Tiempo de volar papalotes en la plaza del barrio Sinaí

Foto de Josán Caballero de una actividad en que volaron 6200 papalotes por la libertad, en la franja de Gaza.

Carlos Monge
perezzeledon.net   

San Isidro de El General se caracteriza por contar con una topografía irregular, con lomas que, refrescadas con los vientos veraniegos de inicios de año, son ideales para volar papalotes. De seguro,  a todos los niños del mundo les gustaría visitar San Isidro, para volar un papalote.

Porque los papalotes, con su cualidad de poder elevarse y mantenerse en el espacio, a pesar de ser más pesados que el aire (gracias a la fuerza del viento), son un atractivo en todo el mundo y, hasta donde se sabe, los niños europeos jugaban con ellos en el siglo XII.

En San Isidro se viene desarrollando un concurso de papalotes desde hace catorce años, y el próximo tres de marzo de 2013 se realizará el número quince. Al principio se jugaba con ellos en el barrio Boston y ahora en la plaza de fútbol del barrio Sinaí.

Los papalotes (“para variar”) nacieron en la antigua China y se sabe que alrededor del año 1200 antes de Jesucristo, se utilizaban como dispositivo de señalización militar. Los movimientos y los colores de las cometas, como también se les llama, constituían mensajes que comunicaban en la distancia entre destacamentos militares, dice Wikipedia.

Benjamín Franklin, padre fundador de los Estados Unidos de América, inventó el pararrayos, cuando estaba haciendo estudios sobre la atmósfera, con un papalote. Los planeadores, paracaídas y parapentes (paracaídas rectangulares) y las alas del avión que inventaron con hermanos Wright en 1903 fueron inspirados en los papalotes.

Un juego y un deporte

El vuelo de papalotes es un juego y un deporte. Al jugar se percibe la sensación de poder dominar el viento, de la manera en que lo hacen los pájaros. Al practicarlo, como deporte, se pueden ganar premios, en consideración a la belleza de su diseño, el tamaño, la longitud de la cuerda que lo sostiene y la necesidad de elevarlo y regresarlo a su lugar de partida.

En Pérez Zeledón se han alcanzado marcas muy interesantes, como, por ejemplo, los 3850 metros de altura, aproximadamente, que alcanzó Marco Ney Retana Solís –uno de los impulsores del evento que se celebra en San Isidro- al lograr volarlo y recuperarlo (en condiciones extremas, por las ventiscas) en Los Crestones, del cerro Chirripó.

El récord, sin embargo, está muy lejos de la altura alcanzada por Marco Ney, porque en 1979 se alcanzó la marca de 9740 metros. Otros récords interesantes son las 180 horas y 17 minutos de vuelo que alcanzó uno de ellos; más de once mil cometas volando simultáneamente; un mega papalote de mil metros cuadrados construido por un neozelandés y 234 personas tirando del mismo hilo de una “pipa”, en el Brasil, en 1921.

No significa, sin embargo, que porque otros tengan cifras inalcanzables, el concurso de papalotes de la plaza del barrio Sinaí no sea el mejor  y que cuando alguien –de Pérez Zeledón o de otros lugares- supera en la “Plaza Roja” los 300 metros de altura, la gente no estalle en júbilo y aplausos.

De interés social

En Sinaí, el juego/deporte también ha tenido una connotación social. En sus inicios, la actividad tenía entre sus fines principales dar regalitos a los niños pobres. Se ha logrado, gracias al aporte de los comerciantes de Pérez Zeledón. Ahora también se realizan actividades paralelas, organizadas por un comité de siete miembros pro mejoras del barrio Sinaí.

Su atención está dirigida a expresar el sentimiento humanitario hacia los niños de condiciones económicas más limitadas, los ancianos, la reforestación y la recuperación de la plaza de fútbol.

Ahora, la plaza y los alrededores se chapean mensualmente, para evitar que sirva de territorio sin ley a los drogadictos o para que los ladrones escondan las cosas robadas, explica Marco Ney.
 


20 Enero, 2013

Anúnciate Gratis