Chang invita a los jóvenes a ahondar en la tecnología

El Dr. Franklin Chang recorrió la Feria Tecnológica y se dio tiempo para dialogar con cada uno de los expositores.

Carlos Monge B.
prensa@perezzeledon.net

Hace ya varios años, por los días en que el primer ser humano caminó sobre la Luna, un grupo de estudiantes josefinos fabricó su propio cohete, consistente, básicamente, en una sección impulsora alimentada con pólvora y una cabina, en la que los muchachos pusieron un ratoncito.

Encendieron la pólvora, el cohete salió disparado, en el aire se separó el “depósito de combustible” y la cabina cayó como a cien metros; pero gracias a que los estudiantes la habían equipado con un pequeño paracaídas, el ratoncito escapó con vida. Así comienza la historia de Costa Rica en la aeronáutica del espacio.

Así de sencillo, en palabras de un maestro; así de claro en palabras de un artífice que ha ido convirtiendo sueños en realidades que han parecido, y siguen pareciendo, una ficción, desde los antiguos tiempos del Imperio Romano hasta nuestros días.

Lo del ratoncito no es cuento; es cierto. Uno de los muchachos era Franklin Chang Díaz, el astro físico que hoy domingo (18 de noviembre de 2012) convidaba  a los niños y los muchachos a interesarse e involucrarse en la tecnología, para que Costa Rica llegue a adquirir una importante participación en el gigantesco negocio del trabajo especial. El mundo invierte 280 mil millones de dólares en la tecnología del espacio y Chang quiere que Costa Rica reciba una parte.

De hecho, Chang es fundador, presidente y gerente general Ad Astra Rocket Company, una empresa que se dedica al desarrollo de un motor mucho más poderoso que los conocidos hasta hoy, con plantas en Houston, Texas, y Liberia, Costa Rica. En la empresa –informa Chang- hay 200 inversionistas costarricenses; la mayor parte de las acciones es de costarricenses.

Franklin Chang, acompañado por su esposa Peggy, visitó Pérez Zeledón para respaldar la Feria Tecnológica UMCA INNOVA 2012, organizada por la Universidad Metropolitana Castro Carazo y celebrada durante los días de ayer y hoy en el gimnasio del Colegio Técnico Profesional San Isidro, en Daniel Flores de Pérez Zeledón.

Llegó a tiempo, (los astronautas parecen darle importancia a las agujas del reloj) para iniciar un recorrido programado para las 10:30 de la mañana, por los puestos de exhibición de las 15 empresas tecnológicas establecidas en Pérez Zeledón que participaron en la Feria. Para cada una tuvo tiempo; para cada pregunta minuto; para cada comentario una sonrisa… y la gente –mujeres, hombres, adultos, jóvenes y niños- que se arremolinaban en torno suyo para tomarse una foto, para pedirle el autógrafo, para sentirse cerca… De alguna forma, hoy, Pérez Zeledón ya no es el mismo de ayer.

En los actos protocolarios, la compañía de las altas autoridades de la UMCA de San José y Pérez Zeledón, el Banco Popular y el Ministerio de Educación, y el agradecimiento imperecedero por su presencia en San Isidro.

Chang promueve su libro “Los primeros años”, pero no para que se lo compren, sino para que se lo lean; para motivar a la gente. Entregó copias de su libro a representantes de una importante cantidad de centros educativos de San Isidro y Daniel Flores.

Es un libro que llena de ilusiones, con las aventuras de su vida, desde que en el colegio participó en el experimento del cohete impulsado con pólvora, los esfuerzos previos a su incorporación a la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y sus siete viajes al espacio exterior, hasta los descubrimientos que se han logrado a través de instrumentos en lo que, para el común de la gente, es “sólo” el firmamento. Chang se alegra porque en el espacio no existen las fronteras ideológicas, y lamenta que en las ciudades (como Boston y Nueva York) vaya desapareciendo la clorofila, la sangre de la naturaleza.

Chang, a diferencia de personas que han alcanzado la gloria y la fama, no causa miedo; infunde cariño. Quizás es que, además de gloria y fama, se necesita un don para irradiar carisma. De otra manera, cómo se puede ser humilde y con un currículum así:

Recibió el premio por Alumno Extraordinario de la Universidad de Connecticut en 1980, 7 medallas por Vuelos Espaciales de la NASA ( 1986, 1989, 1992, 1994, 1996, 1998); dos medallas por Servicio Distinguido de la NASA (1995, 1997) y 3 medallas por Servicio Excepcional de la NASA (1988, 1990 Y 1993).

En 1986 recibió la Medalla de la Libertad (Liberty Medal) del presidente Ronald Reagan, en la celebración del Centenario de la Estatua de la Libertad, en Nueva York. En 1987 recibió la Medalla de Excelencia del Congresssional Hispanic Caucus y la Cruz de la Fuerza Aérea de Venezuela y el premio por Reconocimiento Aéreo de la Sociedad Aeronáutica Americana.

También recibió cuatro doctorados “honoris causa” (Doctor de Ciencia de la Universidad Nacional de Costa Rica; Doctor de Ciencia de la Universidad de Connecticut; Doctor en Leyes de Babson College y Doctor de Ciencia de la Universidad de Santiago de Chile.

En Costa Rica, es miembro honorario de la Facultad de Ingeniería de la UCR y el Gobierno le concede, en abril de 1995, el título de “Ciudadano Honorario”, el más alto que el país le confiere a un ciudadano extranjero, lo cual lo convierte en el primer honrado que, además, nació en Costa Rica.

Además, recibió el Premio de Propulsión Wyld del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica, en 2001, en reconocimiento por investigación en el motor VASIMIR, el mismo con el que Costa Rica se está comenzando a convertir en un país importante, en el proceso de conquista del espacio.
 


18 noviembre, 2012

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