Cuando la policía interviene es porque la sociedad falló

Al menos 300 líderes de 150 comunidades organizadas asistieron a la ceremonia de entrega de certificados.

Carlos Monge
prensa@perezzeledon.net

Cuando se habla de inseguridad ciudadana, en cualquier comunidad de cualquier país, lo habitual es que se atribuya a deficiencias en las fuerzas policiales, porque son pocos, cuentan con armamentos rudimentarios, tienen pocos equipos de transporte y utilizan obsoletos instrumentos de comunicación.

Hay mucho de cierto. Pero, a decir verdad, la policía tiene que intervenir cuando está fallando toda la estructura social, desde la familia que no pudo, no supo o no quiso inculcar al niño los deberes de un ciudadano y desde la escuela que fue insuficiente para darle la formación adecuada, hasta la sociedad que, por un lado, no ha dado otras oportunidades al joven en riesgo y, por otro lado, porque las personas no cuidan lo que les pertenece.

En un una comunidad como la de Pérez Zeledón, los mayores índices delictivos se reflejan en los hurtos simples y robos relativamente sencillos, realizados por individuos que saben que una casa está sola y, cuidado si no, con una ventana o una puerta abierta.

Esta es una situación que se agrava en Pérez Zeledón porque, a los condicionamientos propios se suma uno adicional, que es el arribo de individuos que proceden de otros sectores del país donde la vigilancia policial es más acentuada, como San José, Limón y el litoral Pacífico.

La contradicción fue planteada en la mañana de hoy sábado 15 de diciembre (2012) durante una ceremonia oficiada en el parque de San Isidro de El General, en que representantes de la Dirección Regional de la Fuerza Pública de Pérez Zeledón entregaron certificados de cursos sobre seguridad comunitaria, que los acreditan para coordinar con la fuerza pública la vigilancia  de 150 comunidades generaleñas y de Osa y Buenos Aires.

Son cursos que tienen que ver con estrategias para la vigilancia en barrios, pero también con un proceso que debe comenzar con los hogares, las escuelas y la comunidad, antes de que tengan que intervenir la fuerza pública y los posteriores sistemas represivos del Estado.

“Yo les tenía miedo a los policías”, dijo el presbítero Gerardo Fernández, capellán de la Dirección Regional de la Fuerza Pública. Esa sensación, que de seguro no fue extraña a ningún niño de otras épocas, es la que la Fuerza Pública está tratando de revertir, para que se entienda que su labor es más bien un apostolado de índole social.

Porque ha de entenderse  que la policía es la que vela por que se mantengan incólumes las libertades, la libertad de expresión, como lo expresó el padre Fernández.

Pero esa labor, que tradicionalmente se ha iniciado con la intervención policial (cuando la familia, la escuela y la sociedad han fallado) ha de contar con motocicletas y carros y equipos, para brindar en el territorio una mayor cobertura, sin tener –en las comunidades- que andar haciendo rifas para conseguir recursos.

Al reconocer la labor que ha desempeñado la policía en situaciones de tensión como las que se vivieron durante el año 2011 en la sala de sesiones del Concejo de Pérez Zeledón o durante el desalojo de un grupo de vecinos que cerraron el botadero de basura de Cocorí (que pudieron haber tenido consecuencias graves) el presidente municipal, David Araya, destacó la necesidad de que las comunidades vayan cultivando esa coraza que se necesita para protegerse de los delincuentes.

Araya es el que destacó que hay delincuentes que, corridos de otros lugares donde hay más concentración de policías, vienen a dar a la región de Pérez Zeledón. Hizo un llamado para que los líderes de la seguridad comunitaria presionen a los gobiernos para que se equipe mejor a la fuerza pública.

El presidente municipal recordó que la fuerza pública recibirá al menos un poco de apoyo en su labor, a partir de 2013, con un equipo de monitoreo por medio de 28 cámaras de seguridad que serán instaladas en los puntos más neurálgicos de San Isidro.
 


15 Diciembre, 2012

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