Confesiones de un adicto

Conozca la historia de Minor Jordan Brenes de 33 años,
quien
lucha en el Hogar Crea de Pérez Zeledón por una vida más digna

Xinia Zúñiga J.

“Antes de los 7 años de edad mi papá me daba guaro Chirrite, él decía que para el frío y para que me fuera haciendo hombre. Tenía una saca en Los Reyes de San Vito y a esa edad fue mi primera borrachera, al punto de quedar tirado en una zanja.
Ahí, en el seno del hogar empezó el desorden, porque también agarré el vicio del cigarro, recuerdo que se los robaba a mi papá, a quien tengo 9 años sin verlo.A los 7 años y 6 meses, me fui por primera vez de la
casa, me buscaban con la policía, pero me las ingeniaba y seguía
tomando en la saca de guaro. A diario ingería una media de licor. A los
8 años y unos meses ya me había ido de la casa unas tres veces.

Como la policía conocía a mi familia, me llevaban
a la casa cuando me encontraban haciendo desorden, entonces decidí irme
para Paso Canoas donde una abuela y ahí pasé a consumir drogas. Jalaba mercadería para donde llaman “La Piquera” y conocí
a un joven que le decían Abejorro, con él consumía marihuana
antes de los 9 años. Me fui para David y me metí en la delincuencia,
porque tenía que sobrevivir a los vicios; ya para esa época dormía
en cartones, debajo de un puente y donde llegara la noche.

A los tres meses de estar en David conocí a un travesti
y me dijo que nos fuéramos para la capital panameña, pero el tipo
quería abusar sexualmente de mí y no se lo permití.

A los 9 años llegué a un barrio bajo llamado
Chorrillo, me uní a un grupo de delincuentes juveniles. Un muchacho se
puso a vender cocaína en su casa y también aprendí a consumirla,
ya cuando eso tenìa 9 años y unos 4 meses.

En la banda empecé a oler zinner, conocí a un
maleante y empezamos a vender droga en la casa, antes de los 10 años
me llevaron preso por primera vez al Tribunal Tutelar de Menores.

Estuve un año ahí. Llegué a deprimirme
mucho y los psicólogos, así como otros funcionarios se empezaron
a preocupar y me dejaron andar por los pabellones, pero ese mismo día
me fugue y estuve durmiendo a la orilla de la playa.

La cocaína era una droga muy cara para mí entonces
lo que hacía era amarrar pescado podrido para agarrar Jaibas, me ganaba
un dólar y con eso compraba pan, mantequilla y un jugo de naranja, eso
sí, tenia que dejar para la pacha de zinner.

A esa edad tuve experiencias muy fuertes. Considero que las
personas nacen con un destino y el mío ya venía marcado. Me pasaron
cosas que quizás a otro ser humano no le hayan pasado.

Cuando tenía 13 años me volví a encontrar
el mismo travesti que me habìa llevado a Panamá y seguro le di
lástima, porque mi contextura estaba seca por tanta droga, ya que me
ofreció pagar el pasaje a David y luego hasta Paso Canoas.

Sin embargo, mientras viajaba de David a Paso Canoas, conocí
un español y un panameño, quienes según me dijeron iban
para Estados Unidos por tierra; me preguntaron que si conocía San José
y por mi interés de irme les dije que sí, pero empecé a
tener problemas.

El español quería devolverse a Panamá,
pero el panameño le decía que continuaran. Me mandaban a pedirle
pan a un sacerdote, porque ya no habìa dinero; sin embargo, no quería
sufrir más y por eso no me convenía seguir con ellos.

En eso me encontré un muchacho de Desamparados que mi
papá había tenido en la finca de San Vito y me puse a llorar contándole
lo que habìa vivido a tan corta edad.

El muchacho me dio un colón para que me fuera para Fátima
de Patarrrá, ahí contaba con una tía que tenía un
taller de costura y con una dirección un poco larga me fui. Al llegar
me recibió muy bien y me contó que mi padre maltrataba mucho a
mi madre y que tenìa tres hermanos más que no conocía.

Mi tía me compró ropa y zapatos, se portaron
demasiado bien, pero como mi adicciòn era muy fuerte; me puse de acuerdo
con un empleado y nos robábamos las prendas que hacían en el taller,
después nos pegábamos unas fiestas buenísimas los fines
de semana.

Pero un día intentaba meterme al taller porque me había
quedado por fuera y me vio la policía, me llevaron preso, estuve toda
la noche en la cárcel y al otro dìa me llevaron de nuevo a la
casa, pero por mi comportamiento, decidiò mejor enviarme para donde mi
familia.

Me dio 5.000 colones para los gastos del viaje, pero en San
José me pegué otra fiesta, aunque no se cómo, pero llegué
de todas formas a San Vito antes de cumplir los 14 años.

Para ese entonces mi familia tenía demasiados problemas,
la pobreza era extrema, porque las dos fincas estaban endeudadas y de 125 colmenas
de hacer miel, apenas habìa como 30. Mi mamá estaba dando a luz
a mi último hermano.

Me puse a trabajar muy duro de seis de la mañana a las
cinco de la tarde y me pagaban con comida; además, mi padre me pidió
que le ayudara en la finca los sábados y domingos, pero empecé
a tener demasiada presión y tuve pleitos con papá por defender
a mi madre, me retó al machete y decidimos venirnos para Pérez
Zeledón, para el precario de Tierra Prometida, donde la gente se metía
a coger tierra.

Estaba sumergido en las drogas, especialmente en el zinner
y el resistol. A los 16 años realicé un asalto y compré
media libra de marihuana, estuve 8 meses preso en la cárcel de Pérez
Zeledón y me iban a sentenciar.

El tener un hijo preso y a punto de ser sentenciado, unió
un poco a mis padres, me lograron sacar y nos fuimos de nuevo para San Vito,
pero ya el hogar estaba muy desintegrado; mi padre trató de violar a
mis hermanas mayores, mi mamá lo dejó y al cumplir la mayoría
de edad decidí irme para San José.

Estuve cosechando café en Naranjo de Alajuela y al terminar
me descontrolé otra vez, cuando me di cuenta estaba en la Zona Roja y
un día observé a un joven que corría con una cadena en
la mano, entonces me hice cadenero; además, conocí a una mujer
de la vida y me junté.

A los 19 años me sentenciaron a seis años de
prisión, por robo e intento de homicidio, eso fue lo que leyó
el juez. Mi compañera al ser una mujer de la vida, me hice chivo de ella
y le permitìa llevar hombres a la casa, pero después yo los asaltaba.

En prisión, a pesar de los problemas que había
enfrentado, les hacía creer que seguía siendo un muchacho de campo
y logré convencer a Adaptación Social de que era una persona buena
y sólo estuve preso un año y dos meses.

Ahí me dieron el primer centro de confianza en Guápiles,
Limón, pero me enviaron un miércoles, salía un viernes
y debía regresar el domingo, pero no volví.

Seis meses después caí preso y convencí
de nuevo a Adaptación Social, al año me dieron otro centro de
confianza, pero volví a fumar piedra y tuve muchos problemas, lo que
ocasionó que me retrocedieran y me enviaron a la cárcel de Heredia,
donde seguía problemático, entonces me llevaron para la Reforma
en Alajuela.

Ahí pasó algo insólito para mi a los 24
años. Los dedos de mis manos eran el puro hueso de estar fumando piedra
y sin embargo empecé a ir a los cultos, donde estuve alrededor de un
año. Me llamaban hipócrita y fariseo, pero había algo interno
por lo que estaba luchando.

Al cumplir los 24 años, un 29 de diciembre al amanecer
30, me bautizó un pastor y al otro dìa amanecí como nuevo,
porque lo malo no existía en mi, pero ese era un mundo pequeño
en el cual me costaba mantenerme.

A los seis meses, Adaptación Social decidió enviarme
a un centro de confianza a Guadalupe. Mi hermano llenó unas cartas de
recomendación y me sacó a trabajar con él en construcción
–yo soy maestro de obra y operador de máquina plana y overlot-,
pero sólo estuve bien portado unos quince días y se acrecentó
el deseo de tener relaciones sexuales, pero volví a escoger una mujer
mala y toda la inmundicia de la cual había sido limpiado por Dios, volvió
a mi y por eso, mi vida sigue siendo un martirio.

Por el consumo de zinner estuve loco quince dìas en
el Hospital Psiquiátrico, esa droga me hacía olvidar, me sacaba
de este mundo y veía espíritus de todas formas que me hablaban.
Mi compañera era muy buena conmigo y hacíamos planes para irnos
a trabajar a los Estados Unidos. Ella tenía 4 hijos, trabajaba en una
fábrica y yo como maestro de obras me desempeñaba bien.

Trabajaba como loco de 6am a 10pm y sumergido totalmente en
la droga, los sábados y domingos también trabajaba porque la obligación
de la casa era muy grande.

En ese entonces todavía debía descontar un año
de prisión y a los 29 años, aunque hundido por el zinner, me ganaba
90.000 colones por semana en construcción, pero como la adicción
era tan fuerte terminaba peleándome con todo el mundo y me echaban del
trabajo.

Entonces decidí irme a trabajar al Aeropuerto Juan Santamaría,
pero ese dìa me puse a oler zinner y la policía se ofreció
llevarme al Psiquiátrico, sin embargo, al subirme a la patrulla me sacaron
el expediente y pese a tener unos 7 años de portarme bien, todavía
debía descontar un año de prisión. Me enviaron a la cárcel
de San Sebastián.

Mi compañera tenía casi 8 años de convivir
conmigo y me visitaba, pero algo raro pasó y cuando me faltaban tres
meses para salir, me dijo que ella no podìa seguir junto a una persona
tan descontrolada como yo y se fue.

A ella sí le habían dado la visa y entonces se
fue, no volví a saber nada, ya tiene seis años de estar en el
norte.

Salgo de prisión y me fui a trabajar a Cariari con un
hermano quien tambièn es maestro de obras. Tomaba alcohol de 90 grados
y cuando me di cuenta estaba otra vez durmiendo en las aceras, descontrolado
y sin fuerzas ni siquiera para pegarle una carrera a nadie… ya no servía
ni para robar.

Mi madre tenía una soda frente a la parada de buses
de Aserrí en San José, ahí llegaban internos de Hogares
Crea, quienes me empezaron a hablar del programa, pero no quería saber
nada, no me interesaba.

Estuve seis meses sin consumir drogas, pero por mi debilidad
sexual, conocí a otra mujer y en enredé con ella, aunque volví
a desilusionarme porque también le gustaban las mujeres. Pasé
tres meses consumiendo sin parar, no tenía fuerzas y entonces decidí
ingresar a Hogares Crea, pero esta vez con una mentalidad de cambio.

Esta vez siento que el programa ha funcionado en mi, porque
me ha dado valor, dignidad y orgullo. Había llevado apenas 5 meses del
nivel uno, pero ahora tengo un año de estar nuevamente luchando y espero
superarme, porque quiero cambiar, casarme y abstenerme de consumir drogas, porque
siento que nunca he sido feliz…”


7 Octubre, 2004

Anúnciate Gratis