Las jícaras que facilitaron la conquista de El General

Mercado Municipal Pérez Zeledón.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
unque la conquista y la colonización del Valle de El General hoy parecen lentas, debido principalmente a su aislamiento en relación con las comunidades más pobladas y desarrolladas del país, hay razones para pensar que la evolución más bien fue rápida y explosiva.

Una de las causas que mueven a pensar  en que el desarrollo se movió tan rápidamente, es que los generaleños no tuvieron tiempo –desde que se comenzaron a establecer en el Valle a finales del siglo XIX hasta que tuvieron acceso a San José por carretera, en la década de los 40 del siglo XX- para dedicarse a trabajar la talla, los textiles, la alfarería o la cestería, propias de las viejas civilizaciones.

Los cumbos fueron instrumentos indispensables para la elaboración de chicha, una bebida infaltable en los rosarios de El Niño y demás actividades sociales y religiosas de antaño.


Los pioneros apenas tuvieron tiempo para alistar los terrenos, establecerse y sembrar, primero para la subsistencia y luego para generar desarrollo. De ahí que recurrieran a elementos facilitados por la naturaleza, para facilitar la existencia.  En el mejor de los casos, los más pudientes pudieron luego hacerse de pilones para descascarar el arroz y el café y bateas para que las mujeres lavaran la ropa.

Pero hubo, a la par de los pilones y las bateas, un fruto sirvió de ayuda invaluable en aquellos primeros años en que había que acarrear el agua desde las quebradas y los ríos hasta los ranchos pajizos y las rústicas casas de tablones  labrados con sierra de mano o con hachuela: la jícara.

Las jícaras o calabazas son parientes del ayote (en otros lugares al ayote se le llama calabaza) huecos por dentro y con una cáscara firme, que fueron utilizadas para almacenar líquidos: agua y chicha, principalmente.  Se les abría un hueco en la parte más angosta y, para taparlas, se les adaptaba un tapón de madera.

Cumbo que se puede apreciar en el abastecedor de Jorge Arguro Monge Agüero, en el Mercado de Pérez Zeledón.

Cumbo que se puede apreciar en el abastecedor de Jorge Arguro Monge Agüero, en el Mercado de Pérez Zeledón.

Entre las jícaras había unas, de carácter “descomunal”, que servían para guardar cantidades importantes de líquido, llamados “cumbos” y era a los chiquillos a quienes les tocaba mantenerlos llenos de agua. A Jorge Arturo Monge Agüero, presidente de la Asociación de Inquilinos del Mercado Municipal de Pérez Zeledón le correspondió, en momento, llevar agua en otros recipientes más pequeños, para mantener una provisión de agua en su casa.

Con la llegada de los acueductos, las jícaras perdieron utilidad y, con el tiempo, también comenzaron a extinguirse. Pero a Jorge Arturo Monge le quedó, entre los recuerdos de infancia, un renglón dedicado a las jícaras y aquellos enormes cumbos que había mantener abastecidos.

Le preocupaba su extinción pero, a raíz de una conversación que sostuvo sobre el tema en un programa de radio, se encontró con un agricultor de Colinas de Buenos Aires que le ofreció traer un cumbo a su Abastecedor La Familia, en el mercado. No se pudo, porque una vaca quebró el cumbo grande que le tenía reservado, pero sí lo abasteció de semillas.

Ahora, Jorge Arturo Monge tiene jícaras sembradas en su finca de Platanares y ofrece regalar semillas a quienes quieran rescatar, más que un utensilio, un fruto simbólico asociado a la historia del Valle de El General. Su oferta, a través de la radio, le ha permitido ir esparciendo semillas, ya no solo en el Valle de El General, sino también a otras personas que lo han llegado a buscar desde la zona atlántica.

Es la forma de preservar un recuerdo; de recuperar una parte de la historia; de rescatar un instrumento vinculado con los valores primigenios de una civilización. Y una cosa extraña: al acariciar la resistente cáscara de un cumbo, levantarlo –tan liviano- y admirar su enorme tamaño, se le palpa cierta “vibra” de sentimiento y señorío y transmite la imagen de una amadísima anciana de trenza, cotona sobria y enagua larga, ya ha muchos años desaparecida.


28 mayo, 2013

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