Doce mil veces feliz cumpleaños

Hubo una asistencia multitudinaria a la eucaristía con que se inició el día de celebraciones.

Carlos Monge B.

Cuatro mil tamales, cuatro mil personas celebrando su propio cumpleaños, cuatro mil caras agradecidas. ¿Cómo no iba a serlo, si además de que son los dueños de una cooperativa que les ha ayudado a mitigar las necesidades –y, quizás, a vivir bien- están revestidos de la más respetable dignidad?

Porque, ya no es como antes, cuando no había cooperativa y tenían que entregar el café en la calle, por el precio que les quisieran dar; cuando no eran considerados ni siquiera para lavar el carro del dueño del beneficio. Así dicen ellos; así es.

Son doce mil; doce mil quinientos asociados los que tiene CoopeAgri, pero la celebración del  Quincuagésimo Aniversario limitó la participación en la fiesta de hoy domingo (25 de noviembre de 2012) a cuatro mil. No hay lugar, en Pérez Zeledón (ni el estadio municipal) con capacidad para tanta gente. De por sí ¿de dónde tantas hojas, para los tamales?

Fue una fiesta de alegría y agradecimiento, celebrada en las instalaciones de la Feria del Productor Generaleño; del reconocimiento de la Iglesia Católica –en santa eucaristía- a las indecibles batallas que han tenido que librar los consejos administrativos, los servidores y los propios asociados contra las ventiscas de las plagas, los accidentes meteorológicos y los vaivenes de los precios, entre tantos otros males que se ensañan con los campesinos.

Reconocimiento porque, a pesar de tantos contratiempos, CoopeAgri ha sabido prosperar y generar beneficios económicos para un ejército de pequeños agricultores, muchos de los cuales,  de otra manera,  vendrían a engrosar las de por sí ya escalofriantes cifras de pobreza de la Región Brunca. Y por los beneficios sociales adicionales que reciben los asociados. Y por la proyección de CoopeAgri a las comunidades.

Ayer fue día de regocijo, para adultos, jóvenes y niños. Los niños, sudando hasta el agotamiento en los inflables; los adultos, agarrados a las tiras que los convierte en dueños de las tablillas numeradas, mientras llega la rifa. O en las argollas, tratando de ensartar una botella de vino exquisito, fabricado en Pérez Zeledón. O haciendo fila, para recibir un granizado, en escenas típicas de los turnos patronales de antes y de ahora.

Hoy se cumplieron cincuenta años de historia y al finalizar la celebración habrá que volver a la parcela; darle curso al trabajo cotidiano y enfrentar los rectos que acechan; porque de seguro habrá que seguir luchando contra las plagas y los veranos largos y la manipulación de precios en los países que mejor manejan el valor agregado.
 


25 Noviembre, 2012

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