Del amor y otros relatos de El General

Imagen: Del amor y otros relatos de El General

Leticia de Solís desciende de los forjadores del valle y afirmó que su bisabuelo Cornelio fue quien abrió la picada por donde pasó Calderón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Leticia de Solís tiene 91 años de edad.

Doña Leticia adoptó el apellido de su difunto marido Isauro Solís por amor. En la penumbra de su soledad recuerda que ese fue el hombre que la hizo feliz y con quien formó un hogar hace más de medio siglo aquí en El General.

Será por eso que atiza el pasado con frecuencia y se ufana cada vez que lo hace… ¡Cómo no! Si además es la bisnieta de Cornelio Monge y la sobrina nieta de Patrocinio Barrantes, dos forjadores de estas fecundas tierras.Pues sí, esta insigne pionera, a sus 91 años de edad y con la retentiva de una quinceañera, contó detalles impresionantes de su familia y afirmó que su bisabuelo Cornelio fue el primero que hizo la picada de Cartago a Térraba por el Cerro de la Muerte –y no Pedro Calderón– como dicen.

Leticia Monge Barrantes, o mejor dicho, Leticia de Solís, reside en Daniel Flores –sobre carretera Interamericana–, y en la comodidad de su casa ve pasar el tiempo que se va y a muchos seres queridos que se han ido. Por eso le gusta  recordar, para retroceder hacia aquel San Isidro de calles coloradas y de unos cuantos ranchitos.

“Soy bisnieta de Cornelio Monge Murillo, nieta de José Monge Guzmán e hija de Claris Monge Rojas. Mi madre fue Eduvina Barrantes, quien fue sobrina de Patrocinio Barrantes y hermana de Joaquín, Napoleón y José Barrantes.”, explicó doña Leticia.

Esta pionera aseguró que Cornelio Monge abrió la vereda en 1863 y que Pedro Calderón lo que hizo fue quitar algunos “palitos” y pasar por el mismo sendero.

“Hay quienes dicen que mi bisabuelo Cornelio no cruzó el Cerro, pero sí lo hizo. Él llegó a Térraba por las márgenes del río General. Lo que pasó es que a Pedro Calderón lo mandaron a descontar una pena porque estaba en San Lucas. Nadie ha dicho que robaba ni que fuera asesino, sino que por una saca de guaro lo metieron a la cárcel. Calderón se aprovechó y descontó la pena por donde había pasado mi bisabuelo, con tan buena suerte que le pusieron a la picada a su nombre”, arguyó la señora de Solís.

Doña Leticia dijo que a don Cornelio nunca le gustó la bajada de División  hacia El General. Por ello veinte años después –no contento con ese camino– quiso abrir otra picada de Santa María a San Isidro, (por donde actualmente es Santa Rosa de Río Nuevo), con tan mala suerte que no terminó el trayecto pues estuvo perdido en la montaña por espacio de 22 días. El plan de don Cornelio era toparse con su hijo José que venía cortando serranías por Santa Rosa, pero no fue posible.

Leticia de Solís resiente que la obra legítima de sus abuelos haya sido desacreditada, y que por el contrario Pedro Calderón reciba todos los honores por su famosa picada.

Éxodo. Pero la historia de doña Leticia no acaba ahí. Más bien empieza. En 1913 su padre Claris Monge arribó a San Isidro de El General proveniente de Santa María de Dota, junto con su esposa Eduvina y una niña de cuatro años y medio. Aquí nacieron José Aquiles, Felarmina, Otilia y Leticia.

La pobreza obligaba a los marienses a comenzar una nueva vida en estas fecundas tierras. Por ello fue que la colonización en aquellos años fue tan vertiginosa por estos lares.

Precisamente, por ese motivo, Patrocinio Barrantes y su sobrino Napoleón Barrantes se establecieron acá en 1910, seguidos de Modesto Núñez de Cartago… Meses después llegaron José y Joaquín Barrantes.

La infancia de doña Leticia fue corta en El General, ya que en 1926, con apenas siete años,  su padre Claris decidió retornar a Santa María y vendió la finca a su cuñado Joaquín Barrantes, (de lo que es hoy el Liceo Unesco hasta barrio Morazán).

 “No entiendo por qué papá vendió si estaba acomodado. Tenía 23 manzanas de montaña, compraba tabaco y se embarcaba por Uvita, regresaba en lancha y traía mercadería para los peones”, contó.

Ya en Santa María, Leticia cursó la escuela hasta quinto grado y siendo adolescente conoció el amor. Sí, el amor de su vida, Isauro Solís, con quien contrajo nupcias el 27 de abril de 1938.

“Él era de Santa María pero su familia se había venido para El General en 1934, pues mi suegro había comprado una finca en La Hermosa. Cuando él pidió la entrada a la casa a mi me decían: no sea tonta, ese hombre es un partidazo, dígale que sí de inmediato y yo empezaba a experimentar muchas emociones”, detalló con regocijo nuestra pionera.

Leticia le dio el sí a Isauro y estaba muy enamorada. Fue amor a primera vista. Lo único que le atormentaba era regresar a San Isidro. “Yo decía que a San Isidro ni que me lo regalaran, es que este lugar antes era tan feo”.

Y así fue. Muy enamorada se vino para La Hermosa donde su esposo tenía suficiente tierra para labrar. Aquí procrearon una docena de hijos, cuatro murieron pequeños y hace ocho años falleció el mayor de los varones.

Leticia cuenta que su esposo hizo un buen capital, ya que era un buen comerciante. “Diay, la verdad es que no estábamos nada mal, sería ofender a Dios”, añadió.

De la Guerra del 48 en San Isidro de El General esta ilustre pionera repasa las siniestras escenas como si fuera ayer. Como liberacionista de corazón, ella siempre comulgó con las ideas de José Figueres Ferrer.

“Las familias teníamos que escondernos porque llegaban los nicas a saquear las viviendas. Cuando estos malhechores no veían a nadie en los ranchos disparaban hasta cansarse y los dejaban todos agujereados”, contó.

Doña Leticia dijo que la guerra fue muy fuerte en San Isidro, murió gente inocente y hubo muchas mujeres ultrajadas.

Después de intenso diálogo, fechas precisas, recuerdos efusivos y algunos no tan gratos, doña Leticia concluyó su narración con cierto aire nostálgico, más aún cuando le preguntamos por su amado Isauro. Ella contestó: mi feliz matrimonio duró 37 años, ya que Dios se llevó a mi esposo a los 60 años de edad. Lo extraño como nunca y todas las mañanas al despuntar el alba veo su foto en el buró con la esperanza de reencontrarnos algún día. La verdad es que ese fue el hombre que me hizo feliz, de quien me enamoré profundamente y con quien viví los mejores años de mi vida”, concluyó.

 


14 Junio, 2010

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