De Boruca para el mundo

Imagen: De Boruca para el mundo

Los tintes naturales, una tradición indígena. Mujeres emprendedoras son el centro de organización

Laura Campos Ruiz.
laura@perezzeledon.net



Al concluir con el proceso de teñido del algodón forman ovillos con cada hilo que luego se utilizará para la confección de las diversas prendas

Al caminar por los alrededores de nuestros pueblos hemos observado a los indígenas con atuendos muy vistosos, y creemos que es un diseño más de su cultura y que no tiene mayor interés, pero, ¿se ha preguntado a qué se deben esos colores tan llamativos?

El caracol del arrecife, el algodón que usted utiliza para curar sus heridas o simplemente las plantas y barro del jardín, podrían proporcionarle una nueva vestimenta. Desde hace varias décadas hombres y mujeres borucas han rescatado la técnica tradicional y han propiciado el interés de la manufactura de artesanías. Así es como, de una manera natural extraen tintes de plantas árboles o arcilla y conforman cada prenda y artesanías que al día de hoy se venden a turistas de la zona o inclusive en tiendas de nuestra capital. Los Borucas son un grupo indígena que habita en la región pacífico sur de nuestro país, en Buenos Aires de Puntarenas. Desde épocas precolombinas son el único grupo indígena en Costa Rica que mantiene la manufactura de textiles con técnicas y materiales naturales. En la actualidad alcanzan una población de 2100 habitantes divididos en 2 comunidades, Boruca y Curré.

Pequeñas creadoras. Con la utilización de algodón natural, plantas y hasta animales, el grupo de mujeres organizadas en la Asociación de Mujeres Artesanas de Boruca (AMAB) se han dedicado a esta actividad que utilizan para el teñido de los hilos y algodón natural principalmente “tintes naturales” y que representa su actividad económica más importante y que les brinda al 100% de los indios de la zona, divisas para cubrir sus necesidades y supervivencia, en una sociedad que los ha desplazado hacia los rincones del país.

Es una asociación de mujeres pero no solo ellas trabajan en la elaboración de las artesanías. Unas pioneras de la iniciativa son Margarita, Nora, Lucía y Feliciano todos de apellido Lázaro y que son aborígenes de la región.

Esta asociación tras 28 años de fundación es liderada por Marina Lázaro, una señora de baja estatura, con poca educación formal pero símbolo de su grupo por ser de gran influencia en el pueblo y llevar sobre sus hombros la tarea de sacar adelante la pequeña empresa desde hace 25 años y atender al público que los visita en su museo, en su mayoría turistas extranjeros.

Los artesanos textiles han logrado recuperar los tintes tradicionales y han experimentado con nuevas plantas y procedimientos que mejora el tinturado y fijado de colores.

Los principales materiales que emplean son el algodón natural que crece cerca de sus hogares, la teca que es un árbol que crece en los alrededores de la reserva y que según el antropólogo Carlos Arce, alcanza hasta 30 metros de altura y es nombrado como la Reina de las Maderas, pues su apariencia se hace más bella con el paso de los años y tiene la capacidad de no dañarse cuando entra en contacto con metales.

También el caracol múrice proporciona un liquido lechoso que luego va tomando un color verde tierno hasta llegar al color morado vivo, con respecto a este caracol que tiñe de color púrpura Arce indica que se consigue en las playas de pacífico Sur y que en marzo, en luna llena estos “cambutes”, como se les conoce, salen a las playas para su celo anual y es ahí donde los indígenas los toman y soplan a través de ellos y al salir la leche, los devuelven a las rocas para que terminen sus apareamientos.

Al depender económicamente de esta actividad, el orden y dedicación para realizar los procesos que conlleva elaborar las artesanías es relevante ya que las familias se organizan para viajar a la playa y llevar a cabo la extracción y tinción con el caracol múrice.

El proceso de teñido, según Marina Lázaro, no es tan complicado ya que lo practican desde siempre y la técnica se ha visto modificada para dar con otros colores por ejemplo los colores más llamativos, el proceso se describe básicamente en 10 pasos:

1) Cortar los materiales a utilizar en la fase menguante de la luna ya que por experiencia se tiene comprobado que se obtiene mejor teñido que cuando se corta en cualquier época.
2) Lavar el hilo o el pabilo a utilizar para eliminar cualquier deterioro.
3) Colocar a hervir agua en ollas de loza sobre un fogón de leña.
4) Una vez que el agua este hervida se toma el material y se masera para que suelte mejor el tinte se echa en el agua hirviendo.

5) Cuando ya se observa que el tinte ha salido bien se coloca el pabilo dentro de la olla hirviendo. Si se quiere un tono suave se deja un tiempo de 10 a 15 minutos, tonos oscuros hasta 1 hora.

6) Agregar sal de mesa para fijar el color. También se pueden utilizar mordientes como la ceniza o sales químicas. Este paso también lo llevan a cabo en el agua del mar, pero por la lejanía no es muy utilizada.
7) Se deja en reposo el tinte durante un tiempo aproximado de 1 a 5 días.

8) Se saca el pabilo y lavar con jabón azul o en barra, no se recomienda usar detergente. Se debe lavar hasta que ya no suelte color.

9) Se coloca el pabilo a secar a la sombra.

10) Cuando el pabilo está seco se debe enrollar haciendo un ovillo para luego utilizarlo en el telar.
Finalmente los ovillos son utilizados para elaborar las mantas o fajas y cuando estén terminadas, se procede ensamblar varias piezas de tejido para lograr así una pieza textil, como un bolso, vestidos y sombreros. El tinte lo emplean también para pintar las mascaradas que fabrican y que además de venderlas al público, las usan en el baile tradicional “los diablitos”.



Al concluir con el proceso de teñido del algodón forman ovillos con cada hilo que luego se utilizará para la confección de las diversas prendas

En el momento de urdir, lo cual se refiere a acomodar los hilos de acuerdo al trabajo a realizar y con la distribución de colores, se obtienen los diversos diseños y al momento de tejer se decide el tipo de puntada y dibujo a realizar. La trama del dibujo solo se aprecia por el frente, rasgo particular de los borucas.

Una prenda puede quedar termina en 8 días y lista pera la venta.

Cada color obtenido de las plantas se puede combinar mínimo cinco veces, la señora Marina combina varios colores, por ejemplo el yuquilla que da el color amarillo, se puede combinar al menos 6 veces.

El algodón se siembra en abril y se cosecha en agosto. El algodón café crece particularmente en esta parte del país y naturalmente es aprovechado por los artesanos para la confección de sus productos.

Además de la reserva indígena, poseen un museo “Museo Comunitario Indígena de Boruca” el cual fue proporcionado por el Museo de Oro en San José.

Se tardó 2 años para construir el edificio (un estilo natural techo de palma, las paredes están construidas de “cana brava” que se parece a la caña de azúcar) y que ha estado en funcionamiento desde 1983.

Para este rústico museo de la ciudad se les dio un poco de ayuda proveniente del Museo de Oro y Museo Nacional y es allí donde venden sus productos.

Cuentan con una organización de los 23 miembros y todos ellos contribuyen al funcionamiento del museo y compartir el costo del museo que implica el pago de utilidades y otros gastos, ellos tienen que girar la dotación del museo y el cuidado de la las ventas de la artesanía.

Este grupo indígena no recibe ayuda directa del gobierno pero sí lo hace a través del Museo de Oro, Museo Nacional y de la empresa privada como lo es CAFÉ BRIT, quienes apoyaron los esfuerzos de los nuevos empresarios que han ofrecido sus productos en los mercados internacionales.

Fuera de nuestras fronteras las obras de arte de nuestros indios se disfrutan en lugares como México, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Guatemala e inclusive Canadá. La señora Marina ha salido del país a vender sus productos con mucho éxito ya que su principal mercado es el extranjero.

Los indios borucas tiñen sus ropas y nos dan un ejemplo de desarrollo sostenido que debería ser imitado por los otros grupos indígenas de Costa Rica, en conservación de su cultura y del ambiente, concluye Carlos Arce

Sin duda alguna ya no veremos de igual manera a nuestros indígenas. La próxima vez que mire un indígena recuerde todo el proceso de su prenda de vestir e identifíquese con su esfuerzo y trate de ayudarlo, porque ellos nos ayudan a conservar lo que más deterioramos, el ambiente y nuestra cultura.


4 septiembre, 2008

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