Explorando Puerto Jiménez, cerca de Corcovado, en la Península de Osa

Imagen: Explorando Puerto Jiménez, cerca de Corcovado, en la Península de Osa

Crónica de una travesía llena de aventura y bellezas naturales

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Puerto Jiménez es la puerta de entrada al Parque Nacional Corcovado.Se calcula que viven en la comunidad al menos 8.000 habitantes.

Un equipo de PerezZeledon.net, conformado por Marcia Elizondo, Fabián Vargas y este servidor, nos trasladamos a Puerto Jiménez, en la Península de Osa, para cumplir una grata faena.

Nuestro destino era la Hacienda Río Oro, de la familia Sánchez Sibaja, que rebosa de aventura, bellezas naturales y emociones inigualables.Así comienza. Al dejar la Interamericana Sur en Chacarita, y tomar la desviación a Puerto Jiménez, nos encontramos con un trayecto en pésimo estado: la calle da vergüenza y está llena de huecos en varios kilómetros, al menos hasta Rincón.

En la ruta, un gran paisaje y bajo la sombra de los árboles de Poró.

Sin embargo, pese a los cráteres en la vía, producto de la negligencia de nuestro Gobierno, el paisaje es hermoso, con un verdor exuberante en las montañas y el Golfo Dulce imponente a la vista del viajero.

Y ni qué decir de Los Mogos (tres pequeños islotes en la bahía) que ofrecen una panorámica fantástica y en los cuales se pueden realizar diversas actividades como el snorkel, la exploración de las islas, la pesca, entre otros.

Ya en Rincón, divisamos la ruta que lleva a Bahía Drake, otro lugar maravilloso de la Península de Osa, que en otra oportunidad describiremos.

En Rincón se acaban los molestos huecos y nos recibe una  carretera de primer nivel, similar a la Costanera Sur. Es una belleza conducir en esa vía, en cuestión de 20 minutos se está en Puerto Jiménez. Lástima que no esté así todo el camino.

Las garzas abundan al igual que diversas aves.

Al arribar a Puerto Jiménez, la principal puerta de entrada al Parque Nacional Corcovado, nos encontramos con un pueblo tranquilo, pintoresco y ameno. Solo la calle principal está asfaltada, pero cuenta con buenos restaurantes, alojamientos, agencias turísticas, supermercados y servicios básicos.

Si bien, visitar la zona resulta costoso para el turista nacional, para aquel amante de la naturaleza hay opciones cómodas de hospedaje, ya que en ese paradisíaco lugar lo que menos importa es el lujo material sino el confort espiritual que ofrece el ecosistema.

Después de recorrer los principales cuadrantes de la comunidad, nos abastecimos de líquido para hidratarnos ante el fuerte calor y nos enrumbamos hacia Aguas Buenas, a la Hacienda Río Oro, a unos 35 km del centro de Puerto Jiménez, por la misma ruta que se accede al Corcovado por Carate.

Las lapas son uno de los principales atractivos al llegar a la Hacienda Río Oro.

En este trayecto el paisaje es aún mejor: hay que pasar por una recta de lastre entre fincas ganaderas a un lado y maravillosas playa al otro. De esta manera, avanzamos inmersos entre densa vegetación, aguas cristalinas y frescura.

Al llegar a Río Oro, unos seis kilómetros antes de Carate, nos adentramos en un verdadero paraíso natural: cautivados con el espeso follaje, ganado, caballerizas, el sonido de las lapas, los árboles… en fin, entre rebosante naturaleza.

Ahí nos esperaba Jairo Lazo, capataz de la hacienda, quien nos atendió muy amablemente y  nos ensilló caballos a cada uno para realizar un tour por el Sendero del Puma, en una majestuosa cumbre, donde pudimos presenciar diversidad de aves endémicas, bosque primario, ganado, potreros y mucho follaje.

Tour a caballo por el Sendero del Puma, bosque y mar en el entorno.

El recorrido de 600 metros fue belleza espectacular. Al descender atravesamos potreros, vimos ganado, búfalos y otros animales.

Luego dejamos el bosque y galopamos hasta el humedal, el cual surcamos en panga para divisar a las garzas y a sus crías, así como las numerosas especies de flora y fauna que encierra.
Después hicimos kayak, fuimos a la playa y retratamos cada uno de los detalles majestuosos que tiene esta hacienda.

Al volver a la cabaña principal, nos subimos a una volanta y conocimos a Checo, un búfalo sentimental de mil kilos al que solamente le hace falta hablar.

El capataz de la hacienda Jairo Lazo, junto con el búfalo “Checo”.

De esta forma, dejamos la hacienda Río Oro, dejamos Puerto Jiménez, con el sol declinando a nuestras espaldas y nuestros cuerpos maltrechos por la intensa jornada. La fase crepuscular nos indicaba el retorno a San Isidro de El General.

La verdad, vivimos  una experiencia sin precedentes, que demuestra que Costa Rica está llena de tesoros naturales que a veces ignoramos.

Puerto Jiménez es una opción para visitar. En definitiva, la Península de Osa rebosa en riqueza natural y tiene mucho que mostrar al viajero nacional. Así es que no lo piense, salga y conozca su patria.


2 junio, 2011

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