Buenaventura Quesada: “Hice plata a puro pejibaye”

Imagen: Buenaventura Quesada: “Hice plata a puro pejibaye”

Vecino de Peñas Blancas de Pérez Zeledón

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

Don Buenaventura Quesada.

“Yo conocí San Isidro cuando tenía siete años. Vine porque un tío me trajo a ver las avionetas de dos alas que aterrizaban en el viejo aeropuerto”. Buenaventura Quesada Marín, mantiene esa imagen inalterable en su cabeza aun 76 años después.

El niño creció y salió de la casa casado a los 19 años. Se fue a vivir a una troja que le  prestaron y tuvo que arreglarla para convertirla en su nuevo hogar, donde procreó cuatro hijos. “Era un chiquillo, con una mano atrás y otra adelante”, contó.Más tarde daría inicio a una acuciosa faena: el negocio de los pejibayes. Recuerda como si fuera ayer cuando realizaba el recorrido a pie desde su natal Peñas Blancas hacia San Isidro con medio quintal de frutos a la espalda.

Dicha labor la emprendía todos los domingos, para ir a venderlos en racimos  al despunte del alba en la plaza de futbol, donde hoy es el parque central de nuestra ciudad cabecera.

“Arrollaba a las 3 a.m., me ponía la jaba, y a las  6 a.m. ya estaba en el parque, muy embarrialado, y alistaba la venta. Yo supe lo que fue hacer plata con las cosechas de pejibaye”, narró.

Buenaventura comentó que las ventas siempre eran un éxito, que cada tiro hacía 100 colones libres como mínimo, y como tenía buena ganancia, pasaba a la cantina a rasparse la garganta con tres copitas llenas de Cacique.

“Después de tomarme los traguitos me iba tranquilo a la casa, el problema era que llegaba hediondillo y mi mujer se enojaba y me decía… ¡cochino en eso andaba, tomando guaro!”, relató.

Este generaleño aseveró que cuando su tío lo traía a ver las avionetas de dos alas a San Isidro pasaban luego a visitar los comercios más emblemáticos del pueblo, cuyos dueños eran Celestino Mora, Rómulo Salas, Félix Barrantes, Antonio Bedoya, entre otros.

Don Buenaventura tiene 83 años de edad, está tranquilo y satisfecho por los lustros vividos. Dice que gracias a la buena voluntad de Dios sigue en este mundo. “Siempre trabajé como un animal y hoy veo la recompensa de mi esfuerzo”, concluyó.


11 noviembre, 2011

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