Frijoleros apuntan a alianzas en busca de justicia social

Frijoleros de Asoproveracruz.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

A
unque la situación que enfrentan los productores de frijoles de Pérez Zeledón y Buenos Aires dista mucho de la crisis que vivieron hace unos pocos años, los precios del producto siguen siendo bajos y el dinero les llega con una lentitud desesperante.

Los líderes de los productores observan la necesidad de establecer consorcios de productores, acudir a ferias y buscar el apoyo de organizaciones  -como las eclesiásticas- para llegar directamente a los productores, con el fin de mitigar los atrasos burocráticos y el descomunal poderío de los industriales.

La Asociación de Productores de las Comunidades de Veracruz (Asoproveracruz) se las ha arreglado para que reciban un precio mínimo por los frijoles y el maíz, pero sigue quedando un rezago significativo, debido a los lentos trámites de pago en el Consejo Nacional de la Producción (CNP).

Dineros empantanados

De acuerdo con datos contables de la Asociación, a mediados de diciembre del presente año 2013 tenían a su favor, entre la deuda del CNP y la empresa privada y los granos almacenados, un total de 229 millones de colones, mientras que ellos estaban debiendo a diversos proveedores y entidades financieras la suma de  139 millones de colones.

Ponen a producir aquellas montañas, sacan sus productos por las laderas y luego... esperar.

Ponen a producir aquellas montañas, sacan sus productos por las laderas y luego… esperar.

En la diferencia entre lo que tienen por cobrar o por vender y lo que deben –decían los datos contables- destacaba la deuda del CNP, que alcanzaba los 102 millones de colones. Y, sin embargo, la institución gubernamental es la que les ha venido a dar las grandes soluciones, en su eterna dificultad por vender sus productos sin caer en las telarañas de los intermediarios.

El CNP –por iniciativa del Ministerio de Agricultura y Ganadería- acudió en apoyo de los productores mediante el Programa de Abastecimiento Institucional (PAI). Les compra sus productos y los coloca en instituciones públicas de alto consumo, como las cárceles y los hospitales.

Pero tarda meses –tres, cuatro y hasta cinco meses- para pagar, debido a los lentos trámites burocráticos, circunstancia que obliga a la Asociación a salir a buscar dinero, para pagarles con agilidad a los productores, algo que está haciendo por medio de un préstamo bancario y el factoreo con una cooperativa financiera.

El banco les permite contar con un capital de trabajo expedito  –una especie de caja chica- limitado, porque no tienen garantías reales para un préstamo mayor; y la cooperativa les compra las restantes facturas.

A la buena de las financieras

Pero en ambas formas de financiamiento tienen que pagar intereses que salen de sus sudados bolsillos y, de ahí, la necesidad la necesidad de que el país cuente con una banca de desarrollo que les permita contar con créditos blandos y sin las rigurosas exigencias de las políticas bancarias nacionales.

Si levantan la paletita no les hacen caso; si bloquean un camino son unos rebeldes.

Si levantan la paletita no les hacen caso; si bloquean un camino son unos rebeldes.

Las condiciones en que se desenvuelve la producción de granos, a pesar de que dista mucho de lo que ocurría hace unos años, no tiene a nadie contento, como no sea a los industriales que, además de manejar el mercado con las facilidades que les otorgan los tratados de libre comercio, compran las cosechas cuando les conviene, al precio que les conviene. Desde su perspectiva empresarial, no podría ser de otra forma.

“Yo no estoy contento con los precios que se están pagando en este momento”, afirma Freddy Morera, presidente de Asoproveracruz, al observar que la alternativa de los productores está en llegar directamente a los consumidores, que son quienes, a fin de cuentas, toman la decisión de qué comprar y qué no, para evitar la intermediación y los atrasos.

Pero también es necesario sumar, a la alianza con los consumidores (en el entendido de que van a estar conscientes de la importancia de pagar un poquito más por los frijoles 100% de Costa Rica), las relaciones con tras organizaciones de productores, para ser más fuertes, y de justicia social, como la Iglesia Católica (que, por ejemplo, desarrolla un programa de precio justo en Aserrí) para amortiguar la arremetida de los industriales y mejorar y dignificar la labor de los campesinos


23 diciembre, 2013

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