Guardianes del Chirripó

Rivas (Pérez Zeledón). A 3.400 metros sobre el nivel del mar, entre vegetación de páramo y en un albergue construido con piedra, casi en el pico más alto del territorio nacional trabajan guardaparques, encargados y voluntarios durante gran parte del año.Mínor Elizondo y Rodolfo Elizondo, son dos de ellos. Pasan gran parte de su vida en el centro ambientalista El Páramo, el lugar de estadía para los caminantes que se enrumban hacia el cerro Chirripó y donde laboran estos verdaderos amantes de la naturaleza.

Oficio singular

Para llegar a su sitio de trabajo caminan 14 km. Claro que, con la amplia experiencia que tienen, hacen el empinado recorrido en unas cuatro horas, mientras que cualquier caminante lo haría entre seis y ocho horas.

Rodolfo es el encargado de preparar los alimentos a todos los que no han planeado cocinar. Subió por primera vez al parque cuando tenía 13 años y desde entonces nunca dejó de hacerlo.

Fue guía turístico en el área y desde hace tres años trabaja para la Asociación Amigos del Chirripó, la cual pretende dar protección al parque y mantenimiento al albergue. Vive durante dos semanas en El Páramo y se va otras dos semanas a su casa.

Mínor es guardaparques y protege la zona desde hace 13 años. Sube hasta el albergue unas diez o doce veces por año. Se encarga de la vigilancia del parque y refuerza las labores en las fechas en que en el albergue permanecen muchos montañistas.

Ambos guardan en sus corazones experiencias que los marcaron para toda su vida. Por ejemplo, Minor cuenta la estadía de una semana completamente solo en el albergue y el ascenso de personas ciegas. Rodolfo también está marcado por el Chirripó: siempre recuerda a un hombre discapacitado que caminó con muletas hasta la cima.

Fuente: La Nación Digital
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7 mayo, 2004

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