El Río Grande De Térraba: Historias, leyendas y más

Imagen: El Río Grande De Térraba: Historias, leyendas y más

Los meandros generados por el cauce del afluente sirvieron para establecer grandes asentamientos indígenas

Uriel Rojas R.
urojas666@gmail.com

El río Grande de Térraba.

El río Grande de Térraba ha sido fuente de muchas bondades para quienes habitan las cercanías de su cauce. Es fuente de leyendas para los indígenas de la zona y testigo mudo de miles de aventuras de boteros que iban y venían de ciertos puntos importantes para sus intercambios mercantiles.

En un pasado aún más remoto, este río fue fuente de alimentos como pescado, camarones, cangrejos, entre otras especies y facilitador de materiales de los cuales se elaboraban herramientas líticas, tales como las hachas para labores agrícolas, domésticas y armas de cacería.Por otro lado, los meandros generados por el cauce del río sirvieron para establecer grandes asentamientos indígenas, entre los que destacan los sitios arqueológicos de Murciélago, La Vieja, Curré, Lagarto, Las Fincas por mencionar algunos que están distanciados a unos 7 km el uno del otro y sus contextos individuales superan las 5 hectáreas cada uno.

Estos meandros, por lo general tienen un sitio previo de gran altura, que permiten tener visibilidad hacia todos lados, siendo una especie punto vigía ante eventuales ataques bélicos en los casos de conflictos entre aldeas y/o cacicazgos en tiempos precolombinos. Se puede decir que el río, en cierto modo, fue cómplice de las sociedades antiguas, además les dio protección de los recursos que generaba.

Ya en las épocas previas a 1960, este afluente sirvió como vía de comunicación entre pueblos. Era común ver su cauce muchos botecitos de madera que iban y venían empujados por canaletes con viajeros oriundos de Pilas, La Dibujada, Térraba, Potrero Grande, Clavera, Guadalupe, Curré, Boruca, Puerto Lagarto, Cajón, Palmar de los Indios, entre otros, que iban hacia El Pozo… hoy Ciudad Cortés. Llevaban productos que sembraban y también algunos animales, que luego eran cambiados por ropa, ollas, herramientas de trabajo y demás cosas que ellos no producían. Los botes eran como carritos y el río la carretera.

Los indígenas borucas iban con frecuencia hasta el mar. Allá en las playas producían la sal que ocupaban; también pescaban y hasta cazaban. En ciertas épocas del año le dedicaban un par de viajes a teñir sus hilos de algodón con un color morado que sacaban del múrice, el líquido acuoso que se obtienen de ese caracol. Esta técnica de teñido requiere de un conocimiento ancestral y son los borucas unos especialistas en esta actividad. El caracol no debe morir por lo que no es una práctica destructiva. También solían teñir con la corteza del mangle que está en los humedales.

Iban en grupos organizados porque el trayecto era cansado y peligroso. Duraban hasta una semana fuera de sus hogares en esta aventura necesaria para complementar lo que ocupaban sus familias y en sus quehaceres laborales.

Las aventuras que cuentan van desde entretenidas hasta lamentables. Recuerdan que hubo viajeros que no regresaron, otros perdían sus productos debido a que se les volcaban sus botes en lugares torrentosos. En esas idas y venidas se hicieron amigo del río y le pusieron nombre a muchos lugares que hoy forman parte de la toponimia regional. Recuerdan Rúv Cájc, que significa atracadero de botes, porque era el lugar en donde solían descansar y almorzar. Es un golfo lleno de árboles de guabillo.

El puente sobre el río Grande de Térraba.

También mencionan, Cucaracha, Puerto Lagarto, Disciplina, Callejón, Zapote, Camaronal, Zapato, Iguana, entre otros. Estos nombres obedecían a la morfología de la zona y/o lugares con abundante plantas o animales de una determinada especie, o simplemente a una anécdota sucedida en alguno de sus viajes. Acostumbraban dormir en Canchén cuando venían de regreso, hoy conocido como Cajón de Boruca, debido a que se situaba en la mitad del trayecto entre El Pozo y sus lugares de origen. La mayor parte de estos topónimos fueron designados en el idioma boruca.

Ha existido además, una serie de costumbres asociadas a este río Grande, tales como, pescar, camaronear, lavar, bañar, secar ropa sobre el pedregal, obtener materiales de construcción como arena, piedra y la leña que se usa para cocinar productos que implican bastante duración (tamales de arroz, masa para la chicha, etc.),  riego a cultivos cercanos, así como bebederos para animales, recreación de niños, jóvenes y adultos, sitio de reflexión para los mayores, entre otras cosas.

A nivel mitológico, los indígenas borucas narran en sus leyendas que este río tiene un dueño al que llaman DívSújcra, es decir, protector de las aguas. Muchas cosas asombrosas están vinculadas a este ser mítico que cuida por el uso racional de los recursos que genera el río. No se puede abusar de sus bondades, según la costumbre antigua de estas poblaciones, porque se expone a castigos lamentables.

También están los térrabas y sus seres asociados a este gran río. Dicen  los mayores de Térraba que Escuyni es el protector de los pescados y vive en la desembocadura del río Veraguas y el río General, punto situado un par de metros antes de convertirse en el Río Grande Térraba.

En la actualidad estas costumbres siguen vivas aunque de en épocas especiales: Los pobladores siguen pescando para el autoconsumo familiar, los materiales de construcción son un recurso importante para las construcciones de viviendas, las familias obtienen leña que acarrea el río para cocinar, los que crían  ganado  aprovechan la cercanía al río para que sus animales beban agua dos veces al día, las familias artesana siguen visitando el río a lavar sus jícaros que tallan.

De diciembre a mayo, el río es el lugar preferido por niños, jóvenes y adultos para ir a recrearse con sus familias y amigos. A sus orillas crecen las balsas que se convierte en la materia prima de las máscaras borucas y también se aprovechan para cultivar los extensos platanares, ayotes, sandías que se vemos entre el río y la actual carretera interamericana cuando viajamos hacia el Sur – Sur de nuestro país.

Y allá, donde se abraza el Chánguina con el Grande de Térraba, huele a mito y a encanto. Dicen los mayores que esos aires provienen de los Changuinitas, el pueblo moro que está encantado cerca del Cerro Pelón, donde vive  Sancráhua, el hijo de Cuasrán, quien de acuerdo a la tradición oral de la zona, es el dios mítico de los borucas.


25 agosto, 2011