La pasión de Flor Cubero por la festividad de Navidad

La decoración espectacular de una casa, en el barrio Villa Ligia, de Daniel Flores.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Todas las personas que han participado en la instalación de un portal o la decoración de una casa o de un arbolito, para Navidad, saben que es un trabajo lento y laborioso, pero el que lo hace sabe que tendrá como recompensa la satisfacción de estar haciendo algo que invita a la reflexión sobre el nacimiento de Jesús y la alegría de los niños en su pureza original.

Hacia finales de noviembre y principios de diciembre, cada año, comienzan a verse las ciudades, algunos barrios y muchas casas decoradas. Hay barrios que captan la atención con los atractivos adornos navideños. Es el caso, por ejemplo, de un sector del barrio Santa Cecilia, en San Isidro de El General.

Pero también hay decoraciones que alcanzan dimensiones espectaculares, como la casa de doña Flor de María Cubero y su esposo Olman Picado, residentes en Villa Ligia, distrito de Daniel Flores, a 200 metros al sur de la escuela.

No es difícil encontrar la casa, si se toma en cuenta que parte de la espectacularidad está en un ciprés que, habiendo sido sembrado en el patio, ya alcanza los trece metros. Y debajo de él, y a los lados, y frente a la casa y dentro de la casa, hay miles de luces con los colores navideños, emanadas por 69 series y una cantidad de figuras inflables –cada una con su motor eléctrico- con personajes y alusiones características de las navidades estadounidenses.

Ahí es posible ver diversas imágenes de San Nicolás, un oso polar, un tren, un helicóptero, cisnes, carritos, pingüinos, venados, a Mickey Mouse. Y, por supuesto, un Nacimiento igualmente decorado.

Es un gusto que además de la pasión demanda dinero y facilidades. Las posibilidades de celebrar con tanta presencia de luces y motivos, vienen de que doña Flor es pensionada y viaja con frecuencia –dos veces al año- a los Estados Unidos, donde viven sus hijos.

Flor de María Cubero se pensionó hace seis años, tras una prolongada carrera de 40 años como trabajadora social en el Hospital San Isidro (al que llamamos “Hospital Viejo”) primero y luego en el Dr. Fernando Escalante Pradilla.

Cuenta que en la pobreza, durante su infancia en Zarcero, ella soñaba con adornar su casa y tener un portal, como los demás. Luego contrajo matrimonio, a los 17 años de edad, y viajó a Pérez Zeledón.

La idea de grandes celebraciones para Navidad nunca la abandonaron, pero el sueño se le comenzó a materializar hace cuatro años, cuando comenzó a traer luces e inflables, en sus viajes a los Estados Unidos. La cantidad de motivos navideños fue creciendo con cada uno de sus viajes.

Desde entonces, brinda a la comunidad la oportunidad de admirar sus decoraciones. Comienza a desenvolver, inflar y probar las series, ayudada por su marido, en octubre y ellos dos, sin ninguna otra ayuda, tienen todas las instalaciones dispuestas al iniciarse diciembre.

A partir de entonces comienza a llegar la gente: hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, niños, caminando, con muletas, desplazándose en sillas de ruedas… Y a cada uno de ellos va recibiendo doña Flor en la puerta de su casa, para invitarlo a pasar y a que disfruten su obra. El desfile de visitantes es incesante, en el horario de 5:30 de la tarde a diez de la noche.

La actividad concluye en enero, con un rosario cantado por el grupo Uriyá (de Rivas),  fuegos de pólvora, bocadillos para todos, paletas para los niños. El año pasado –cuenta doña Flor- asistieron 150 personas.

Espera que en el rosario del cuatro de enero la asistencia sea mayor; y que el año entrante todo sea mejor. De hecho, el pequeño ciprés que ahora tiene trece metros, seguirá creciendo y Flor de María Cubero aspira a traer en su próxima visita a los Estados Unidos cuatro “Colachos” y una Rueda de Chicago.
 


21 Diciembre, 2012

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