El templo pintoresco y de nostalgia que por corto tiempo fue catedral

Cuando no había carros, ni semáforos, ni ruidos. Cortesía de la Municipalidad de Pérez Zeledón.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net  

La historia de El General tiene rasgos pintorescos; genera sentimientos de nostalgia y admiración hacia sus protagonistas y su obra, pero analizada en el terreno y con detalle, mucho de lo que se deja entrever es una secuencia de sacrificios y privaciones.

El antiguo templo de San Isidro de El General fue en los años 40 y 50 del siglo XX, así como lo es la catedral de hoy, el monumento arquitectónico más fotografiado. Lindo, icónico; pero también representativo de una sociedad alejada del resto del mundo que se fue formando con gente que llegó por el lado norte y con una influencia religiosa que llegó por el sur.

La iglesita de las fotografías, de paredes recubiertas con láminas de zinc de color rojo teja, fue descrita en 1936 por Fernando Borges, periodista del diario La Tribuna, como “…una iglesia pequeña, pobre, a medio construir, forrada de zinc, de rústica estructura y poco lujosa… con un jardín sembrado de verduras, yucas y naranjos”.

Los pueblos fueron naciendo

No daba para más. Antes de 1932, año en que se convirtió en parroquia, hubo otros templos en el cruce donde convergen las calles de Palmares y La Hermosa, en General Viejo y en Rivas, donde los sacerdotes de la Congregación  de Misioneros Paulinos (que llegaban desde Buenos Aires) ejercieron una labor misionera ambulatoria, como esperando a que se formara un pueblo de manera natural para una parroquia. Antes de que comenzaran a ejercer su influencia en El General los misioneros paulinos estuvieron en Térraba, Boruca, Buenos Aires y el Golfo Dulce.

Y así como lo pudieron haber previsto los misioneros fue como ocurrió. A inicios del siglo comenzaron a aparecer ranchos pajizos y casas rústicas a las veras de un camino que conectaba General Viejo con Santa Rosa, junto a la Quebrada de Los Chanchos.

Luego, la visita de inspección de Emigdio Ureña, a la sazón jefe político de San Marcos de Tarrazú, acompañado por el benemérito Pedro Pérez Zeledón, por entonces vicepresidente del Congreso de la República, dio un golpe de timón a la historia.

Ureña informó que en El General había más de treinta niños sin bautizar y habló sobre las condiciones de pobreza que le impedían a la gente desplazarse hasta Buenos Aires, ya porque no podían abandonar el trabajo, ya porque no tenían ropa adecuada para vestir a sus hijos. Fue cuando el benefactor Pedro Pérez gestionó que el Estado costarricense asignara la suma de 50 colones al párroco que pudiera brindar a los generaleños los oficios religiosos que estaba necesitando.

Una no sirvió; otra fue efímera

Diversas circunstancias mediaron para que la parroquia se estableciera en San Isidro.  Una fue que, al cambiar el curso varios cientos de metros,  el río General se acercó peligrosamente al lugar donde se pudo haber construido el localito en  General Viejo, por un lado, y por el otro, porque se alejó demasiado del lugar donde se pudo haber construido en Palmares.

En la Quebrada de los Chanchos, mientras tanto, se comenzaba a formar un centro de población. Se sabe que el ocho de agosto de 1921, el padre Federico Maubach celebró misa en la casa de Patrocinio Barrantes, el pionero que promovió el nombre de San Isidro para el pueblito naciente.

Luego, el empoderamiento, como diría la gente de hoy: construir un templo. La primera ermita de San Isidro fue construida con bahareque y caña brava. La caña, transportada desde Rivas; el barro, en cueros tirados por bueyes y en carretas.

Esta primera iglesia no sirvió, porque habiéndola construido sobre basas, su excesivo peso la hundió de un lado. Así que hubo que  construir otra, hacia 1923, esta vez de madera trabajada con sierra de mano.  Tenía un inconveniente que hoy sería visto con desprecio: las bancas tenían  los nombres de los dueños. En 1922 había alcanzado el título de parroquia.

Y luego, la linda iglesita de los rasgos pintorescos, construida en 1936, “… pequeña, pobre, a medio construir, forrada de zinc, de rústica estructura y poco lujosa…”. El zinc, partido por la mitad para poder acarrearlo a caballo por  el trillo que comunicaba al Valle con Dominical, porque a lo largo pegaba en los árboles y se enredaba en los bejucos de lo que entonces era un bosque denso.

Fue construida, como tanto pueblo naciente, en un lote donado, con plaza al frente y pulpería en las inmediaciones; y habría de sobrevivir hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando fue sustituida por la catedral de hoy, más grande y consecuente con el título de Diócesis de San Isidro de El General, dispuesto por el Papa  Pío XII, en 1954.

Toda la información fue tomada del libro “Diócesis de San Isidro de El General”, del historiador Claudio Barrantes Cartín. Es la más valiosa obra histórica de Pérez Zeledón.  Su única edición (2004) se fue como pan caliente y es posible acceder a ella en la Biblioteca Municipal.
 


4 Febrero, 2013

Anúnciate Gratis