“Hasta monseñor Delfín Quesada contaba chistes en mi negocio”

Imagen: “Hasta monseñor Delfín Quesada contaba chistes en mi negocio”

José María Pérez,  dueño de Tropigas en San Isidro de El General

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Desde 1972 tiene a cargo la filial de Tropigas en San Isidro.

Don José María Pérez Rodríguez es un comerciante muy conocido y de trayectoria en San Isidro de El General, desde que arribó en 1972 para establecer la filial de Tropigas.

Oriundo de Miramar de Puntarenas, vivió un tiempo en San José,  donde se casó y nacieron sus tres hijos, Nora Isabel, Olga María y José Manuel. Sin embargo, en 1967 comenzó a trabajar para la compañía Tropigas en la capital y luego de cinco años le asignaron la zona sur. Producto de sus viajes, se dio cuenta que en el cantón había necesidad de abrir un local fijo donde la gente llevara sus cilindros, accesorios y repuestos para cocina.

De esta manera, le alquiló el establecimiento a Pedro García, y desde ese momento existe aquí Tropigas. “La empresa me autorizó el traslado para Pérez Zeledón. El primer año me vine solo con un hermano que me ayudaba con el transporte. El problema era que mi esposa no podía venirse porque laboraba como docente en Guadalupe, pero por dicha logró permuta en la Escuela Villa Ligia y en el 73 se vino con mis hijos”, contó don José María.

Don José María ha viajado por muchos países. La foto es en Dubai, Emiratos Árabes.

Este personaje, provisto de memoria prodigiosa y buen verbo, cuenta que el establecimiento que hoy muchos conocemos tenía una estructura diferente a la actual; el techo era de teja y el piso de tablas anchas.

“En 1976 le compré a don Pedro esta propiedad de 500 metros cuadrados, en 225 mil colones. Después le fui haciendo remodelaciones, hasta que en 1979 construí el edificio contiguo donde ahora se ubica el bufete de Randall Sánchez”, explicó.  

Don José María manifestó que él y su familia siempre han vivido en la parte trasera del establecimiento, por lo que han presenciado el crecimiento acelerado que ha tenido San Isidro, que dejó de ser un pueblito, para convertirse en ciudad.

“San Isidro ha sufrido cambios bruscos. En aquellos años cuando uno venía de San José de noche, se veía una diminuta hilerita de luces de la catedral al Brasilia, pero hoy esto es inmenso. Antes eran solo casitas de madera y calles de piedra, ahora hay infraestructura moderna”, dijo.

La filial de Tropigas en San Isidro, frente al restaurante Delji.

Considera que el desarrollo de Pérez Zeledón se debe a la ubicación del lugar, al  pujante comercio y porque se cuenta con buenos servicios.

Como anécdota, don José María narró que la gente de este valle antes era más de pueblo, ahora se cree de ciudad, “hasta los mismos jerarcas de las instituciones para verlos hay que sacar cita, y antes, hasta el finado monseñor Delfín Quesada se venía a caminar y se sentaba en mi negocio a contar chistes; no tan graciosos, pero era muy bien recibidos tratándose de quien venían”.

También relató que San Isidro antaño era tan sano que se dormía con las puertas abiertas, por el calor que caracteriza la zona.

Este comerciante comentó, que con el paso del tiempo, como el negocio creció, fue abriendo sucursales de venta de gas en pulperías de todo el cantón, pero en el 2005 decidió entregarle la distribución a Tropigas para mitigar la carga y vivir más tranquilo. A la fecha se encarga solamente de su local.

Don José María es miembro activo del Club de Leones de San Isidro de El General desde hace 30 años, y señaló que pertenecer a ese grupo lo llena por completo, pues representa colaborar con los que menos tienen.

Actualmente sigue atendiendo su negocio, con el carisma que lo caracteriza. Afirma sentirse generaleño porque probó el agua del río General, y a sus 68 años de edad se siente pleno con su vida.


15 abril, 2011

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