Homenaje a una leyenda llamada Herberth Cervantes

Herberth Cervantes

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

Había una vez, en Costa Rica, un pueblecito de calles polvorientas, donde parecía que había más motos que carros; y entre los motociclistas había uno que tenía una NSU Quicly 50, a escondidas del papá, que estaba destinado a convertirse en una leyenda.

El 15 de mayo de 2015, durante el Día de San Isidro Labrador.

El 15 de mayo de 2015, durante el Día de San Isidro Labrador.

Una leyenda llamada Herberth Cervantes, la idea de un binomio inseparable: “una moto y un motociclista”; campeón nacional y centroamericano, cuantas veces quiso; conocido y apreciado por todos los que han tenido motocicleta durante los últimos 56 años, que será visitado y homenajeado por motociclistas de todo Costa Rica, el próximo 3 de octubre de 2015.

El reconocimiento será otorgado por Super Bikes PZ, un grupo de motociclistas recientemente creado en Pérez Zeledón, durante su actividad de parchado (adhesión de parches, que identifican al club al que pertenece un motociclista) en el Rancho Don Teo, en Pedregoso.

El reconocimiento está previsto para una actividad programada para las seis de la tarde; pero, de previo, los motociclistas irán llegando a la bomba Gasotica desde el mediodía. De ahí, un desfile encabezado por el generaleño.

No es para menos

Con bigote. A su lado, otro histórico personaje del motociclismo: Sergio Saborío.

Con bigote. A su lado, otro histórico personaje del motociclismo: Sergio Saborío.

Herberth Cervantes ha estado permanentemente asociado al motociclismo desde 1960, y a lo largo de más de medio siglo, se le recuerda compitiendo en moto (o en vehículos de cuatro ruedas) o reparando motos o, simplemente, viajando por las carreteras de Costa Rica y algunos países de Centroamérica.

En NSU, en Norton, en Honda, en Kawa, en Yama… De 50 centímetros; de 100; de 120; de 750; de 1.200; de 1500… y aunque amigo de todos, e invitado como acompañante de lujo, por ser tan buen motociclista y todavía mejor buena gente, usualmente viajaba solo o incorporado circunstancialmente a algún grupo de motociclistas que encontró en el camino. No formaba parte de “pandillillas”; nunca fumó; y nunca bebió guaro.

Tuvo el taller mecánico durante un largo período en el terreno donde hoy está ubicado el Centro Comercial El Cinco Menos; tuvo un taller mecánico en Panamá, durante algunos años; y se ha mantenido al frente de su taller del barrio San Luis durante los últimos 40 años.

Contra viento y marea

Recuerda cuando, hacia 1960, detenía el caballo para quedarse admirando las motocicletas que había en San Isidro. Las de los Saborío, de Tuto Infante, las que iban apareciendo entre los jóvenes y los maestros de aquella época, hasta que –estando en quinto grado de la escuela- tuvo la oportunidad de acercarse a los talleres de reparación de motos.

Aprovechando que hicieron un hueco para instalar el tanque de agua del AyA.

Aprovechando que hicieron un hueco para instalar el tanque de agua del AyA.

Llegaba a ver a los mecánicos trabajando. A los Barquero (constructores de la catedral) y al taller de Virgilio Elizondo. A ayudarles, cuando necesitaban que alguien les alumbrara. Hasta que, por esa cercanía que tuvo con aquella gente, un día se vio traveseando y hasta se compró una moto, a escondidas de sus padres, que le tenían prohibido terminantemente cualquier relación con las motocicletas. Querían que estudiara cualquier otra cosa, menos mecánica.

Y así, a escondidas, comenzó a escaparse a la pista de motocross de Morazán (donde ahora está el barrio Morazán) y así, a escondidas (con permisos firmados por Queco (Sergio) Saborío o Tuto Infante) comenzó a correr en otras pistas, como La Guácima.

Un mecánico

Frente a la agencia de motos de Mario Chávez, antes de que existiera Amaneli.

Frente a la agencia de motos de Mario Chávez, antes de que existiera Amaneli.

Dada su cercanía con los Barquero, un día de 1960 decidió desarmar su Quickly modelo 57, para mejorarla, con la idea de que sus bienhechores se la armaran; pero éstos se fueron de Pérez Zeledón y Herberth quedó con la moto desarmada.

Ante una situación tan desesperada, pidió ayuda a Queco (Sergio Saborío); pero en su lugar salió regañado: si usted la desarmó, usted la arma. Así se van forjando las leyendas. La armó, se dedicó a la mecánica y un día hasta se le ocurrió que iba a construir una moto de dos motores, y así lo hizo.

Y se dedicó a hacer inventos: modificar motocicletas para adaptarlas a las necesidades de las pistas de carreras, para después venderlas, con el fin de ganarse algún dinero y comprarse algo… de motocicleta. Y así tuvo las grandes motocicletas por las que tantos y tantos abrían los ojos como guayabas.

Más que leyenda, un milagro

Cuando alguien se dedica a la reparación y perfeccionamiento de las motocicletas, cada día se aprende algo nuevo; y cuando se es como Herberth Cervantes, cada día se ama más a las motocicletas. Y se vuelve un campeón afamado.

Hecho en la pista de Morazán. Campeón nacional y centroamericano.

Hecho en la pista de Morazán. Campeón nacional y centroamericano.

Fue por la fama que lo llamaron representantes de un club de motociclismo panameño, para que participara en una carrera, el 24 de julio de 1983, cuando tuvo el taller en Panamá. Se había negado a participar en la carrera reiteradamente, pero sucumbió a la tentación, cuando los gringos  le dijeron que lo necesitaban, porque “el cubano” les estaba ganando de todas todas.

Salió de Ciudad de Panamá en aquella poderosísima Honda (¿Hacia David?), con el inconveniente de que un bus se le atravesó, en la recta de Playa Lajas. A algo más de 200 kilómetros por hora.

Después de tres meses de estar en el hospital (dos en Panamá y uno en Costa Rica), un día lo visitaron, en San Isidro, unos amigos panameños. Traían una moto hermosísima, y Herberth, que había quedado sin motocicleta,  no se aguantó las ganas.

Sólo le funcionaba una pierna. Subió a la motocicleta por el Liceo Unesco y, considerando que no tendría dificultades para dar la vuelta en Morazán, hizo el recorrido… pero adivine a quién se topó en el camino. Sí, a don Demetrio (qdDg).

La mamá lo previno para que no llegara a la casa porque el papá estaba enojado; verdaderamente enojado. Pero cuando los panameños se fueron, llegó y encontró al papá más bien meditabundo y reposado. Le dijo: “He estado pensando… mejor que lo vi en una moto y no en una silla de ruedas”. Y ahí, porque existen los milagros, tienen a Herberth Cervantes siendo homenajeado. Así se forjan las leyendas.

 


25 septiembre, 2015

Anúnciate Gratis