños de tres generaciones. Aquí es posible encontrar prácticamente todo lo imaginable, desde los tradicionales abarrotes (que hoy no son el rubro más fuerte) hasta artefactos eléctricos y productos de tienda, farmacia… Sólo para que se tenga una idea, desde una silla, junto al escritorio de la administración y sin volver la vista hacia otros ángulos, es posible ver sogas ollas, ropa, galletas, tortillas, arroz, café, hieleras,  sombrillas de playa, barajas, radios… Y tabaco; el tabaco que fumaban o mascaban nuestros abuelos y que para los jóvenes de posiblemente sea desconocido.

Más que una empresa, el Almacén el 5 Menos ha sido una segunda casa a dónde ir a encontrar apoyo. No se hable sólo de clientes agradecidos; los empleados también forman parte de una historia de solidaridad.  Saúl Fernández evade el tema; pero en su paso por El 5 Menos, decenas o quizás cientos de generaleños tuvieron el sustento y el respaldo que necesitaron para impulsarse en la vida, para convertirse en profesionales distinguidos o en empresarios solventes.

También, algunos de los empleados son inseparables de la historia de lo que hoy es el Centro Comercial el 5 Menos, como Guillermo Araya Bolaños, con 47 años de trabajar en la empresa y titularísimo en la Administración, a la par del empresario.

El 5 Menos es de lo que va quedando de aquel emporio por el que a Pérez Zeledón se le llamó “el granero de Costa Rica”. Y ahí sigue llegando don Saúl Fernández, en las tardes, porque hay clientes que quieren saludarlo y agradecerle; porque hay quienes prefieren que sea él –y no otro- el que les haga el descuento; y porque atender personalmente a sus clientes es una forma –dice el empresario- de darle gracias a Dios por las bendiciones que le ha deparado.

Cincuenta años de Cinco Menos es un capítulo de nuestra historia.
 


26 diciembre, 2012

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