Generaleños llegaron en motocicleta a la ciudad del fin del mundo

Melvin Madriz y Vera Monge.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net  

U
n reconocido y popular matrimonio generaleño tomó la aventura de viajar en motocicleta hasta Ushuaia, “la ciudad del fin del mundo”, hazaña que coronó con éxito, al cabo de dos meses de un viaje de ensueño, con su regreso a Pérez Zeledón, en la tarde de ayer, viernes cuatro de marzo de 2014.

“Más que una aventura, es una súper aventura”, decía Vera Cruz Monge Rojas, esposa de Melvin Madriz Picado, como preámbulo a una rápida narración de un viaje que los llevó por Panamá, Colombia, Ecuador, Chile, Paraguay y Argentina, a familiares y amigos que los estaban esperando en el Hotel Los Pinos.

Con las banderas de Argentina y Costa Rica.

Con las banderas de Argentina y Costa Rica.

Fue la culminación de un sueño que habían abrigado don Melvin Madriz y doña Vera Monge, propietarios de los hoteles Los Crestones y Los Pinos, a lo largo de muchos años.

A Madriz lo impresionaba lo que leía y veía acerca de la ciudad más austral del mundo y la tentación lo sobrecogía cada vez que llegaban a Los Crestones motociclistas aventureros de otras latitudes, incluyendo  la remota Australia.

Pero la convicción de que podría emprender el viaje llegó al límite, cuando llegó a Los Crestones un estadounidense de más de setenta años, que viajaba en motocicleta hacia Ushuaia sin ninguna compañía. Y, diciendo y haciendo, don Melvin y doña Vera alistaron maletas, tomaron las providencias, abordaron la motocicleta y así, con algo más de sesenta años de edad, emprendieron un viaje de doce mil kilómetros, el primero de febrero.

Vino, entonces, una larga secuencia de experiencias, en un recorrido que los llevó de capital en capital, de ciudad en ciudad y a veces desviándose de la ruta principal, para conocer lugares turísticos tan emblemáticos como la casa de Gardel y el misterioso Cuzco.

La inmensidad del desierto.

La inmensidad del desierto.

Y así llegar hasta Ushuaia, la capital de la provincia de Tierra del Fuego, un territorio de 21 mil kilómetros cuadrados, que abarca tierra continental de la República Argentina, la Antártida e islas del Atlántico Sur.

Estar en el Parque Nacional Tierra del Fuego es encontrarse con la inmensidad; con la belleza; con lo perfecto, relata doña Vera. Y Ushuaia, muy lejos de ser el lugar de confinamiento en lo histórico, de soberanía territorial en lo militar y de condena en lo literario, es una ciudad costera de un fuerte imán turístico. El frío y la nieve invernal son tan atractivos para unos, como las playas tropicales para otros.

Exclusivo, eso sí, porque ahí es donde termina el mundo; donde finaliza la “Ruta Nacional N° 3” o, por decirlo de otra manera, donde comienza el trayecto de 17.848 kilómetros de carretera interamericana que comunica la Tierra del Fuego con Alaska, a 3.079 kilómetros al sur de Buenos Aires.

De nuevo con la familia.

De nuevo con la familia.

¿La moto? Una belleza BMW de 1.200 centímetros cúbicos impecable; que no pide más que gasolina, para seguir devorando kilómetros; concebida para infinitas carreteras asfaltadas y que no se queja en las interminables carreteras de lastre bajo el sol abrazador de los desiertos. Así en jornadas de cuatrocientos a quinientos, en un día, así en una jornada de 680 kilómetros en una sola largada.

No tuvieron mayores incidentes, como no fuera por las ventiscas que le volcaban la moto a Madriz, en una ocasión, cuando intentaba estacionarla; o cuando la arenisca en una carretera de piedra los sacó de la carretera (sin que llegaran a poner las rodillas en tierra). Y aunque hostil, en amplios trayectos desérticos, azotados por el sol y las ventoleras, no tuvieron carencias de nada; ni de hospedaje, ni de alimentos, ni de combustible…

Ya Madriz, quien siembre ha expresado su gusto por las motocicletas, había hecho otros recorridos anhelados por tantas y tantas personas, a Panamá y a Guatemala, visitando todas las capitales centroamericanas. ¿Pero a Ushuaia…? Y don Melvin y doña Vera regresaron tan frescos y lozanos, como si sólo hubieran salido a dar una vuelta por el parque de San Isidro.


5 abril, 2014

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