Bar abierto; ya no hay que acaparar licor

Bar Imperial, San Isidro de El General.

Carlos L Monge B
prensa@perezzeledon.net

El levantamiento de la “Ley Seca”,  aplicada por décadas los Jueves y Viernes Santos, delimita dos épocas bien definidas, en la historia de una comunidad como San Isidro de El General, y aunque se percibe que hay un alto porcentaje de la población que la sigue defendiendo, sus argumentos  son diferentes a los que originaron la tradición.

El Rancho Grande, para algunos de aquellos días, significado de un "copa llena" antes de subir a "la cazadora".

El Rancho Grande, para algunos, de aquellos días, asociado a un “copa llena” antes de subir a “la cazadora”.

La Municipalidad de Pérez Zeledón, en efecto, dispuso autorizar la venta (con el consecuente consumo de licor) durante los próximos días jueves y viernes -24 y 25 de marzo de 2016- con base en la Ley de Regulación y Comercialización de Bebidas con Contenido Alcohólico. Sólo 20 de las 81 municipalidades que existen en el país la prohibieron.

Termina la era en que agentes de la Fuerza Pública (y antes de la Guardia Civil, la Guardia de Asistencia Rural o el Resguardo Fiscal) pasaban en la noche del miércoles “sellando” las cantinas y las secciones de los almacenes y restaurantes donde se vendían licores.

La céntrica Cantina El Gallego, donde hoy está el restaurant La Puerta del Valle.

La céntrica Cantina El Gallego, donde hoy está el restaurant La Reina del Valle.

Lo que se procuraba era evitar los actos bochornosos de personas afectadas por el licor, durante los cuales se podían protagonizar pleitos y griteríos, muy mal vistos durante los días en que se debía guardar el más profundo recato.

Por aquellos días, además, al ebrio se le encarcelaba y se le condenaba a pagar una multa. Los alimentos de los Días Santos eran preparados con antelación, para evitar agitación y ruidos. En aquellos días de obligada reflexión, a los niños se les amedrentaba con que se iban a convertir en peces si se iban a bañar en una poza (por la algarabía “irrespetuosa” que ese deleite significaba), y en pájaros si se subían a los árboles. Las mujeres se protegían la cabeza con pañuelos en las actividades y los hombres no.

Hoy, la preocupación de un alto porcentaje de ciudadanos, y también de cuerpos policiales como la Policía de Tránsito, proviene de la presunción de que, con la apertura de los bares, va a aumentar el consumo de licor y, con ello, va a agarrar fuego  una suerte de epidemia de accidentes de tránsito graves y muchas veces de consecuencias irreparables.

Las estadísticas revelan que, en efecto,  accidentes de tránsito originados en el abuso con el licor, son un mal de extrema gravedad, que está sufriendo la  sociedad costarricense. Pero ¿se dejó de beber licor, durante los días de prohibición?

Era inconcebible que alguien pegara un grito en Semana Santa. Hoy preocupa la matanza en carretera.

Era inconcebible que alguien pegara un grito en Semana Santa. Hoy preocupa la matanza en carretera.

No. Las prohibiciones siempre han aumentado la “sed” en las personas propensas al alcoholismo y éstas siempre encontraron licor en ventas clandestinas, aunque tuvieran que pagar el sobreprecio. Y quienes podían  –porque disfrutaban una ventaja económica- acaparaban tanto licor como podían, antes de que la policía sellara.

La venta de licores ha venido teniendo variantes, a lo largo de los años. Con la aparición de licoreras, abiertas desde las diez de la mañana, y supermercados, abiertos desde las ocho de la mañana, las tradicionales cantinas (de mostrador alto, refugio para los cantineros, en caso de hostilidad) fueron perdiendo terreno.

El concepto de “chichera” se extinguió. Ya no hubo que esperar a que abrieran la cantina. Para el “engomado” y el dependiente del licor, se volvió más fácil y más barato comprar en la licorera y todavía más barato y más temprano en el supermercado.

Así también fue desapareciendo el concepto de pulpería/cantina con olor a sacos de frijol, sirope y aserrín,  que fueron cediendo espacio a negocios más amplios con mesitas “familiares” además del mostrador.

La última versión de la Cantina La Y Griega. Hoy, el lote es un parqueo.

La última versión de la Cantina La Y Griega. Hoy, el lote es un parqueo.

Por esos cambios en la legislación, y porque también fueron desapareciendo los edificios de madera que tantas veces permitían a los bebedores asomarse por una hendija  para ver a los transeúntes y esconderse a tiempo de algún conocido o familiar (antes de que le llegara la borrachera), hoy sólo van quedando, para el recuerdo, las fotos de algunas cantinas de alguna manera asociadas a aquellos viejos días de Semana Santa. Como la “Cantina La Y Griega” (en su última versión) el “Bar Imperial”, la “Cantina El Gallego” y “El Rancho Grande” de las ilustraciones.

Las leyes cambian conforme van variando conceptos y hoy, cuando la Semana Santa es más bien concebida como un período de vacaciones y una oportunidad para fomentar el turismo –aunque suene duro- lo de esperar es que haya el menor número de muertos, aunque los borrachos griten y los niños se conviertan en peces.

 

Créditos: Imágenes de Zárate, Froilán Mesén y el grupo Qué bonito ser de Pérez.


22 marzo, 2016

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