La tienda donde los carajillos de San Isidro aprendieron a trabajar y estudiar

Imagen: La tienda donde los carajillos de San Isidro aprendieron a trabajar y estudiar

Empleados del local El Trabajador  revivieron gratos recuerdos, treinta años después, en un convivio

Juan Diego Jara A.
djara@perezzeledon.net

La tienda donde los carajillos de San IsidroTreinta años después, muchos de los empleados de la tienda El Trabajador revivieron recuerdos en compañía de su jefe José Ayales.

Si todos los jefes fueran como José Ayales Fiatt, verían recompensada su vida de gratitud y admiración por siempre. Y es que, los que tienen más 40 años de edad, recordarán  la famosa tienda El Trabajador, de este gran señor, la cual durante tres décadas abrió sus puertas en San Isidro de El General y dio empleo a los más jovencillos de aquella época.

La tienda El trabajador se encontraba en la llamada “calle del comercio”, en la  cuadra que se quemó a mediados de los 90, donde actualmente hay una panadería. Este local hizo historia en Pérez Zeledón, precisamente por eso, por dar oportunidades laborales  a los chiquillos de ese entonces,  y también  por tener los precios más bajos del cantón. nnLa  muchachada que trabajó del 60 al 80 en dicho establecimiento comercial, hoy gente adulta triunfadora en su mayoría, realizó en días pasados en Quebradas un convivio  con su patrón, don José Ayales, con quien revivieron recuerdos formidables  en una tarde llena de emociones.

Durante el encuentro no faltaron anécdotas, risas, lágrimas, muestras de afecto, pero sobre todo, imperó un sentimiento colectivo de agradecimiento a don José Ayales, por haber sido para ellos el jefe ideal.

Si bien riguroso, don José Ayales siempre se llevó bien con sus subalternos y sirvió de modelo para muchos, en síntesis, fue como un padre para todos los que pasaron por la tienda El Trabajador.

Enrique Solís, alias “Perico”, quien laboró muy joven en ese emblemático local,  comentó que todos sacaron el bachillerato gracias a la ayuda de don José Ayales, ya que él les daba trabajo aun siendo muy carajillos y les permitía estudiar en el Colegio Nocturno, algo poco usual en los patronos de otrora.

“Yo comencé a trabajar a los 14 años. Don José fue como mi papá, hasta los útiles me compraba. Me dejaba estudiar y no tengo cómo pagarle tantas bondades”, acotó Solís.

José Ayales, tiene 76 años de edadJosé Ayales, tiene 76 años de edad, está felizmente casado, tiene tres hijos y disfruta a sus seis nietos.

Por su lado Alberto Rojas, quien laboró del 66 al 73, recuerda sus años en la tienda El Trabajador con agrado, pues también, gracias ese trabajito, se preparó para la universidad.

“Poco antes de irme para la Universidad de Costa Rica, y sin que  don José tuviera obligación de hacerlo, me dio mil colones que me duraron todo el año. Con ese dinero pagué casa y comida en la capital. La tienda El Trabajador marcó un periodo tanto en mi vida laboral como profesionalmente”, aseveró.

Ana Rut Quesada entró a la laborar allí en  1972, primero tres días por semana, después tiempo completo. En 1978 le dijo a don José  que se iba a casar y él la llevó donde el padre Coto. “A don José le agradezco por preocuparse si estaba enferma o si tenía alguna necesidad”.

Belisario Valverde Esquivel, señaló que Ayales fue uno de los primeros patronos que se interesó por los jóvenes de aquella época, “quería para que fuéramos estudiados y ningún  jefe lo permitía”.

Rosario Silva, otra trabajadora de la tienda, manifestó: “José Ayales fue un ángel, así como nos regañó nos ofrecía un fresquito. Nos enseñó a trabajar, a hacer buenos vendedores nunca nos vio como empleados. Supo escoger a su gente, y si uno hacía  una venta bonita nos mandaba a estudiar temprano”.

Innumerables anécdotas germinaron durante el encuentro, como la de Guido Vindas, el carajillo de Pejibaye, de verbo endeble, que le pidió trabajó a don José. Recordaron entre risas la famosa frase de Vindas cuando le expresaba al patrón “queremos hilos”, todos sus compañeros le entendían que si tenían hilos, y le respondían “están abajo”. Lo que el joven intentaba decir era que quería irse porque era tarde.

Enrique Solís y Ligia MéndezEnrique Solís y Ligia Méndez (ya fallecida) en sus años mozos como dependientes de la tienda El Trabajador.

Las ocurrencias de Guido no quedaron ahí, don José contó que  en Pejibaye le delegó a este porfiado joven la tienda La Pala. “En ese entonces Guido se dejó el pelo largo, compró  carro y todas las chiquillas del pueblo andaban detrás del apuesto ‘empresario’ y luego se armó un grupo musical y cantaba canciones en inglés, curioso, que el muchachillo que no sabía ni hablar terminó interpretando temas en otro idioma en el salón El Prado, y para hacerla más jocosa, la organeta que tenía  se programaba sola y todos pensábamos que era un genio”, relató Ayales.

Para José Ayales Fiatt todas esas muestras cariño representan una gran alegría: “Para mí ellos no fueron mis empleados, sino mi familia, todos han sido personas tan especiales que se hicieron con base en esfuerzo  y trabajo”, afirmó.

Acerca de José Ayales Fiatt. Corría el año de 1959 y recién llegado de los Estados Unidos, a su natal San José, el intrépido veinteañero José Ayales Fiatt pensó que era momento de sentar cabeza. Estaba decidido a comprometerse con su novia Grace Campos.

Su padre tenía un almacén en la capital y José quiso seguir sus pasos. De esta manera comenzó a buscar lugares fuera del Área Metropolitana para cimentar su negocio, y el hecho de que su futura esposa tuviera una tía en San Isidro de El General que laboraba como maestra, aunado a la placidez del lugar, lo impulsó a venirse a abrir su tienda aquí.

“Vi unos locales en la cuadra que años después se quemó. Entonces le pedí a un amigo 3 mil colones prestados para empezar a hacer las estanterías.  Mi papá me daba mercadería y en 1960 abrió sus puertas la tienda El Trabajador, con la ayuda de mi tata vendía todo regalado, impusimos los precios bajos en Pérez Zeledón. Yo  necesitaba plata y mi tata no me iba cobrar esa mercadería entonces yo lo vendía todo regalado”, rememoró entre risas Ayales Fiatt.

Omar Castro, Hernán Quirós y Belisario ValverdeDe izq a der. Omar Castro, Hernán Quirós y Belisario Valverde.

Este empresario resaltó que el 12 de marzo de 1960 contrajo nupcias con Grace Campos, precisamente el día que se graduó como maestra y así dio inicio a una experiencia de vida en San Isidro.

“El Trabajador era un negocio para dar un servicio; todo lo  vendíamos en volumen, el plan no era atracar a nadie, sino dar buen trato a todo el mundo y Dios me dio muchísima suerte al tener a gente tan valiosa como los que trabajaron conmigo, lo que tengo se los debo a ellos. Vieras qué curioso, yo a veces me quedaba solo y los mandaba a todos a estudiar para que sacaran su bachillerato”, dijo.

Durante su estancia en San Isidro, don José Ayales alternó las labores del negocio con una de sus aficiones favoritas, el futbol. Cabe mencionar que él militó con el Municipal Pérez Zeledón del 65 al 75 y también dirigió durante ese tiempo al cuadro sureño.

Por ahí de 1985 don José decidió retirarse del negocio, primero porque estaba cansado, segundo porque su esposa Grace quería volver a la capital para estar cerca de sus padres. Fue así como alquiló el local a un cuñado, y otro que tenía, Novedades Ayales, se lo dejó a Ana Rut y a Ligia, dos de sus empleadas, para que lo administraran, empresa que durante cinco años sacaron adelante.

Aunque  a mediados de los ochenta la tienda El Trabajador cerró sus puertas, su legado fue grande en el cantón. En ese local comercial se vendía de todo: cuchillos, botas de hule, pantalones de mezclilla, zapatos de a dos colones, cobijas de a cinco, telas… en fin, la ropa de todo el año.

“Cuando empecé usaba un cuaderno donde apuntaba a  la gente que me había abonado y cuando me retiré tenía un montón de nombres que ni me acordaba”. Expresó Ayales.

Enrique Solís, Emilia Silva y Belisario ValverdeEnrique Solís, Emilia Silva y Belisario Valverde.

Al menos 50 empleados pasaron por la tienda El Trabajador. Hoy 30 años después recuerdan con regocijo esos años que calaron hondo en la memoria por las  amenas vivencias y cúmulo de aprendizajes que representaron para la mayoría el formar parte de la familia Ayales Campos.

Ojalá, que el legado de don José Ayales sirva de referencia para que muchos patronos u otras personas emulen su ejemplo con base en humildad, tenacidad y esfuerzo, ya que si bien este caballero transmitió en sus subalternos muchas enseñanzas, dejó claro que la motivación, aunado a la responsabilidad, son los engranajes perfectos para concretar las metas propuestas.

Qué bonito que lo recuerden a uno con ese cariño, por algo la frase siembra y cosecharás es tan cierta y es que ¿a quién no le gustaría un trato igual? ¿Usted que está sembrando?


24 abril, 2012

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