La “zona roja” golpeó al emblemático AMANELI

Hotel Amaneli, San Isidro de El General.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

Aunque hay diversos factores que incidieron en el cierre del emblemático Hotel Amaneli, de San Isidro de El General, una contradictoria actitud institucional que se da en la denominada “zona roja” contribuyó a liquidarlo.

Por un lado, se daba un clima de inseguridad expresado por la presencia de personas aparentemente afectadas por las drogas y el alcohol –y a veces vidrios rotos y rastros de sangre en las aceras- que alejaban a los clientes y atemorizaban a los trabajadores nocturnos del hotel.

El Hotel Amaneli cerró sus puertas desde el dos de octubre de 2015. Los propietarios analizan diversas opciones empresariales.

El Hotel Amaneli cerró sus puertas desde el dos de octubre de 2015. Los propietarios analizan diversas opciones empresariales.

Por otro, la represión policial contra los clientes: parte de tránsito a los que se estacionaran sobre la carretera interamericana o boleta municipal a quienes se detuvieran frente a la cara posterior del edificio, así se tratara de un agente de ventas que necesitaba bajar unas cajas.

Esas dos razones, esencia de una reiterada queja del sector comercial generaleño, son, sin embargo, sólo dos de un cúmulo de razones por las que el Hotel Amaneli quedó fuera de servicio desde que comenzó el presente mes de octubre de 2015.

Otras causas desfavorables para los sectores servicios y comercial de Pérez Zeledón, son la pérdida de atractivo de San Isidro de El General como ciudad de paso y descanso, para los viajeros, desde que fue habilitada la carretera costanera, y una sobreoferta de habitaciones, especifica Enrique Fallas, administrador del Amaneli.

En Pérez Zeledón hay treinta y cinco hoteles, algunos de los cuales también han ido perdiendo competitividad con el surgimiento de “pensiones” –casas de habitación habilitadas para alquilar tres, cuatro o cinco habitaciones- que demandan bajas inversiones.

Se cierra un capítulo de la hotelería generaleña. A la izquierda, "blanca", La Casa Amarilla.

Se cierra un capítulo de la hotelería generaleña. A la izquierda, “blanca”, La Casa Amarilla.

Esas y otras razones afectaron el funcionamiento del Amaneli, aunque quizás la de mayor peso es la ausencia de dos pioneros del sector servicio de Pérez Zeledón: Amando Elizondo Barrantes y su esposa Miriam Fallas Mata.

Hijos de las frescas tierras de la Zona de los Santos, a don Amando y doña Miriam se les recuerda por su relación con el sector hotelero y de transportes, primero en la Casa Amarilla (frente al costado oeste del parque de San Isidro) y después en El Rancho Grande (frente al costado norte del Complejo Cultural), como arrendatarios de ambos edificios, y finalmente como propietarios del Amaneli.

Y, también, por la empresa de buses que durante décadas movilizó a los hombres, mujeres y niños que fueron forjando muchos de los pueblos que hoy conforman la sociedad de Pérez Zeledón. Podría ubicárseles, trabajando en los sectores de servicios, comercio y transportes  “domésticos” de Pérez Zeledón, desde mediados de la década de los 40, tras la construcción de la carretera que comunica a San Isidro con San José.

Otro hotel emblemático, del pionero Amando Elizondo, fue El Rancho Grande.

Otro hotel emblemático, del pionero Amando Elizondo, fue El Rancho Grande.

Hoy, los descendientes de estos dos pioneros del Valle de El General se plantean una reestructuración de los negocios y barajan diversas opciones más rentables y menos exigentes, para el edificio que, durante los últimos 35 años, ha dado la bienvenida a los viajeros que arriban a San Isidro en la también emblemática Musoc.

Al sector donde todavía se aprecia el rótulo que dice “Hotel Amaneli” se le ha dado en llamar “zona roja”, un término y un ambiente que no le gusta a nadie, incluyendo a los administradores o dueños de los bares que están ubicados en las cercanías. Ya la Administración del Amaneli había tomado iniciativas en ese sentido, al eliminar el bar “24”, que funcionaba en el sótano del edificio.

Los dueños o administradores de los bares del sector no son gente que propicie o se sienta cómoda este tipo de ambientes y quieren trasladarse a otros sectores menos conflictivos, según han comentado con Enrique Fallas. Quieren irse hacia otros lugares más adecuados a sus propósitos comerciales.

No es que sea un ambiente del todo echado al abandono; la policía patrulla, pero hay situaciones aleatorias que se dan en el momento menos esperado. Aunque sí; la Municipalidad sigue dando largas a un proyecto de vigilancia por medio de cámaras de seguridad, por el que ha clamado, reiteradamente, el sector comercial.


8 octubre, 2015

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