Doña Mela: “Se llevaban los refrescos en sacos de gangoche”

Imagen: Doña Mela: “Se llevaban los refrescos en sacos de gangoche”

Por 39 años, las bebidas de cola, zarza y limón fueron marca exclusiva de la familia Corrales en San Isidro de El General

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net


“Llegamos a San Isidro de El General en agosto de 1948 en pleno conflicto de la Guerra Civil”.

Cuando su esposo Gonzalo le dijo que se vendrían para San Isidro de El General a administrar una fábrica de refrescos, Emelina se llenó de tristeza porque una vecina le advirtió que el pueblo era destierro de malhechores.

Era el año de 1948 y la ciudad de Alajuela se impostaba resplandeciente. Emelina no asimilaba la decisión que había tomado su marido. Sin embargo, por amor, ocultó su aflicción y en silencio se dispuso a organizar los preparativos del viaje hacia el remoto valle.Gonzalo se adelantó dos meses antes, para ordenar la casa y la fábrica, pero encontró todos los enseres desvencijados, producto de la Guerra Civil  que se desarrollaba en ese momento. Lo anterior no lo amilanó. Por el contrario, procedió a restaurar el mobiliario con el fin de que la empresa arrancara cuanto antes.

Fue así como Emelina atravesó el Cerro de la Muerte un mes de agosto, junto con sus seis hijos: Patrocinio, Álvaro, Nuria, Cecilia, Bernarda y José, en un camión cargado de muebles y hasta con una vaca, para afincarse en lo que sería –de por vida– su nuevo hogar: San Isidro de El General.

Hoy, 60 años después, la encontramos en su casa de habitación, en barrio Antiguo Hospital Viejo, con 93 años acuestas pero con los recuerdos a flor de piel… y muy serena nos desmenuzó su historia.

“Cuando llegué a San Isidro me resigné, pero no lo vi tan feo y tampoco había fugitivos como se decía. Las casas eran pocas y en invierno las aguas de los caños fluían por la orilla de la calle. Ese 14 de agosto que llegamos aquí mi marido y mis hijos se fueron a la misa mañanera a dar gracias a Dios por el viaje, mientras yo me quedaba ordenando la casa y la fábrica”, narró.


Doña Mela, junto a su difunto esposo, Gonzalo

Sello propio. Emelina Cordero, viuda de Gonzalo Corrales, y conocida como “doña Mela”, junto a su esposo, fue la propietaria de Refrescos Corrales, especialistas en quitar la sed con las bebidas de cola, zarza y limón en el cantón generaleño durante 39 años.

“Repartíamos el producto por toda la región. Teníamos tres vehículos para transportarlo. Nuestros refrescos eran tan ricos y famosos que en invierno –como los camiones no podían ingresar a las comunidades por los barriales– los clientes llegaban a la fábrica en carreta, y en sacos de gangoche se los llevaban”, contó doña Mela.

Los hijos de la pareja Corrales Cordero se metieron de lleno en la empresa y todos colaboraron con esmero. Sin embargo, la bonanza duró poco, pues con el tiempo fueron apareciendo transnacionales que prácticamente los sacaron del mercado. “La gente prefirió los nuevos refrescos”, dijo doña Mela, quien agregó que la fábrica tuvo que cerrar y don Gonzalo prefirió dedicarse a las labores del campo. “Él era muy valiente e inteligente, pero los negocios los miraba por encima y se aburría rápido hasta que murió en el 1989”, indicó esta pionera.

A sus 93 años, doña Mela no descifra el enigma de su longevidad, pues siempre pensó que fallecería primero que su esposo. No obstante, afirmó que vive tranquila, sin preocupaciones y solo espera que Dios, cuando lo tenga a bien, la llame a su lado.
 

 


27 marzo, 2009

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