Días para disfrutar parajes de aromas y recuerdos

Poza en el río General.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

C
on tres cuencas hidrográficas (Saavegre, Barú y Grande de Térraba) alimentadas por una veintena de ríos y centenares de cascadas, riachuelos y manantiales, Pérez Zeledón sigue siendo un inmejorable lugar para aventuras veraniegas y añoranzas.

Hoy es posible que sólo un pequeño porcentaje de isidreños recuerden las pozas del Unesco y Lulo Monge, en el río San Isidro, o la de Camacho y El Pocito, en el  Jilguero, que concentraban la chiquillada y la juventud de hace algunas décadas. Desaparecieron, debido a la urbanización y a los cambios que han tenido los causes de ambos ríos.

Una de las pozas del río La Palma.

Una de las pozas del río La Palma.

Pero ahí quedan las de los ríos General,  La Palma y Pacuar; y las que pueda haber en los ríos Buena Vista, Chirripó, Páramo, Blanco, Chimirol, Chucuyo, Talari, Urán, Bosín…

O en el Pedregoso, Pacuarito, Peñas Blancas, La Unión, Pejibaye, Convento, Santo Domingo, sólo para mencionar algunos de los afluentes de las cuencas que irrigan el territorio de los generaleños.

Lugares hay, y en abundancia, a donde es posible ver que se desplazan los jóvenes y familias enteras, a disfrutar el contraste del calor ambiente del verano con las aguas frescas que bajan, en su inmensa mayoría, de la cordillera Talamanca, donde se encuentra la montaña (cerro Chirripó) de las aguas eternas.

A las pozas más reconocidas llega la gente en automóviles, motos y bicicletas y a pie y cuando –en los días festivos  fines de semana- la saturación es tanta, aún quedan kilómetros de pequeños embalses naturales, para los que prefieren algo de privacidad.

Un regalo a la vista, en el sector de El Roble.

Un regalo a la vista, en el sector de El Roble.

Un lugar de especial magia es el sector comprendido entre los poblados de La Palma y El Roble, en San Isidro de El General, porque –aunque la comunidad cuenta con los servicios modernos de hoy- guarda las características bucólicas del pueblo campesino que los mayores añoran.

El trecho es una calle de lastre, paralela a la margen derecha del río La Palma,  que va proyectando panoramas y sensaciones: caminos que se internan en las fincas, en  algún caso cercados con buganvilias, el río de aguas limpias y frescas que corre de suroeste a noreste, un rebaño de ovejas, gente caminando para salir a La Palma, donde hay más opciones para comprar.

Y un pueblito –El Roble- con escuela, cancha de futbol, el templo católico en una loma (porque al anterior lo destruyó el agua durante la emergencia de la tormenta Alma), un árbol, que no por ceibo (los ceibas son todavía más grandes) deja de traer a recuerdo que en muchos lugares del mundo se le confieren atribuciones espirituales, y esos soto caballo que esparcen el exquisito aroma de sus flores rosadas, con la ayuda de la brisa fresca.

Un gigante frente a la plaza de deportes.

Un gigante frente a la plaza de deportes.

Aunque el ceibo no es el roble que da el nombre al poblado, pero vale la pena ir hasta aquél poblado sólo para tocarlo y admirarlo. Es enorme y libera una fuerza reconfortante. A fin de cuentas, el poblado de El Roble no está a más de ocho kilómetros de San Isidro, apenas unos tres kilómetros más allá de La Palma, a donde se llega por la carretera asfaltada de Dominical.

Y si se sigue, después de El Roble, no se tarda en llegar a Santa Rosa de Río Nuevo, por una calle municipal lastrada, en buen estado. Estar ahí es una experiencia llena de satisfacciones;  una de las mil y una opciones que permite a los generaleños disfrutar un cantón de Pérez Zeledón que cuenta con una amplia red de caminos y oportunidades para disfrutar en familia y sano entretenimiento momentos inolvidables.

Así, si se quieren conocer los pueblos que hay entre la carretera a Dominical y la carretera de La Angostura, pasando por los playones de Las Juntas de Pacuar; así si se quiere ir de La Hermosa de El General a Santa María de Cajón; así, si se quiere ingresar por San Rafael Norte y bajar hasta Pedregoso; así si se quiere ir conociendo un cantón ancho y generoso, en estos días de pozas y fragancias, de la temporada veraniega.


2 enero, 2014

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