Cornelio Monge, el explorador

Imagen: Cornelio Monge, el explorador

Segunda entrega sobre el Lejano Diquís

Claudio Barrantes Cartín.
Historiador

Cornelio Monge, el gran explorador(1822-1898).

Los pequeños valles regados por el río Parrita en su parte superior llamados durante el período colonial Dota, estuvieron interceptados por el antiguo camino de Cartago a Chiriquí, donde hoy alberga San Marcos de Tarrazú y San Pablo de León Cortés y de donde irradió el proceso de población del sureste del país a lo largo del siglo XIX.

Como preámbulo de la colonización agrícola que se anunciaba, el lugar comenzó a poblarse en 1818 como un esfuerzo aislado de José Miguel Cascante quien también tuvo un sitio en las tierras bajas junto al río Paquita cerca de la costa. Desde 1845 Manuel Piedra Mena había efectuado algunos trabajos al sur de las tierras de Cascante, que luego vendió a Ramón Zúñiga Barahona. Con eso otros colonos procedentes de Desamparados y Guadalupe adquirieron terrenos para avecindarse luego de la aparición de la peste del cólera en el Valle Central, haciendo inminente la expansión del lugar.Cornelio Monge Murillo fue uno de los exploradores más conspicuos en el desarrollo de la frontera agrícola del país, ya que a la postre cruzó la cordillera de Talamanca procedente del Valle Central sin utilizar el camino de la costa, proyecto al cual ligó el resto de su vida con la perseverancia propia de su personalidad, fuerte y enérgica. Al principio, atraído por el premio ofrecido por el Gobierno que hemos referido, pero luego, convencido que su opción algún día tendría éxito.

Desamparadeño perteneciente a una de las familias más antiguas radicadas en el valle central, aunque una tradición familiar vigente pretende que son originarios de Francia; descienden del español Felipe Monge, alférez en Santiago de Salamanca a principios del siglo XVII que casó con Francisca López quien ya viuda testó el 4 de octubre de 1629 en Cartago diciendo que entre sus bienes contaba “una estancia de ganado mayor en el valle de Aserrí”.

El terreno era llamado San Juan Bautista y se ubicaba sobre el antiguo camino real que de Cartago llevaba a Pacaca, vereda probablemente prehispánica que recorría los actuales lugares de Patarrá, Desamparados, Alajuelita, Escazú y Santa Ana. La morada de la familia estaba en el sitio La Concepción también llamado El Tejar, que creemos corresponde con la actual Concepción de Alajuelita, Mª Francisca. Monge, hermana del Capitán José Francisco Monge, abuelo de don Cornelio, vendió grandes cantidades de terreno entre Alajuelita y San Rafael Abajo de Desamparados, llamado en aquellos tiempos Palo Grande de Aserrí. De manera que la presencia de los Monge en este tramo de la cuenca del río Virilla es muy anterior al nacimiento de Dos Cercas, actual Desamparados.

Cornelio fue hijo de Juan José Monge Aguilar y Agustina Murillo Arias, ella nativa de Heredia, entre sus hermanos se cuenta a Jerónimo, progenitor de Mariano Monge Guillén quien fue el primer presidente municipal de Desamparados en 1877 cuyo nombre lleva la calle principal de esa ciudad, mientras que otro hermano, Torcuato, ardiente morista participó en la batalla de la Angostura y más tarde fue a poblar al Puriscal. Jerónimo testó en San José el 29 de octubre de 1842, lo hizo de nuevo el 11 de abril de 1852 junto con su esposa doña Mª Ildefonsa Guillén Quesada en Desamparados, la madre de ella había casado en segundas nupcias con don Gregorio Fernández Alvarado y fueron padres de José Francisco Fernández Quesada, padre a su vez del Lic. Máximo Fernández, resultando que Mariano Monge Guillén, primer Presidente Municipal de Desamparados, fue primo hermano del Lic. Fernández, cuatro veces candidato a Presidente de la República.

Mariano murió en funciones a raíz de un viaje a Limón que hizo a solicitud del general Tomás Guardia, Presidente de la República, para ver las obras del Ferrocarril de donde regresó presa de una  fiebre que le resultó fatal. Fue abuelo materno del Benemérito de la Patria, Joaquín García Monge (1881-1958).
Mientras Cornelio casó el 2 de noviembre de 1846 en Desamparados con doña Micaela Guzmán Valverde, viuda de don Francisco Navarro y hermana de Juana, Eusebia y Santiago Guzmán Valverde, todos posteriormente destacados vecinos de Santa María de Dota ya que la primera fue la esposa de Norberto Solís Picado, la segunda casó con Ramón Rodríguez y Santiago casó con Tomasa Ureña Valverde y luego con Juana Calderón Fallas

En su pueblo Cornelio se desempeñó como “testigo instrumental” de la Alcaldía 2ª en 1859 donde fungió como Alcalde Propietario el siguiente año, de manera que algo sabía de letra menuda. Pero en esos días su principal actividad era negociar con café, prueba es que el 28 de abril de 1863 suscribió un contrato con la firma “Echandi y Flores” para poner en el beneficio de La Raya la cosecha que había comprado a Ramón Monge.
Sin embargo, esa actividad tan prometedora pasó a segundo plano desde que supo en 1861 del premio por un nuevo sendero a Térraba, que se convirtió en obsesión por el resto de sus días.

Desamparados era el punto terminal del camino que conducía de aquella comunidad al valle central, por lo que era usual ver en el pueblo a terrabanos y borucas que acudían a vender su cacao, ya que evitaban hacerlo en la capital. También llegaban algunas partidas de ganado de vez en cuando porque el camino de la costa era tan malo y peligroso que pocos se atrevían a transitarlo, a pesar de ser el único.

La noticia del premio que estableció el Gobierno por una nueva vereda a Térraba, hizo que algunos dirigieran sus miradas a los cerros del Tablazo, y no tardaron en explorar la cuenca de los ríos Candelaria y Tarrazú donde ya estaban quienes fundaron San Cristóbal y luego San Marcos escapando a los estragos de la mortal epidemia del cólera en 1856. Entre los vecinos de Dota en 1861 destacaba Ramón Zúñiga Barahona, desamparadeño de San Miguel, mientras que Santa María de Dota no existía.

Camino a Térraba. Ureña refirió los inicios de la gesta de Monge quien recorrió una vereda que partía de San Cristóbal hacia el sureste a lo largo de la loma que divide los ríos Tarrazú y Candelaria. En 1862 partió de donde ahora llaman La Lucha hasta alcanzar el punto conocido como El Jardín, entre El Empalme y Santa María, en una serranía donde reorientó su rumbo siempre al sureste. Este camino obra de algún desconocido desamparadeño o del propio Monge, es conocido como “La Picada”.

El verdadero interés de Monge era la búsqueda de tierras nuevas y cada prospección de aquellas montañas le aparejaba sorpresas y esperanzas, el 2 de diciembre de 1861 denunció dos terrenos baldíos en la cuenca del río Tarrazú, donde hoy se encuentra La Lucha, pero no concluyó el trámite.
Como parte de sus actividades regulares, el  28 de abril de 1863 suscribió en Desamparados un contrato con la firma “Echandi y Flores” para entregar cierta cantidad de café en fanegas puesto en La Raya hasta enero de 1864, cosecha que había adquirido a Ramón Monge.
Partiendo de San Cristóbal a principios del año 1863 con una expedición pobremente equipada, pues sus recursos pecuniarios no le permitían hacerlo mejor. Por entre bosques enteramente desconocidos, atravesando por los confines de Santa María y El Copey, ignotos en esa fecha, cortando todas las serranías.

San Cristóbal-Térraba, ruta seguida por Monge en 1863-65.

Ese año alcanzó a llegar al río Naranjo pero no pudo continuar por lo que retornó a Desamparados. Seguro de que hacía lo correcto se preparó para intentarlo el verano siguiente logrando avanzar hasta el río Savegre, pero igual que un año atrás tuvo que regresar.

Todo perseverancia y decisión, Cornelio Monge regresó por tercera vez a aquellas montañas en abril de 1865 acompañado de Honorio y José, sus hijos de 17 y 13 años respectivamente, y de cuatro peones cargueros.

Esta vez siguió el río Savegre aguas arriba hasta cruzar la estribación que le divide con la cuenca superior del río Pacuare, alcanzando el valle de El General por donde ahora llaman Santa Rosa, avanzando… por la margen derecha del río, por la que siguió hasta que después de veinticuatro días de indecibles trabajos y dificultades, enfermo y desvalido llegó a Térraba, punto terminal de su expedición.

En ese punto Monge se detuvo un par de semanas llegando a Térraba en mayo regresando por el camino de la costa. Un año más tarde el Dr. von Frantzius tuvo oportunidad de conocerlo, lo que aprovechó para interrogarlo sobre sus experiencias quien le indicó que… en lugar de seguir el camino que siempre se ha tomado pero que es muy penoso, quiso buscar otro más recto y más corto, pasó pues, aguas arriba o en su origen la mayor parte de los ríos que por el camino siempre frecuentado se pasan por sus bocas en la costa. Según lo que él refiere el cauce del Barú lo forman río arriba hondos paredones de roca que le opusieron un obstáculo muy serio a su paso, a tal grado que para vencerlo tuvo que caminar a grandes trechos aguas encontró siguiendo el rumbo sudeste, con las vegas del río Grande de Térraba, pero no halló señal alguna ni de volcán ni de indios .

Cornelio nunca alcanzó la costa, entonces él y Frantzius confundían el río Barú con el Savegre, error que se mantuvo hasta que en 1892 fue dilucidado por Pittier. Pero lo cierto es que en 1865 Monge se convirtió en el primer campesino procedente del Valle Central en alcanzar lo que habría de ser el llamado Valle de El General. Mas tarde estuvo a las puertas de abrir el camino anhelado, pero el esfuerzo escapó a sus posibilidades económicas. La visión de aquel valle desconocido le sobrecogió por su extensión y las posibilidades que tenía para el desarrollo agrícola, lo que le dio más seguridad de que su ruta era la correcta para evitar el antiguo camino de la costa y la dureza del clima en la cordillera, muy rigurosa entonces.

Luego realizó sus exploraciones entre 1863 y 1865 y un año después optó por radicar en definitiva en Santa María de Dota, esperando en cualquier momento insistir en su intento aunque se sabía que otros hacían esfuerzos por cobrar el premio, como Pedro Calderón que inició sus trabajos desde Copey ese año, 1866.

Copey. Al llegar al alto, Monge encontró una vereda recién construida que a todas luces procedía de Cartago con rumbo al valle de Copey, luego supo que de ahí continuaba hasta la Sabana de Las Vueltas donde hoy se encuentra Dos Amigos. Copey resultó un punto notorio por conformar un valle perfecto.
Cornelio presumió que quienes lo habían hecho buscaban la eminencia de la cordillera, pero desde el principio pensó en otra ruta para evitar los rigores del clima, por lo que rectificó el rumbo con una línea alterna por la fila de La Chonta (nombre actual), al final de la cual plantó una bandera. Este cerro “de la Bandera” es una eminencia en la margen derecha del río Parrita, justamente en medio de Copey y la actual Santa María de Dota cuyos valles se aprecian desde ahí, nombre que se conserva.

En Desamparados mantenía al tanto a Ramón Rodríguez, concuño interesado en el premio, quien  se deslumbró con la descripción del Copey y fue a conocerlo, sitio conocido por ellos como “Parrita” ya que fueron los cartaginenses quienes llamaron “Copey” el vallecito. En ese momento se desconocía la existencia del valle donde se estableció Santa María dos años mas tarde.

Rodríguez quedo muy satisfecho con el punto y ni lerdo ni perezoso lo denunció el 22 de agosto de 1862 , desconociendo los trabajos ya hechos por los cartagineses Ramón Álvarez, Dolores Hernández y Rafael Zúñiga, autores de la vereda quienes pusieron el grito en el cielo al enterarse de la gestión de Rodríguez, sin embargo la escaramuza no pasó a más y al final ninguno obtuvo su propósito.

Pero el último valle de la cuenca superior del río Parrita buscando hacia lo alto de la cordillera estaba descubierto… abajo o aguas arriba, pero siempre encontrando la misma formación peñascosa del cauce de este río. Poco después de haber pasado el Barú se Santa María.

En junio de 1863 los hermanos Antolín y Eleuterio Umaña, vecinos de la Boca de Dota hicieron una exploración río Parrita arriba que les permitió divisar un valle desconocido. Comentaron el asunto con su vecino José Mª Ureña, yerno de Ramón Zúñiga Barahona, el poblador de más viso ahí. Ureña vivía desde 1860 en una parcela que el suegro le había cedido, pero por los problemas que mantenían por el carácter fuerte de este, José Mª buscaba sus propios medios para independizarse.

Escuchó con atención a los Umaña, por lo que inmediatamente convino en que le llevaran a conocer aquel valle acompañado de sus cuñados Sabas y Encarnación Zúñiga.

Su hijo Emigdio narra que… siguiendo los cinco compañeros al este sobre la margen izquierda del río Parrita, llegaron a una piedra grande en donde se sentaron a almorzar, y como la piedra está situada en un pequeño valle, confirmaron este lugar con el nombre de Llano de la Piedra. Continuaron la marcha hasta encontrar un peñón que les impidió seguir la orilla del río, obligándolos a tramontar la cordillera que descansaba en el peñón ya dicho, subiendo una empinadísima cuesta que con mucha razón lleva el nombre de Arrepentidos, descendiendo por otra que se llama Blanca, ambas desechadas últimamente cuya desviación conserva el nombre de El Desecho de los Arrepentidos, llegando por fin al deseado valle en donde pernoctaron muy felices por tan primoroso hallazgo, objeto de las más bellas ilusiones del jefe de la exploración.
En el centro del valle había una pequeña sabaneta circuida de charrales, lo que hacía pensar que el valle hubiera sido en algún tiempo asiento de una población indígena, cosa que después se confirmó con la aparición de sepulturas indígenas encontradas dispersas por todo el valle, algunos jeroglíficos marcados en algunas piedras y un panteón situado al este del valle en una finca de Dn. Jeremías Ureña. Lo demás del valle estaba poblado de gigantescos árboles de cedro, quizarrá, ira, roble, higuerón y otras más que está por demás mencionar.

El 19 de junio de 1863 acudió Ureña ante el Juez de Hacienda Nacional para denunciar seis caballerías de terreno baldío en Dota, jurisdicción de Desamparados, lindante con baldíos por los cuatro vientos. El terreno midió nueve caballerías, cincuenta y cinco manzanas, dos mil ciento quince varas cuadradas cuyo remate se hizo el 13 de noviembre de 1863, luego cedió a Graciano Solís Manuel Castro, vecinos de Guadalupe, la mitad de los terrenos adquiridos, reservándose la otra mitad en la parte meridional del valle y en los primeros días de enero de 1864 Ureña se trasladó al lugar que nombró Santa María.

Inmediatamente comunicaron el sitio con Copey, porque entre los primeros vecinos se mencionan a Rosario Godínez y Graciano Solís que procedían de terrenos que poseía don Manuel Castro en Copey. Sin embargo los marienses recuerdan que la primer ocupante de Copey fue doña María Alfaro Badilla, desamparadeña esposa de Nicolás Granados Morales, padres de Patricio Granados Alfaro, cofundador de Buenos Aires poco después.

Valle ignoto. Mientras Monge siguió en lo suyo preparando la expedición como mejor pudo … Partiendo de San Cristóbal a principios del año 1863 con una expedición pobremente equipada, pues sus recursos pecuniarios no le permitían hacerlo mejor. Por entre bosques enteramente desconocidos, atravesando por los confines de Santa María y El Copey, ignotos en esa fecha, cortando todas las serranías

Ese año alcanzó a llegar al río Naranjo pero no pudo continuar por lo que retornó a Desamparados, seguro de que hacía lo correcto se preparó para intentarlo de nuevo el verano siguiente lo que hizo logrando avanzar mayor distancia, probablemente hasta el río Savegre nombrado en la cartografía oficial como río División, pero igual que un año atrás tuvo que regresar.

Todo perseverancia y decisión, Cornelio Monge regresó por tercera vez a aquellas montañas en abril de 1865 acompañado de sus hijos Honorio y José, de 17 y 13 años respectivamente, y de cuatro peones cargueros. Esta vez siguió el río Savegre aguas arriba hasta cruzar la estribación que le divide con la cuenca superior del río Pacuare, alcanzando el valle de El General que aun no recibía ese nombre, por donde ahora llaman Santa Rosa, avanzando… por la margen derecha del río, por la que siguió hasta que después de veinticuatro días de indecibles trabajos y dificultades, enfermo y desvalido llegó a Térraba, punto terminal de su expedición.

En ese punto Monge se detuvo un par de semanas llegando a Térraba en mayo, un año más tarde el Dr. von Frantzius tuvo oportunidad de conocerlo, probablemente en Santa María, y aprovechó para interrogarlo sobre sus experiencias. Monge le indicó que… en lugar de seguir el camino que siempre se ha tomado pero que es muy penoso, quiso buscar otro más recto y más corto, pasó pues, aguas arriba o en su origen la mayor parte de los ríos que por el camino siempre frecuentado se pasan por sus bocas en la costa. Según lo que él refiere el cauce del Barú lo forman río arriba hondos paredones de roca que le opusieron un obstáculo muy serio a su paso, a tal grado que para vencerlo tuvo que caminar a grandes trechos aguas abajo o aguas arriba, pero siempre encontrando la misma formación peñascosa del cauce de este río. Poco después de haber pasado el Barú se encontró siguiendo el rumbo sudeste, con las vegas del río Grande de Térraba, pero no halló señal alguna ni de volcán ni de indios .

Cornelio se cuido de no alcanzar la costa porque no quería nada con el viejo camino, aunque él y Frantzius confundían el río Barú con el Savegre, error que se mantuvo hasta 1892 cuando fue dilucidado por Pittier. Pero con su esfuerzo Monge se convirtió en el primer campesino meseteño en cruzar del Valle Central al Valle de El General, y estuvo a las puertas de abrir el camino pero el esfuerzo escapo a sus posibilidades.

La visión de aquel valle desconocido le sobrecogió por su extensión y las posibilidades que tenía para el desarrollo agrícola, lo que le dio seguridad de que la ruta que había propuesto para evitar el antiguo camino de la costa y la dureza del clima en la cordillera, muy rigurosa entonces, era la correcta.
Años más tarde Pittier tuvo la oportunidad de conocer a Monge, anciano ya.
Es merecedor del más sincero aplauso por los esfuerzos que ha seguido haciendo durante más de un cuarto de siglo, para hacer realmente accesible el valle del Diquís. Con el buen sentido que en todos los países caracteriza el campesino, cuando no está movido por un interés exclusivamente personal, el señor Monge comprendió a primera vista que la vía más directa para unir el valle de Dota con el General, había de faldear la vertiente sur del cerro de Buena Vista, y emprendió numerosas expediciones para lograr la realización de su idea. Podría escribirse un grueso tomo con la relación de las aventuras, muy a menudo peligrosas, que corrió en sus rudas expediciones por la salvaje e inhospitalaria región que se proponía atravesar. Dos veces abrió una vereda continua entre los ex­tremos de su línea, pero siempre volvió a perderla, y todavía en el último verano a la edad de 75 años, pasó muchos días en la selva sin éxito alguno. Sus descripciones conducen a una conclusión a la cual él mismo no ha querido nunca adherirse, a saber, la actual impracticabilidad de su idea. Pero aún con esta involuntaria demostración de lo irrealizable de su plan, el señor Monge ha prestado un gran servicio a la causa que defiende.

Más tarde existiendo ya el camino de Calderón, Monge siguió explorando el valle ahora llamado “El General”. En una ocasión recorriendo las vegas de su río junto con Manuel Castro Blanco, guadalupano de los primeros vecinos de Santa María y más tarde fundador de San Pablo de Tarrazú, descubrieron una hamaca de piedra de manufactura indígena. Comentaron el tema con José Mª Figueroa, quien así lo consignó en su Album.


24 febrero, 2012

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