Ecuanimidad y esperanza, en la Casa Sinaí

Cubanos en Pérez Zeledón.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

Con casi dos semanas de permanecer en la Casa Sinaí, la expresión generalizada de los 150 cubanos acogidos por Pérez Zeledón sigue siendo de ecuanimidad y esperanza, ante una prolongada espera para que les abran un camino, en su épica peregrinación hacia los Estados Unidos.

Algunos generaleños llegan a la Casa Sinaí a conversar con ellos, llevarles algo y darles ánimo.

Algunos generaleños llegan a la Casa Sinaí a conversar con ellos, llevarles algo y darles ánimo.

No dan muestras de cansancio, debilidad ni derrotismo y, en su lugar, sólo tienen palabras para agradecer a Costa Rica y a la comunidad de Pérez Zeledón, por el apoyo que les han venido brindando..

Están viviendo, a fin de cuentas, en un régimen de libertad para ellos desconocido, aunque para un costarricense sería intolerable: no carecen de alimentos; están protegidos del frío y la intemperie, departen entre ellos –preferiblemente en pequeños grupos- y pueden desplazarse libremente; pero no pueden trabajar, ni comprar las golosinas que quisieran,  ni tomar sus propias decisiones.

Ciertamente, algunos pocos han decidido tratar de llegar a los Estados Unidos como lo hacen tantos y tantos centroamericanos, desafiando  los peligros de las veredas y las montañas y el riesgo de que los capturen por su condición de inmigrantes ilegales, aunque tienen a su favor que si llegan a su destino, habrán conquistado el derecho de encontrarse protegidos por las leyes estadounidenses.

Ver televisión, ya es algo, cuando no se está en casa. Pero, quizás, en algún momento, algún día, llegue la noticia que están esperando.

Ver televisión, ya es algo, cuando no se está en casa. Pero, quizás, en algún momento, algún día, llegue la noticia que están esperando.

En la Casa Sinaí todo ocurre lentamente. Uno de ellos regresa del centro con cuatro cajitas de sobros para la mascota, una perra que días antes siguió a uno de ellos hasta el albergue y se quedó a acompañarlos; unos lavan la ropa en una lavadora que alguien les prestó; otros conversan con algunos generaleños que llegan a conversar, llevarles algún donativo y darles ánimo.

Otros dialogan entre sí; otros ven una pantalla, aunque el tema sea tan ajeno e insulso como un programa de televisión visto en un cuarto de hotel, en un país extraño. Otros tocan música, con una guitarra y una trompeta que alguien les prestó.

“Alguien les dio”; “alguien les prestó”. Son enfáticos en no mencionar nombres, porque estiman que la generosidad les está llegando desde el inconsciente colectivo de todo el pueblo de Costa Rica y toda la comunidad de Pérez Zeledón.

Conversando de cualquier cosa, recordando y soñando en un futuro mejor.

Conversando de cualquier cosa, recordando y soñando en un futuro mejor.

A propósito de la perra, sueñan con llegar a los Estados Unidos y tener mascota; recuerdan el tinte de café en tacita pequeña  a que están acostumbrados, los cigarrillos negros que suelen dejar sin respiración a un costarricense que se precie de ser “buen fumador”; la alta gradación de los rones exquisitos de fabricación cubana…

Están bien. El sábado, en Casa Sinaí, recibieron la visita de los representantes de todas las instituciones públicas y organizaciones locales que integran el Comité Cantonal de Emergencia; y sólo esperan que la diplomacia centroamericana les abra camino; sólo eso: un camino, para seguir hacia sus sueños de libertad.

La cantidad de cubanos que ha ingresado a Costa Rica durante las últimas semanas, sin posibilidades momentáneas de continuar hacia los Estados Unidos, ya se aproxima a los seis mil. Es una situación crítica, porque Costa Rica es un país donde hay mucha pobreza y, hasta el momento, los esfuerzos de los gobernantes costarricenses sólo han servido para comprobar algo que siempre se ha reprochado: la indolencia de los onerosos organismos internacionales.


21 diciembre, 2015

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