Hay cañeros que siguen quemando a su antojo

Probioti Soluciones Ambientales.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

A
unque, en el papel, existen controles rigurosos para evitar o por lo menos minimizar los daños que las quemas con fines agrícolas causan al medio ambiente, hay un alto porcentaje de productores generaleños que siguen quemando sus cañaverales a discreción.

Saben, por ejemplo, que durante los fines de semana, difícilmente se van a encontrar con un funcionario público que les pida los permisos para quemar y que no van a tener inconvenientes a la hora de la entrega de la caña para su industrialización.

Adiós soto caballos.

Adiós soto caballos.

La suma de tres mil permisos de quema, frente a seis mil productores de caña, es un importante indicador.

Esta es una contradicción que va más allá del humo y el calor por el que suele quejarse el común de la gente o del peligro en que ponen a viviendas y personas, cuando –por no haber acatado los requerimientos mínimos establecidos por ley- ven que el fuego salta a otras propiedades y alcanza fuerzas incontrolables.

El problema es que están acabando con la vida, porque saben que si queman a contrapelo, nada les va a pasar. Bolívar Ureña, propietario de la empresa Probioti soluciones Ambientales explica que, de manera controlada, los riesgos por causa de las quemas con fines agrícolas, son mínimas.

Que a los agricultores se les pida que quemen sus cañaverales entre las cuatro de la tarde y las siete de la mañana, tiene sentido, explica, porque los vientos nocturnos son menores, y el humo sube; y porque si el agricultor quema desde un solo lado –en el sentido contario del viento- el fuego se extiende más lentamente, y en un mismo sentido, dándoles tiempo a los animales para escapar.

Un recodo a donde escapar el fin de semana, destruido por tercera vez.

Un rincón a donde escapar el fin de semana, destruido por tercera vez.

Pero hay agricultores que se niegan a acatar las disposiciones, porque sienten que nadie los obliga. En el sentido inverso, queman a cualquier hora y, para que el incendio dure poco, van esparciendo el fuego por los cuatro costados de la propiedad, encerrando de esa manera a los animales, que mueren calcinados.

Y se despreocupan de que se haya quemado el monte en un humedal, “porque a los días retoña”, ignorando que están desprotegiendo y evaporando las aguas que, infiltradas en la profundidad de la tierra, pueden estar contribuyendo con el caudal de una quebrada de donde una familia se abastece.

No ponen sobre aviso a los vecinos de que van a quemar (con las 48 horas de anticipación previstas); no le llevan una copia del permiso ni al vecino ni a la delegación policial más cercana; difícilmente se abastecen de escobas y agua; incumplen la obligación de contar con una ronda mínima de dos metros, cuando se trata de quemar la maleza de una finca…

El fuego se propagó por el cañal, el proyecto de siembra de árboles y el sector boscoso.

El fuego se propagó por el cañal, el proyecto de siembra de árboles y el sector boscoso.

Saben que el fuego sólo va a tardar unos minutos en quemar las hojas secas; y que en el caso extremo de que sean descubiertos por la policía o un funcionario del Ministerio de Salud, podrán decir que “fue a ver, porque alguien le metió fuego a la finca”.

La alternativa, para evitar la devastación, dice Ureña, está en que a cada productor que lleve caña quemada al ingenio, se le exija el permiso para quemar que le otorgaron en el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Ureña es propietario de una finca orgánica, en El Pilar de Cajón, que ha sido devastada o severamente dañada, en los últimos tres veranos, por causa del fuego proveniente de la propiedad de un vecino. (La del vecino es la única finca de los alrededores que aparece quemada, y a pesar de que la ley impide quemar en ella, por encontrarse junto a un humedal).

En la primera ocasión, le quemaron cañal orgánico con que se abastecía para producir y comercializar jugo de caña. Esta vez, el fuego avanzó sobre el cañaveral, reservado sólo para después aprovechar la semilla, y devastó los 250 arbolitos de soto caballo que había sembrado con la ayuda del programa Sembrando Agua y de la Municipalidad de Pérez Zeledón.


2 marzo, 2015

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