En casa de los Fallas

Imagen: En casa de los Fallas

Olán de Buenos Aires, tierra de cuatro titanes de montaña

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Juan Luis, Juan Ramón, Jhonny y José Miguel se entrenan en las colinas de Olán.

Emprendimos una grandiosa aventura a la comarca de los habilidosos hermanos Fallas, moradores de las agrestes serranías de Olán de Buenos Aires, en la cresta de la cordillera, en la lejanía de todo.

En compañía de Melvin Obando, de Eletrotelefónica Obando y Obando, y su séquito de atletas,salimos de San Isidro de El General a las 4:30 a.m. y llegamos  a Buenos Aires casi una hora después.
De esta manera, comenzamos el ascenso en el carro todo terreno de Melvin por una  empinada ladera hasta la cima, rebasamos las nubes y a lo lejos despuntaba el alba.

A mitad del trayecto nos esperaba José Miguel, el mayor de los hermanos Fallas, pues contrajo nupcias recientemente y reside en otro pueblo. Dice que ahora, por su vida matrimonial, se le dificulta más salir a competir… aunque a menudo se da sus escapadas.

Arribo. Después de ladear el altozano y divisar pintorescos paisajes llegamos a Olán tras haber recorrido unos 30 km desde el centro de Buenos Aires. Era el momento de descender en medio de un frondoso bosque como de cuento celta, y no solo eso, era necesario apartar obstáculos en un entorno nublado donde la naturaleza manda.

En la bajada nos recibió Juan Luis, quien ha ganado cuatro años seguidos la Carrera Chirripó y la Carrera Paraguas en tres oportunidades. Este muchacho, de 25 años, no se cansa de dominar y superar los cerros más sinuosos del país con sus piernas de acero.

El trayecto ofrece un majestuoso paisaje.

La humidad y grandeza de este intrépido atleta bonaerense es sorprendente y admirable; ojalá que algunos con ínfulas de divos siguieran su ejemplo.

La astucia al volante de Melvin fue tal que llegamos hasta el patio de la casa de la familia Fallas, una rústica vivienda inmersa en el seno de la montaña. Adentro era como retroceder antaño, en medio de un remanso de paz para el confort que requiere el alma.

Eran las 9:00 a.m. se respiraba aire puro y sosiego en nuestro ánimo.

Ahí estaba don Francisco, el padre de los hermanos Fallas, quien absorto y mesurado nos recibió en su apacible hogar empotrado  entre cultivos de naranjilla que producen con esmero como medio de producción y subsistencia.

Conversamos con los hermanos Fallas, con Juan Ramón el más picarón y extrovertido de los cuatro. También con Johnny, el menor de la estirpe, pero de personalidad  decidida y temple cálido, con José Miguel, el de mayor verbo, y con el sereno Juan Luis.

Juan Luis dijo que se dedican a la agricultura y que tanto él como Juan Ramón y Jhonny solo cuentan con el tercer grado de escuela.

Este atleta, de 25 años, comentó que para salir a competir tiene que salir dos días antes, con suerte encuentra vehículo y llega más rápido al centro de Buenos Aires, si no debe trotar al menos tres horas.

La casa de la familia Fallas Navarro.

Agregó que se entrena poco y que le resulta fácil ganar la Carrera Chirripó porque maneja el terreno.

En cuanto a su vida amorosa, afirmó que no tiene novia, solo amigas, y que tal vez más adelante “entre a la vida seria” (matrimonio).

Por su parte Juan Ramón manifestó que están unidos para correr la carrera que sea y sacar la cara por el equipo. Este gemelo ha corrido cinco veces el Chirripó y en el 2008 obtuvo la mejor posición, un segundo lugar.

Juan Ramón se entrena más seguido, “donde haya caminos y derechuras por ahí me mando”.

Con respecto a las novias, dijo que en Olán hay muy pocas mujeres, por lo que piensa ir a Buenos Aires centro o a Pérez Zeledón a buscar a la elegida.

José Miguel, el mayor de los cuatro, tiene 26 años de edad y estudia con el programa Maestro en Casa para obtener su bachillerato. Espera seguir compitiendo, no con el afán de ganar carreras, sino por participar, ya que debe prepararse bien y no le queda tiempo.

Jhonny, el menor, con 21 años, considera que debe esforzarse más para alcanzar el nivel de sus hermanos. También se mantiene soltero y sin compromiso.

A la madre de los Fallas no la vimos, se mantuvo anegada en su cocina, preparando la comida de los invitados. A ella las gracias por la carne al fuego, la yuca, el arroz y los frijoles.

Colinas frondosas, mística naturaleza.

Tras el almuerzo, el equipo decidió hacer lo que más les gusta: correr… y subieron la abrupta cuesta, el centro de entrenamiento de los Fallas, por eso es que el Chirripó se les queda corto.

Luego vino un momento emotivo: cantarle cumpleaños feliz a los gemelos Juan Luis y Juan Ramón, 25 natalicios tenían que celebrarse con queque y todo, y en compañía de familiares, vecinos y amigos.

El regreso. Iban a hacer las tres de la tarde y nos esperaba un fatigoso viaje de vuelta. Pero la experiencia bien valía la pena, ya que conocer de dónde emergen estos cuatro grandes de la montaña había que vivirlo, contarlo y escribirlo.

El sacrificio que hacen ellos para salir a competir es sorprendente, ya que caminar tres o cuatro horas por linderos inimaginables donde no llega bus y a mil costos ingresa un vehículo doble, no tiene comparación. Todo esto para  salir a ganar, porque los hermanos Fallas son verdaderos ganadores, son auténticos hombres de hierro.


14 diciembre, 2010

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