Historia de El Príncipe de La Paz (Piedra del Santo)

Cortesía del Periódico Impacto.

Aproximadamente a seis kilómetros del centro de San Isidro de El General, a una altura de 1370 metros, cerca de la comunidad de San Rafael Norte de Pérez Zeledón y sobre una inmensa y extraordinaria piedra, desde la cual se domina visualmente un amplio sector del Valle de el General, se yergue una majestuosa e imponente imagen de Jesús de Nazareth, denominada como El Príncipe de La Paz.
Mario Chávez Granados, empresario de Pérez Zeledón, recuerda que allá por el año 1978 tuvo la idea de montar un anuncio publicitario comercial en la piedra que, por su ubicación, se presenta como un lugar especial para tal fin. Después de madurar esa idea y considerando que dicho proyecto representaba un altísimo costo, descartó la posibilidad de montar el anuncio.

Unos tres años después el señor Chávez comentaba con Monseñor Ignacio Trejos Picado, entonces obispo de la Diócesis de San Isidro de El General, sobre la fallida idea anterior y sobre lo ideal que era este lugar para colocar una imagen. Monseñor también había oído un comentario acerca de la construcción de un proyecto turístico sobre la piedra. Había que acelerar la marcha.

Fue así como, en 1978, se formó una junta que era presidida por el señor Obispo Ignacio Trejos, funciengo como vicepresidente Saúl Mora Mora (q.d.D.g.) y como tesorero el señor Mario Chávez, recordaba el obispo. En el proceso, es preciso destacar la participación de algunos ciudadanos de la comunidad como los señores Juan Valverde, Héctor Zúñiga, Rigoberto Valverde, Fabio Alvarado, Gilberto Chávez, Israel Fallas, Enrique Valverde, todos ellos del Grupo de Retiros Espirituales de Promoción Cristiana, que se entregaron en cuerpo y alma a realizar el proyecto.

Se empezó a trabajar en la colecta de donaciones en dinero en efectivo, para lo cual, con la anuencia del Obispo, dentro de la Catedral se colocó un termómetro que indicaba a los feligreses el avance del proyecto. Al cabo de siete meses se habían recolectado ¢70,000, pero se quería una obra grandiosa. Un escultor nacional, Francisco Ulloa, ofreció esculpir la imagen por la suma de ¢95,000.

Faltaban ¢25,000 y los líderes, junto con otros colaboradores, se dieron a la tarea de recolectarlos mediante la venta de refrescos, comidas, rifas y una misa pic-nic que se realizó al pie de la piedra.

Una vez contratada la imagen con el escultor Francisco Ulloa y teniendo en Casa Sinaí las piezas de fibra de vidrio, había que levantar el monumento. ¿Cómo subir los materiales, haciendo equilibrio por esa roca redonda y de gran altura?

Ante la solicitud formulada por los generaleños, el entonces Ministro de Seguridad Pública, Juan José Echeverría Brealey, se manifestó anuente a facilitar uno de esos helicópteros que en otros países se utilizan para el transporte de tropas, ademas de un contingente de la Guardia de Asistencia Rucal. A decir verdad, el helicóptero era del ejército panameño, que el Gobierno de aquel país prestó a Costa Rica para proteger su territorio, durante la guerra que terminó con la dinastía de Anastasio Somoza.

De previo, sobre lo alto de la roca gigantesca, los guardias habían nivelado el terreno para que sirviera de helipuerto, para llevar hasta allá la piedra, la arena y el cemento que se emplearían en la construcción del pedestal. En este quehacer impresionaba ver a los miembros de Promoción Cristiana que, con todo afán, cargaban todo abajo y descargaban arriba, del helicóptero los materiales de construcción. Emocionaba ver su trabajo pero daba risa verlos completamente cubiertos por el polvo que levantaba, del suelo reseco del verano, la potente hélice del helicóptero.

Cuando ya se habían subido todos los materiales y se disponía el helicóptero a retirarse, llegó la estructura que soporta la imagen y le da la máxima consistencia. Se hizo necesario subir al hombro la totalidad de los bloques de concreto para la construcción del pedestal y luego subir también los gajos de fibra de vidrio que conformarían la figura del Príncipe de La Paz. En este sentido merece mención especial Juan Bautista Valverde, vecino de La Ese, quien en ese momento se comportó a la manera de su estatura, es decir, como todo un gigante. Al Obispo le ocupó, en su oportunidad, la satisfacción de acarrear cinco bloques de cemento.

Un dato curioso que se comprobó con el altímetro del helicóptero es la altura misma de la roca sobre la cual está colocada la imagen, que es exactamente de 300 metros.

Otro detalle digno de tomar en cuenta es que, en la cúspide, la piedra está cubierta con una gruesa capa de tierra que facilitó la construcción del pedestal. De no haber sido así, habría sido necesario ahondar en la roca viva; en otras palabras, habría sido imposible la realización del proyecto.

Ya se dijo que la escultura costó la suma de ¢95,000 (noventa y cinco mil colones) y la obra de instalación ascendió a la suma de ¢62,000 (sesenta y dos mil colones). Al dar por concluida la obra, el escultor Francisco Ulloa, muy satisfecho porque lo tomaron en cuenta y por haber colaborado en la causa, comentó que el valor comercial de la imagen era de ¢4,500,000 (cuatro millones y medio de colones)

El acto de bendición e inauguración se realizó al pie de la piedra, en la mañana del 23 de noviembre de 1980, al finalizar la celebración de la Santa Eucaristía. Se celebraba de esta manera, además, el Vigésimo Quinto Aniversario de la Diócesis de San Isidro de El General.

Desde entonces, una bella imagen del Príncipe de la Paz mira al Valle de El General y levanta su mano derecha para bendición de los generaleños y de los viajeros que transitan por este sector de la Carretera Interamericana.

Idea del nombre “Príncipe de la Paz”

El nombre está tomado del libro del profeta Isaías, quien con ese nombre, Príncipe de la Paz (Is. 9,6) anuncia a Jesucristo como futuro Mesías.

Vivían en esos años de fines de los setenta algunos países de Centroamérica, tales como Nicaragua y El Salvador, sumidos en verdaderas guerras fratricidas y la Junta constituida por Monseñor Trejos tuvo la feliz idea de colocar esa imagen como un símbolo de la paz que, por gracia de Dios, ha distinguido a nuestro noble pueblo costarricense.

Cuando pasamos frente a la imagen del Príncipe de la Paz y la vemos con su diestra en actitud de saludo, nos parece recordar aquel hermoso pasaje del profeta Isaías: “¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del mensajero que anuncia la pas, que trae las buenas nuevas, que anuncia la salvación, que dice a Sión: Ya reina tu Dios!”. (Is. 52,7)

En verdad tenemos que decir que con el correr de los años la imagen del Príncipe de la Paz se ha convertido para la comunidad generaleña en un majestuoso símbolo. Desde innumerables sitios del Valle de El General se divisa la blanca figura que pareciera lucir como el guardián que desde la cima de la roca vela incansable por la tranquilidad de los habitantes del Valle.

La sola roca, por sus grandes dimensiones, hablaba, ya de por sí, de esa otra roca inconmovible que es Cristo, sobre el cual se cimientan los más sólidos principios de la convivencia y solidaridad humanas.


7 marzo, 2005

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