Fernando, el limpiabotas de Pérez Zeledón.

Imagen: Fernando, el limpiabotas de Pérez Zeledón.

Él es sobreviviente de una estirpe en extinción.

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


Don Fernando sabe cómo pulir el calzado.

Darle brillo al calzado es su arte y se siente orgulloso de ello, pues lo hace bien y los clientes confían en su trabajo.

Desde muy temprano, Luis Fernando Vargas Vega, comienza su faena en la acera contigua a la Reina del Valle en San Isidro. Él es quizá, el único limpiabotas que queda en el cantón generaleño. Esto porque los otros se han retirado, unos ahora son: carniceros, chanceros, mecánicos, y hasta policías.Fernando sabe cómo ganarse a los clientes con su sagacidad en el oficio, pues primero le quita el barro al zapato, luego le pasa bastante betún y remata con mucho brillo.

Antaño mejor. Sin embargo, este personaje recuerda que antes le iba mejor, cuando era joven y los clientes hacían fila en el parque para poner lustre al calzado.

“A los 11 años comencé en esto. Éramos un grupo de amigos limpiabotas que nos ubicábamos en el parque a esperar que los señores de campo llegaran. En aquellos tiempos cobraba 6 reales, (3 pesetas)”, comentó Vargas.

Ahora los tiempos han cambiado, la gente solicita menos sus servicios pero eso no lo desmotiva porque los clientes fieles siempre acuden.

Cada lustrada se lleva aproximadamente 15 minutos. Actualmente cobra ¢700 por los zapatos bajos y ¢800 por las botas.


¡Eso sí! el hombre no da fiado

Fernando trabaja parejo, los domingos hasta las 11:00 a.m. Él se ubica en la acera frente a la Reina del Valle porque afirmó que la Municipalidad lo sacó del parque después de la remodelación. “Según ellos porque daba un mal aspecto ahí”, acotó.

“Este nuevo punto está feillo pero ahí se la juego uno. Nadie lo molesta. La gente sabe que uno la está pellejeando honradamente”, añadió.

En su cajón anda dos cajas de betún de diferente color, 15 cepillos, una silla para sentar a los clientes y, lo más importante, no fía.

Este limpiabotas nació en San Isidro de El General, tiene 42 años, una esposa, y considera que continuará en el oficio hasta que Dios se lo permita.


5 Noviembre, 2007

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