Aquellos 80 y 90 en San Isidro de El General

 Crónica de una gran época

Juan Diego Jara A.
prensa@perezzeledon.net

La fuente del viejo parque, ¿quién no se lanzó alguna vez un 14 de setiembre?

Si está abandonando la veintena o ya se plantea la vida con mayor claridad a los treinta y tantos, se sentirá identificado con este artículo. Sí, pienso que sí, pues en ocasiones resulta ameno recordar.

El placer de acordarse con avidez de aquellos años locos que quedaron atrás genera muchas veces sentimientos nostálgicos que atizan profusas emociones. No sé a ustedes, pero a mí me pasa, y por ello decidí tocar el tema que se me hace verosímilmente divertido, quizá porque no tengo que sudar teclas para elaborarlo, solamente me basta dejar que las ideas fluyan diáfanas y se fundan en prosa.

Ahora que el mundo gira acelerado, me parece a mí, y que la tecnología atiborra nuestros sentidos con cada aparato nuevo que sale al mercado y que al día siguiente ya está descontinuado, me nació la inquietud de recordar mi infancia, cuando no había Internet al alcance y tener un celular era cosa de pudientes.

En efecto, los años 80 fueron trascendentales en muchos aspectos. En ese decenio el mundo estuvo marcado por las asiduas tensiones de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos; el sida comenzaba a extenderse y se decía que era cosa de homosexuales, el rock en español tomaba auge en Latinoamérica con Soda Stereo, Hombres G y Miguel Mateos, mientras que Gabriel García Márquez publicaba El amor en los tiempos del cólera.

Fue precisamente en esa década cuando nací, en el hospital Escalante Pradilla de San Isidro de El General, en un valle bendito, al sur de Costa Rica, al igual que muchos de ustedes.

Estoy seguro que la mayoría de anécdotas que aquí serán narradas las vivieron en algún momento, y es que: ¿quién no se lanzó a la fuente del parque viejo un 14 de setiembre o después de un gane de contienda electoral del cole?

Sí, qué ameno endilgar acontecimientos de antaño, cuando son buenos. Por tal motivo voy a mencionar algunos que guardo en el baúl de mis recuerdos.

Paseos a la Finca Municipal. Estos paseos en familia o con la escuela eran una tradición en aquellos tiempos. Me acuerdo de la lóbrega casa situada en la parte alta donde tenían serpientes en frascos y los vampiros colgaban en el techo. También se me viene a la mente el riachuelo con la enorme llanta, el cajón de una vagoneta, los senderos y los quioscos para saborear el refrigerio.

Cine Fallas. Sí, el Cine Fallas, en el actual centro comercial de nombre homónimo, donde dieron películas como La Segua, Eulalia,  Peter Pan, Tom y Jerry. Tiempo después el cine cerró y en su lugar abrió sus puertas la  heladería Mompick, incluso retengo en el paladar los conos de chicle y leche condensada. Esa heladería fue el boom del momento en San Isidro de El General y tenía un área de juego muy peculiar.

No puedo dejar de lado algunos comercios emblemáticos que, aunque algunos ya fueron, otros se mantienen. Por ejemplo, Pollos Jennifer, que para mi concepto siguen haciendo el mejor pollo frito de San Isidro, también el extinto Pollos sus Amigos. No puedo excluir los frescos de crema de la Soda Chirripó, ¡ah!, La Suyapa, aún mantengo la imagen del cuadro de los pingüinos mientras disfrutaba la ensalada de frutas acompañada del vaso de agua.

Y ni qué decir de la Sodita Sonia,  donde antes estaba la parada de la urbana, los cafés del restaurante El Jardín, el restaurante del hotel Chirripó solo para gringos -bueno todavía lo es- los hot dog de Delicias Kuki, la sala de patines donde ahora está el Gollo frente al parque y cuando la pizzería El Tenedor era lo más fino que había para ir a comer después de las graduaciones.

Me acuerdo del padre Hugo, hoy arzobispo de San José, y su concurrida misa de seis en la catedral, y de de las ceremonias de media hora del padre Coto.  La fresadilla que entraba por el lado derecho del templo, cerca de la entrada al Santísimo… y aunque hubiera bancas con espacio era casi requisito quedarse de pie.

Era común toparse en las calles de San Isidro a personajes como Mufla, Tracopa, Bavaria, Cha-Cha, y Alexis “el loco”, de quienes solo Alexis y Tracopa viven.

Los paseos al poli. El polideportivo era punto de encuentro familiar, lamentablemente ahora no tanto. En mi infancia era común visitarlo, sobre todo zambullirse en las piscinas cuando la entrada costaba 75 colones.

Sin lugar a dudas los 80 fueron una época dorada, que cala en cada persona que formó parte de ella tanto en la niñez como en la adolescencia.

Viejo parque central. Al ser demolido el viejo parque, las historias que albergó por años se fueron al olvido. La sombra que daban los árboles, los poyos deteriorados, la fuente, la esquina de los fresas, los apretes, los discretos marihuanos, todo, se lo llevó el estropicio. De esta manera, el viejo parque central será insignia de nuestra identidad ochentera.

La esquina de los fresas.  Según me han contado en este punto de encuentro convergían diversos grupos de la plasticada de la época; los telerines en la afamada esquina del parque, los del Unesco por donde ahora está El Verdugo, (antes Tu Pie), los universitarios que estudiaban en la capital y se ubicaban frente a la soda Nevada y los más carajillos contiguo a Delicias Kuki. Definitivamente la esquina de los fresas fue muy representativa y se quedó en los 80 y 90.

Series de TV. Cómo olvidar aquellas series que se hicieron para ser perpetuas: el Lobo del Aire, el Auto Fantástico, Los Magníficos, la Isla de la Fantasía, Alf, MacGyver, Miami Vice, Dinastía, los Años Maravillosos, 90210 Beverly Hills, Baywatch, entre otras.
Programas nacionales como Recreo Grande y Fantástico; ¿se acuerdan de Mongo Mongo?

También las fábulas: He-Man, Inspector Gadget, Transformers, Halcones Galácticos, Thundercats, La Abeja Maya, Osos Gummy, José Miel, Voltron, Ángel, Súper Campeones, todas las de Hanna Barbera (Picapiedra, Supersónicos, Don Gato, Oso Yogui), los patos Lucas y Donald, las Tortugas Ninja, hay más, pero esas realmente fueron las que más me calaron.

Como dato curioso, en los dorados ochentas en San Isidro solo entraba Canal 7 por lo que para disfrutar del Chavo del 8 y el Chapulín Colorado había que cruzar el cerro, pues la señal de Canal 6 llegaba hasta Cartago.

Cambios. Es un hecho que San Isidro de El General ha cambiado, ha dejado de ser un pueblito para convertirse en una desarrollada ciudad, aunque a muchos no les guste. Ese crecimiento ha traído consigo flagelos como la delincuencia. Por tal motivo hoy ya no se puede caminar de noche con la tranquilidad que se hacía antes. Como muchos que se venían a trole de Palmares a San Isidro bajo la luz de la luna sin ningún temor de ser asaltados, pero bueno, eran otros tiempos.

El asomo de la tecnología en los 90.  Mientras que hoy los retoños le piden a papi un  Wii, un Play Station 3 o un Xbox 360, en mi infancia quien tenía un Atari era el más afortunado del barrio. Era verdadera magia ochentera, a la que accedían muy pocos. Después vino el Nintendo Americano con Mario Bross, el Súper Nintento, el Sega, entre otros.

Los carros de control remoto eran una novedad digna de la época, sin dejar de lado los Tonka que se podían inclusive heredar a un hermano o familiar, no como ahora.

Otra de las invenciones que arribaron en la década del 90 a nuestro pueblo, fueron el Betamax y el VHS, recuerdo que con estos aparatos vino el declive  de los cines, ya que la gente prefería ver las películas y comerse las palomitas en la casa. En ese tiempo apenas  se asomaban los televisores a control remoto… y el cable ¿qué era el cable?

Hay tantas costumbres que quedaron atrás que da cabanga recordarlas, como el simple hecho de llamar a la novia desde un teléfono público, subirse a los palos de mango, mandarinas o manzanas de agua con los compas, saltar en los charcos en invierno con el uniforme de escuela, tirarse sentado en una pendiente barrosa, comer Jajá, Doraditas de Jacks, confites Guarito, las botonetas del  Comelón de Harricks y las vitaminas de los Picapiedra, tomar Sustagen y Milo, masticar chicles de a colón y los Bazoka con historietas.

En efecto los noventa nos marcaron, sobre todo porque en esa época nos encontrábamos en la adolescencia y sé que muchos llenaron las paredes de sus cuartos de posters de Aeromith, Iron Maiden, Megadeth y  Guns Roses… Michael Jordan o Scottie Pippen…

Era en ese tiempo cuando se iba a la Expo y no se cobraba entrada en los toldos (ojo: toldos, literalmente, no megabares) del parqueo de la Hotelera, Discomóvil Calor amenizaba y sonaba Proyecto Uno, El General, Los Ilegales; en mi caso nada mejor que Hombres G, Soda Stereo, Duncan Dhu, Miguel Mateos y los Prisioneros. 

Recuerdo cuando más de un valiente se subía al toro mecánico –que estaba justo a la par de la discomóvil-, y  los salones como la “olla de carne” se atiborraban principalmente de ragas.

Era además el tiempo de las salidas al Prado y los zarpes en la antigua Shell.  

En cuanto a vestimenta, la moda en los noventa eran las tenis Rebook Pump, Cobra o Bronco ( las dos últimas para los más ‘limpios’), los pantalones de mezclilla Pepe, los pantas anchos Wave, los bultos Berok y Jansport… en fin, las marcas Quick Silver, Rusty, No Fear, Rip Curl, entre otras.

En ese fin de milenio, andar la billetera con cadena, era el último grito de la moda, así como ponerse una camiseta blanca debajo de la del colegio, bañarse en perfume Best, Lomani y Taxi provenientes de la frontera, o lo más fino Jovan Musk.

Poco antes de que llegara el 2000 tener computadora era un lujo, la Internet estaba por llegar a San Isidro y los celulares, aunque sin línea, se empezaban a divisar en la pretina del pantalón de algunos bombetas.

Sí, esos años locos quedaron atrás, no me cabe duda, aquellos 80 y 90 fueron maravillosos.

Algunos generaleños nos compartieron sus vivencias:

Yahaira Sánchez: “Esos años fueron bellísimos. A mí me encantaba jugar jacks, cromos, quedó, rayuela, elástico. Coleccionar álbumes para postales, ir a las pozas. Cuando estuve en el cole me iba para El Prado o al parque los domingos. Fueron momentos que nunca olvidaré”.

 

 

 

Javier Esquivel: “El Día del Niño en la escuela nos llevaban a la Finca Municipal. Ya cuando era adolescente me acuerdo de las tertuliadas en el parque, principalmente los domingos después de misa de seis y las loqueras que se armaban los 14 de setiembre con las jugadas de bola. Tuve un Video Game con 42 juegos incorporados, tenis Jordan y la moda era ponerse camisa manga larga con una camiseta blanca por dentro. En síntesis, San Isidro era muy seguro en aquellos tiempos”.

 

 

 

Christian Ceciliano, alias ‘Polla’: “La gente antes andaba mucho a pie, se coordinaban muy bien las salidas porque no había celular. Era una costumbre propia de la época ir a los ríos. Me acuerdo de la poza del Puente Rojo por el Liceo Unesco. En las elecciones del colegio era clásico mandarse a la fuente del parque. Antes los menores de edad podían entrar a los bares ya que la ley era más permisiva.

 

 

Giancarlo González: “Cuando era carajillo me gustaba jugar escondido, bolinchas, visitar pozas, inclusive pescar.  Me gustaba ir al salón de patines donde ahora está Gollo. Los tiempos han cambiado mucho; ahora hay demasiado materialismo, hay menos unión, menos relación con los vecinos, hasta hay que tener cuidado porque prolifera el vandalismo”.


20 mayo, 2011

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