Estamos urgidos de cajeros automáticos

Imagen: Estamos urgidos de cajeros automáticos

Juan Diego Jara A.
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Juan Diego Jara
Periodista

El tiempo apremia y debo llegar a mi destino. Llueve. Necesito avanzar, tomar el bus, se me hace tarde. Me percato que no porto dinero en el bolsillo y que no me queda más que recurrir al cajero automático para sacar unos míseros billetes.

Y de pronto un mal presentimiento me agobia; otras veces me ha pasado, pero albergo la esperanza… diviso el Banco y mi nefasto augurio se convierte en realidad: una fila interminable de gente requiriendo hacer lo mismo.Estoy allí, con el ceño fruncido, impaciente, soy uno más del montón ‘alargando la cola’. No quiero hablar con nadie; preciso que la fila avance, que la gente aligere. Pero no, sucede todo lo contrario. Cuando uno anda apurado pasan estos inconvenientes que se convierten en todo un suplicio.

Sé que ya no llegaré a mi destino, ahora solo que me queda esperar a que quienes están delante de mí sean prestos y saquen el dinero en el menor tiempo posible. Pero no, la última señora que entró al cajero con su hija lleva cinco minutos – no sale.

Han pasado diez minutos. Espero que el señor robusto – que me precede – se apiade de mí y haga su ‘vuelta’ rapidito. Pero no, que mala suerte, creo que vino a sacar la plata de todos sus compinches, pues no para de meter y sacar tarjetas.

¡Por fin! llegó mi turno. Halo la puerta, y antes de introducir la tarjeta veo la pantalla que dice: “El cajero está siendo atendido en estos momentos”…. No sé si gritar o ponerme a llorar, lo mejor será irme y buscar dónde puedo sacar los míseros billetes.

De pronto…un volátil estado de sosiego se sumerge en mí, me detengo, medito, pienso y me aflora la pregunta ¿de quién es la culpa?, de las personas que al igual que yo ocupan extraer su dinero aún por más lentas que sean, o del Banco, que ya es hora de que instale más máquinas expendedoras para solucionar esta ‘guevonada’.

En efecto. San Isidro de El General crece de manera acelerada. Ya no somos un pueblito, nos convertimos en una gran ciudad, y es menester que los servicios se optimicen simétricamente. Por ello, como generaleño, solicito más cajeros automáticos en los bancos estatales.

Mi preocupación también es colectiva, pues he escuchado el malestar de muchos usuarios, quienes al igual que yo, deben llenarse de paciencia cada vez que recurren a los cajeros automáticos de nuestra urbe.

Precisamente, meses atrás tuve la oportunidad de conversar con el Gerente de uno de estos bancos estatales – y me dijo que – existe un proyecto para ampliar la red de cajeros en la ciudad, pero que la fecha aún es incierta.

Desconozco si el problema persiste en los cajeros de la banca privada, pues recurro a ellos en últimas instancias, debido a que en los mismos cobran comisión. Me refiero a los que pertenecen a los bancos estatales, los cuales, en nuestra ciudad, ya son pocos.


24 julio, 2008

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