“Fui prostituta y no me arrepiento”

Conozca la historia de una joven, quien llegó a este trabajo por miseria y pese a haberse retirado, asegura que la prostitución se lleva en la sangre

Xinia Zúñiga J.

En lo personal siempre quise entrevistar a una prostituta, ya fuera que estuviera
ejerciendo la “profesión” o que se hubiera retirado, con
el propósito de conocer más a fondo su vida, sus sentimientos
y las dificultades que se viven en ese ambiente, pero lo que jamás me
imaginé es que el destino me pondría en el camino a una amiga,
ex compañera de colegio y a quien no veía desde hacía más
de tres años.

Esta joven a quien de ahora en adelante llamaremos “Sonia”, por
respeto a su privacidad, terminó la secundaria y fue becada en una universidad
estatal, pero por falta de recursos económicos se retiró, ya que
en ocasiones no tenía dinero ni para los pasajes del autobús.Por eso, en busca de mejores oportunidades se marchó para la Meseta
Central y vivió con una amiga de la infancia. Desesperada porque no encontraba
empleo, un día se dirigió a una dirección que encontró
en un periódico, en donde se solicitaba Masajista y como por vocación
conocía un poco de este tema, fue al lugar anunciado, pero asegura que
nunca se imaginó lo que le iban a ofrecer.

¿Cómo llegó a la prostitución?

-En un periódico leí un anuncio que decía “se necesita
masajista” y al llegar al lugar me atendió una mujer muy linda
y me dijo que el trabajo era masaje con sexo, que si lo aceptaba o no. Salí
de aquel sitio y me puse a llorar, porque no podía creer que esto me
estuviera pasando, ya que estudié con la esperanza de tener un empleo

decente; sin embargo, por la pobreza que estaba viviendo, como a los tres días
regresé dispuesta a todo.

¿Qué tan difícil era su situación económica?

-Llegó el momento en que mi amiga llegaba del trabajo con el estómago
lleno, mientras que en la casa no tenía nada que comer, en verdad no
sé por qué hacía eso, ya que siempre nos hemos llevado
muy bien. Muchas veces me acostaba para dormirme y no sentir mis intestinos
crujir (…)- (La interrumpe el llanto).

¿Por qué no buscó otro trabajo?

-Cuando me vine para la Meseta Central, mi amiga me dijo que había
rótulos con ofertas de trabajo por todas partes, pero después
de unos días me di cuenta que la situación era otra y por más
que presenté currículos nunca me llamaron de ninguna empresa.

¿Cómo era aquel ambiente donde trabajaba?

-Llegaba como a las 8:00 p.m., saludaba a las compañeras, me cambiaba
de ropa y maquillaje, me tomaba un café y encendía un cigarrillo,
mientras que en una banca esperaba que llegara algún cliente que me eligiera
para ir a la cama.

¿Qué fue lo más difícil que vivió
en aquel ambiente?

-Muchas cosas, pero lo peor fue sentir la presencia del Diablo cuando estaba
teniendo sexo con los clientes; además, llegué a ver la sombra
de una mano por los casilleros y en mi casa, sentía la presencia de alguien
y percibía por ratos un olor apestoso. Tuve que orar para reprender esos
espíritus demoníacos que no me dejaban en paz.

¿Cómo te trataban los clientes?

-Había de todo, desde un hombre que me llevaba chocolates, otro que era
cariñoso, hasta quienes te querían hacer daño. Por dicha
que nunca me pasó nada grave.

¿Qué peligros enfrentó?

-En una ocasión un cliente no quiso ponerse el preservativo y me tapó
la boca con sus manos para que no gritara pidiendo ayuda, pero astutamente bajé
la guardia y en un pequeño descuido, le di un golpe al picaporte de la
puerta y salí corriendo desnuda. Las compañeras me socorrieron
y yo estaba en un temblor del susto.

Usted se casó con el fin de salir de la prostitución. ¿Entonces por qué siguió en lo mismo?

-Porque ya estaba acostumbrada a aquel lugar, al ambiente y por el dinero,
ya que llegué a ganarme hasta ¢30 mil en una noche.

¿Tuvo su esposo sospechas de su trabajo, la amenazó alguna
vez, le preguntaba dónde trabajaba?

-Él sospechaba algo y en una ocasión me dijo que un día
me iba a seguir, pero gracias a Dios nunca lo hizo e incluso, una vez me apuntó
con un arma de fuego y no le eché un paso atrás, ya que le dije
que disparara porque mi vida no le pertenecía a él sino a Dios,
entonces retrocedió en silencio. En cuanto a mi trabajo siempre le aseguré
que laboraba en un restaurante.

¿Por qué se separó de su esposo?

-La vida matrimonial se convirtió en un tormento, ya que él
era muy desordenado en la casa y su aspecto personal; además, me obligaba
a tener relaciones sexuales… (la interrumpe otra vez el llanto) Me cansé
de vivir así y ahora estoy a punto de divorciarme.

La diferencia de edades era muy grande entre ustedes. ¿Considera que eso influyó en su matrimonio?

-Él podría ser mi padre, porque tiene más de 50 años
y yo apenas estoy por cumplir los 28, pero en realidad la diferencia de edades
no hubiera importado si el trato hacia mi no fuera el que él me dio.
Quizás si me hubiera sabido ganar con detalles, las cosas serían
diferentes (…).

¿Qué la motivó a salir de la prostitución?

-Una amiga nicaragüense que tenía en ese lugar, quien me daba
seguridad por su carácter, me dijo que se retiraría y en realidad
esa noticia fue un golpe muy duro para mi, ya que sin ella me sentía
desprotegida, entonces decidí salir también.

Pero después de haberse retirado usted volvió de nuevo,
¿por qué?

-Sí, (hace una breve pausa) porque me cortaron el agua y la electricidad.
Estuve a oscuras muchos días y me daba vergüenza que los vecinos
se dieran cuenta. En cuanto al agua una vecina me la regalaba, pero tenía
que esperar a que anocheciera para llenar unos baldes. Cuando tenía mucha
hambre me acostaba para dormirme y no sentir aquel dolor en el estómago.
(sus lágrimas son inevitables) Un día me desmayé en un
teléfono público, ya que estaba muy débil y además
entré en un cuadro crónico de Anemia… ya estaba muy mal de salud.

¿Tuvo límites o hasta dónde llegó en la
prostitución?

-Llegué a estar en hoteles muy lujosos y bailé en clubes nocturnos,
a eso llegué, a bailar desnuda alrededor de un tubo y en medio de no
sé cuanta gente. Sólo recuerdo que la administradora me decía
que no observara a nadie a la cara porque me desconcentraba. Fue una etapa muy
difícil, porque cuando iba de regreso a mi casa, sentía que todo
el mundo me reconocía y me tapaba la cara con el cabello.

Como el alcohólico que puede caer de nuevo, ¿una ex prostituta
podría volver a este “oficio”?

-Creo que sí. La prostitución es algo que te marca, es como un
tatuaje, algo que se lleva en la sangre. Uno trata de vivir un día más
sin prostituirse, como el alcohólico trata de pasar un día más
sin probar un trago.

¿Volvería a prostituirse y por qué?

-Sólo pienso qué hago si perdiera mi empleo (es Masajista Terapéutica),
quién paga mis deudas… No quisiera volver, pero tampoco lo descarto.

¿Se ha arrepentido de lo que hizo, tomando en cuento que usted
fue cristiana y tuvo una vida sometida a Dios?

En algún momento le pedí perdón a Dios, pero fue algo sólo
entre Él y yo, porque hay algo dentro de mí que no se arrepiente
del todo, ya que lo hice conscientemente y en un momento que lo necesitaba.

Sonia es la segunda de tres hermanos. En la actualidad sólo su hermano
menor conoce su historia; ella fue víctima de violación por parte
de su padre biológico cuando tenía unos cinco años de edad.
Asegura que él abusó de ella en varias ocasiones, pero que al
decirle a su madre ésta no le creía, hasta que lo pudo comprobar
por sí misma. Esa fue la causa de su divorcio y desde entonces ella fue
la oveja negra de la familia. Sus dos hermanos son profesionales y aunque estudió
Masaje Terapéutico, aún no ha podido terminar la universidad.

Ella quiso compartir su historia con otras personas, para que su caso sirva
de ejemplo para muchos jóvenes quienes tienen la oportunidad de superarse
y no la aprovechan o para los que teniendo todo en su familia, se viven quejando
a diario…


27 diciembre, 2004

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