El Mexicano y sus putas

Imagen: El Mexicano y sus putas

El lupanar de más tradición en Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Kiara, (así se hace llamar en su oficio), forma parte de las 15 prostitutas que prestan servicios en El Mexicano.

En lencería y botas de cuero, con el talante imperturbable, Kiara, de piel morena, labios entreabiertos, senos pequeños y pelo negro espera la llegada de algún cliente, mientras ve pasar el tiempo en la penumbra del bar, pero no en cualquier bar, sino en El Mexicano, uno de los lugares de mayor exotismo en San Isidro de El General.

El Mexicano es un espacio para muchos prohibido, sumario de virilidad, de pasiones grises, en algunos casos de iniciación sexual o simplemente el bar más conocido y antiguo de nuestra ciudad, donde se puede tomar cerveza, al igual, que en cualquier otro similar.Kiara emerge del rincón oscuro y pone su canción favorita en la rockola. Suena Cuando se acaba el amor de Guillermo Dávila y, en la barra, dos hombres solitarios beben whisky; el de la esquina derecha –de porte agringado–disfruta los copazos que le da a su cigarro.

La historia de este lupanar es larga. Se desconoce cuándo abrió sus puertas en San Isidro, pero se presume que tiene cerca de 60 años, incluso, se dice que el origen del nombre proviene de un mexicano que fue el primer propietario.

Sin embargo, con el transitar de los años, y para solapar el nombre, los generaleños le han endosado otros motes, tales como El Sombrerón o 51, este último principalmente de la jerga taxista.

En el umbral del bar aparece un tipo escuálido, de unos cuarenta y tantos, de andar azorado, cruza el salón ensombrecido, busca a Kiara y se sienta en su mesa. Conversan. Ahora es El Buki quien se escucha en la rockola.

Este bar-burdel se ha modernizado, acuden muchos extranjeros.

El Mexicano ya no es aquel local destartalado que era antes. Hoy está más remozado: luces rojas, espejos, mesas, una barra, 15 habitaciones, un cuarto especial para bailes privados y una pequeña tarima con el tubo de los sueños… en fin, casi parecido a los clubes nocturnos de la capital.

Carlos Quirós Aguilar, actual arrendatario del bar, señaló que en forma paulatina ha hecho los cambios necesarios para darle una nueva fachada al lugar.

“Es un bar moderno, con todo en regla, las prostitutas llegan porque es un negocio conocido y si hay campo se reciben, actualmente hay alrededor de 15”, acotó Quirós.

Este comerciante cuenta que el trailero, el viajero que está de paso, los extranjeros radicados en la zona y ahora hasta los jóvenes lo frecuentan, pues a estos últimos les entra curiosidad por conocer qué hay al bajar las escaleras.

“Montones de gente visita el bar. Aquí han estado jueces, futbolistas reconocidos, gente de farándula, comediantes mexicanos y del ambiente tico, inclusive pastores”, expresó.

El Mexicano se encuentra saliendo de San Isidro, sobre carretera Interamericana, en barrio San Luis, y se presume que tiene unos 60 años de existir.

Quirós afirmó que su local es un centro de hospedaje, su patente de motel y que las meretrices no trabajan para él; solamente les alquila el cuarto.

Aseguró que no viven en el establecimiento, solo algunas, que se quedan una semana, máximo 15 días, porque vienen por una corta temporada.

“Lo que pacten con el cliente no nos incumbe. Yo les alquilo la habitación a ¢5 mil y ellas cobran por aparte la prestación del servicio”, explicó.

Precisamente esa dinámica la conoce a la perfección Kiara, quien sin tapujos deja entrever su soberbia silueta de hembra fogosa dispuesta a dar placer a cambio de dinero.

Con altivez, Kiara se levanta de la mesa, habla con el bartender y le hace una señal al tipo macilento para que la siga por el pasillo donde convergen los hálitos de los mustios aposentos del desahogo y el placer.

Orígenes inciertos. Quirós, de procedencia nicaragüense, manifestó que hace una década fue a la Municipalidad de Pérez Zeledón con el fin de averiguar en qué año había salido la patente del bar para celebrar el aniversario, pero no supieron darle respuesta.

Las escaleras del morbo y el placer.

“Me dijeron que era una de las patentes más viejas. Que primero el bar estuvo por la bomba Gasotica y que era el último negocio del centro de San Isidro camino a  San José”, dijo.

No precisó cuándo lo reubicaron al sitio actual, pero cree que a raíz de la peculiar actividad que caracteriza al negocio, los antiguos propietarios buscaron un punto más desolado.

“Lo que pasa es que conforme creció la ciudad, el establecimiento quedó inmerso en un caserío –en barrio San Luis– donde hay una Iglesia Católica a 100 metros, pero el bar estuvo antes que todos llegaran”, contó entre risas.

Carlos aseveró que arrienda el bar a su cuñado desde el 2005 y que fue este quien lo adquirió en 1991. “Se lo compró a un compatriota de apellido Acevedo Mendoza. Mi cuñado es farmacéutico y aunque el propósito en un inicio era poner una farmacia aquí en San Isidro, escogió el bar”, contó.

Después de veinte minutos, el hombre sale del oscuro pasillo directo a la barra y pide una cerveza, su camisa aún está desacomodada. Tras él, irrumpe Kiara, quien de inmediato retoma su sitio en la mesa. Hay dos prostitutas más al igual que ella, parecen estar tranquilas, a la espera de vientos mejores en la noche.

El bar cuenta con una rockola cargada de buena música.

Morbo. Cuentan las leyendas urbanas en Pérez, que a muchos generaleños les da vergüenza que los vean entrar al Mexicano, por eso más de uno llega en taxi y baja fugaz las escaleras. No obstante, hay otros a quienes no les importa porque saben que es un bar y no necesariamente van por sexo.

Quirós resaltó que del cien por ciento de la clientela que les llega, solo un veinte por ciento busca la segunda actividad del negocio, o sea, sexo.

“Vieras que viene mucho muchachillo, grupos de jóvenes con sus novias, también mujeres solas a tomar y escuchar buena música de la rockola”, detalló.

El actual dueño del Mexicano declaró que entre las remodelaciones que le ha hecho al lugar, destaca los cumplimientos a la Ley 7600, y lo que más le satisfizo fue presenciar, meses atrás, a un hombre en silla de ruedas ingresando al negocio con facilidad.

Kiara me escruta con tenacidad, sabe que quiero acercarme a conversar con ella, y se deja venir. La saludo y me presento, cuando le comento que es para una entrevista y ve la grabadora muestra renuencia, pero poco a poco accede y responde mis preguntas.

Las instalaciones del bar.

Anécdotas. Quirós indicó que no deprecia a ninguna trabajadora del sexo que llegue a su negocio, pues considera que cada individuo tiene gustos variados.

Relató lo siguiente: “Una vez estaban cuatro meretrices, tres bonitas y una fea, y en eso llegan tres muchachos que querían compañía y uno de ellos dijo: me voy a llevar la más bonita y resultó que para la mayoría era la más fea”.

Otra de las historias que le tocó vivir a este empresario hace un par de años, fue cuando estuvo en el bar una astuta dominicana que se ganaba muy bien a los clientes por su  simpatía, buenas atenciones y asidua labor en la cama. “Le decían Morena,  esa mujer no gastaba un cinco,  ya que los clientes enamorados de ella le traían la comida. Hizo plata aquí. Retorno a su país y construyó dos casas, montó un minisuper, compró dos taxis y dejó el oficio”, expresó.

No obstante, recuerda también un crudo episodio que protagonizó una prostituta proveniente de República Dominicana, recién llegada al negocio, la cual salió por la noche y resultó vapuleada por unos hombres que la dejaron en estado vegetal.

El Mexicano cuenta con 15 habitaciones.

Quirós fue claro: el único requisito que pide la administración del Mexicano a las prostitutas es que estén sanas, que sean mayores de edad y que todas sus acciones sean por voluntad propia.

“No se firma nada. El único vinculante aquí es la habitación. Es lo que hacemos y toda la vida hemos trabajado así”, aclaró Quirós.

Él explicó que las damas son libres y que la más astuta sale más gananciosa.

Aceptó que el único convenio pactado ellas es el consumo de bebidas, las cuales le cuestan el doble al cliente.

No todas son fijas. Aunque una que otra que se queda trabajando en el bar, la mayoría está por corto tiempo, pues viven en San José o en otros cantones de la zona sur.

En cuanto a las opciones, hay para todos los gustos: gordas, flacas, machas, negras, recias, colombianas, nicaragüenses, dominicanas y ticas de otros lares.
Definitivamente la gama es amplia y como dice el refrán: “si gustos no hubieran no se vendiera en las tiendas”.

“Ni emoción ni afecto” Kiara, tiene 28 años de edad y lleva cinco años como prostituta en El Mexicano. Dice que le ha ido bastante bien. Su meta es hacer plata y volver a República Dominicana.

Aunque no lo es, el bar tiene estilo Night Club.

“He tenido clientes malos y buenos. La mayoría viene porque las mujeres les ponen los cuernos y acuden a mí con el corazón roto. Lo más duro es tener que lidiar con hombres borrachos pero yo decido con quien me acuesto”, señaló.

Cuenta que en el lustro que lleva aquí se enamoró de un cliente y se fue vivir con él año y medio, pero se cansó y volvió al negocio, ya que dice ser una compradora compulsiva y sabe que en una noche puede estar hasta con cuatro hombres y hacer bastante dinero.

“Estar lejos de casa es triste pero uno se acostumbra. Imagínate,  tengo tres hijos y el papá los cuida, siempre que puedo les mando dinero”.

Kiara no ve mal el oficio, dice que prefiere hacerlo con americanos porque pagan más. Ella se enfatiza en el buen trato. Añadió que es buena cocinera y muy casera.

Es consciente que puede contraer una enfermedad de transmisión sexual, pero afirma que se protege y se realiza chequeos médicos periódicamente.

El bar cumple con la Ley 7600.

Después de esas últimas palabras di stop a mi grabadora, ella se retiró del recinto y volvió a su mesa, al punto sombrío de la casa de citas de más tradición en San Isidro de El General. La vi absorta, a la espera, quizá, de brindar un deleite sexual, no… ella sabe que en el fondo es un engaño, que está aquí para amasar fortuna y volver a la tierra de las Mirabal donde nació.

Subí las gradas y en el parqueo me topé de nuevo a Carlos Quirós. Me contó que su proyecto es convertir El Mexicano en un Night Club. Sabe que hay una patente y que es posible que pronto le pongan la competencia, pero considera que por la trayectoria, El Sombrerón nunca pasará de moda.


18 junio, 2011